Hombres y mujeres riéndose de la “chichipausia”

El pĂşblico se puso en pie ante un gran elenco de actrices

Sofocos ha elegido la ciudad de Ávila para su estreno, y dicen las malas lenguas que somos un público difícil porque “somos fríos y muy serios”, algo que las actrices de la obra no pudieron apreciar ayer, ya que no hubo momento en toda la representación en el que alguien no parará de reírse en su asiento (lo confieso, era la de la fila…con una risa escandolosa, que no paró ni un solo momento).

Y lo mejor de todo al final de la obra el público al completo se puso en pie, para aplaudir a los diferentes personajes que pasaron por el Lienzo Norte para reírse de la menopausia, “algo que no diferencia a ningún tipo de mujer: rica o pobre, alta o baja,..” como nos contaba, de forma virtual, Mª Teresa Campos.

Y es que, ¿qué mujer no se ha sentido incomoda en la visita al ginecólogo?, pues contado por Paz Padilla, con su gracia, sus movimientos, es cuerpo “desgarbado” no tiene parangón. Seguro que en la mente de las mujeres que estuvieron allí (y las que irán hoy, que también hay función), la próxima vez que vayan al especialista se acordarán de Padilla.

Otra que bordó sus papeles (monja, Juana la Loca, Ovario izquierdo) fue Lolita, y eso que el día anterior nos confesó que tenía medio porque no era cómica. Si Santa Teresa viera su modelo de Agatha Ruiz de la Prada lo hubiera implantado en el Carmelo, seguro. Canto, bailo, recito versos en castellano antiguo, y hasta nos enseùó sus vergßenzas (bueno creo que no las tiene).

Fabiola Toledo hizo varios papeles de “mujer perfecta” a la que no le afecta…pues no lo consiguió porque al final, al igual que al resto de sus compañeras cincuentonas le toco “sufrir” la menopausia. Por su parte, Ana Hurtado bordó el papel de mujer que se exige ser la madre, hija o mujer perfecta porque es lo que tiene que hacer, y al final revienta.

El recorrido por un sinfín de personajes terminó en tren, con un viaje a Ávila (en varios momentos de la representación se hicieron guiùos a la ciudad, algo que mete mås al público en la representación). Una monja, una profesional liberal, una separada fracasada y una lesbiana que en principio no tenían nada en común acabaron compartiendo un gran secreto y una gran amistad.

Los decorados y el vestuario, obra de Agatha Ruiz de la Prada, completaban cada una de las historias, poniĂŠndole color a algo que siempre ha sido un tabĂş del que no se podĂ­a hablar. El colorido y los corazones le dan otro toque de humor ĂĄcido a la obra.

Y que conste que esto de la menopausia, rebautizada por Mª Teresa Campos como “chichipausia”, no es sólo cosa de mujeres a los hombres…también les pasa. Les diremos a los guionistas que se pongan manos a la obra, que si el éxito es el mismo que con esta obra, tienen el lleno asegurado.

No cuento mĂĄs cosas, para que los que hoy vaya a la funciĂłn de las 20,30 disfruten lo mismo que las mil personas que llenaban como hacĂ­a tiempo que no veĂ­a todas las butacas del Lienzo Norte.