Hallado el retrato más antiguo conocido de un abulense

El delegado de la Junta de Castilla y León en Ávila, Francisco José Sánchez, ha presentado este miércoles el hallazgo del retrato más antiguo conocido de un abulense. Se trata de una pequeña escultura de terracota que representa a un hombre de entre 65 y 75 años que fue hallada por un pastor, Julián Rodríguez, en las inmediaciones de uno de los yacimientos arqueológicos romanos de Bercial de Zapardiel y que ha sido datada en el siglo I

El primer retrato conocido de un abulense es una pequeña escultura en bulto redondo de barro (116 x 82 x 92 mm y 628 gr) que representa a un hombre de entre 65 y 75 años. Está modelada en arcilla y bien cocida (terracota). Es una pieza completa realizada a partir de un original, previsiblemente de cera, obtenido mediante una máscara aplicada al propio cadáver. Según ha indicado el arqueólogo Francisco Fabián, esta máscara no sirvió directamente para realizar la escultura, sino que a partir de ella (y se supone que a mano alzada) un artista reprodujo en arcilla el calco original a un tamaño más pequeño.

 

La escultura se encuentra hueca y se comunica con el exterior por un pequeño canal, lo que se interpreta como un gesto técnico destinado a garantizar la integridad de la pieza durante la cocción, que sin ello tendría muchas posibilidades de estallar.

 

El carácter general de la pieza la convierte en el primer retrato de un abulense conocido hasta la fecha y también de un castellano y leonés si le atribuimos una cronología del siglo I o principios del II, sustituyendo a los hallados en la localidad palentina de Becerril de Campos, de finales del siglo II.

 

Algunos detalles de la escultura hacen entrever aspectos que pudieron afectar a la vida y quizá a la muerte del sujeto representado. Cierta torcedura en la nariz, así como la hinchazón única de un párpado podrían indicar un traumatismo inmediato a la muerte, un golpe que pudo ser intencionado o accidental.

 

Desde el momento del hallazgo se ha estado investigando sobre la pieza para poder esclarecer su cronología, sus paralelos, la tecnología utilizada, su cometido social y todas aquellas circunstancias que permitan completar los datos que una pieza de estas características tiene.

 

Han colaborado en ello los radiólogos del Hospital Nuestra Señora de Sonsoles de Ávila Gabriel Fernández y Miguel Ángel Corral, a través de la mediación del Gerente del Área de Salud de Ávila, Antonio Montore; la forense Esther Sánchez Hernández, el profesor Ignacio Barbero de la Escuela de Conservación y Restauración de Ávila y el arqueólogo Emilio Illarregui.

 

Julián Rodríguez, pastor de Bercial de Zapardiel, halló la pieza de forma casual y la entregó al Servicio Territorial de Cultura en Ávila renunciando a cualquier indemnización de las que, en su caso, pudieran proceder de acuerdo con la Ley. El delegado de la Junta le ha expresado su agradecimiento "ante un gesto responsable con la sociedad y con el Patrimonio Histórico". No se trata de una pieza única en el contexto general de la escultura funeraria romana, pero no es conocido ningún caso similar en Castilla y León hasta el momento.

 

Funcionalidad de la escultura

Este tipo de esculturas aparecen en Roma en los siglos anteriores al cambio de Era, y se popularizan en el imperio a partir del siglo I (época de la dinastía Flavia). Tienen un sentido funerario y conmemorativo. Por una parte quieren ser testimoniales con la figura de un pater familia al que la familia le concede un valor simbólico importante. La figura modelada, fuera en cera, mármol o como en este caso en arcilla, se colocaba en los llamados lararios, que eran como pequeñas capillas domésticas en las que estaban las representaciones de los dioses que protegían a los habitantes de la casa. Otras veces estas esculturas se incluían en las tumbas de incineración de los siglos I-II y en otras ocasiones, con motivo de actos funerarios, eran paseadas por los sucesores del difunto engalanadas.

 

Se trata pues de una escultura ligada a familias patricias, en este caso de terratenientes locales, dueños de grandes propiedades rurales que son los que se podían costear los servicios de un artista.