Gotarrendura y Ávila se disputan la cuna de Teresa

Por: Mari Luz González Canales

Escritora y filóloga

Hasta mediados del siglo XX no se había suscitado una polémica dinámica sobre el lugar de nacimiento de Teresa. La biografía crítica del padre Efrén de la Madre de Dios (1951), basada en una profunda investigación de todos los documentos existentes así como un estudio del contexto de uso y servicio de las propiedades familiares de los Cepeda y Ahumada en el entorno de Ávila, le llevan a concluir que “El lugar feliz de su nacimiento hubo de ser, según parece, la riente aldea de Gotarrendura”.

 

Una revolucionaria afirmación que le valió serios reproches por parte de sus compañeros, con especial ahínco en el caso del padre Ferreol Hernández, quien en 1952 desmintió de forma tergiversada cada uno de sus argumentos. El descubrimiento de los orígenes judeo-conversos de la familia Cepeda por parte de D. Narciso Alonso Cortés (1946) agudizó el recelo de los carmelitas, por lo que el padre biógrafo (Efrén) hubo de rebajar la tensión creada por su hipótesis: “Nuestra conclusión no se pronuncia definitivamente por Gotarrendura… Solo decimos y volvemos a decir que el hecho del nacimiento de la Santa en el lugar preciso de su casa de Ávila, no está suficientemente demostrado, y da lugar a la hipótesis, de que hubiera nacido en otro lugar, entre los cuales lugares posibles nos inclinamos nosotros por Gotarrendura” (“Una simple defensa”, en Santa Teresa de Jesús, 1954).

 

Aún a día de hoy, cuando se celebra el V Centenario Teresiano, la teoría del padre Efrén resulta un escollo molesto para la Orden Descalza, como lo demuestra la exclusión premeditada de cualquier protagonismo de Gotarrendura por parte de los organizadores del evento. Incluso el padre De Pablo Maroto, firme defensor del nacimiento abulense de Teresa, reconoce que las pruebas de la hipótesis del padre Efrén se basan en documentos históricos ya conocidos por los carmelitas que nunca se quisieron utilizar “para desmontar una tradición histórica sostenida pacíficamente durante casi cuatro siglos”. Y así convierte la historia a Teresa de Jesús en abulense capitalina, venerando el supuesto feliz aposento de su nacimiento en el solar de la casa familiar adquirido por los carmelitas.

 

El punto de partida de esta hipótesis abulense es la abundancia abrumadora de testimonios aportados en los Procesos de beatificación y canonización de la Madre celebrados en varias ciudades españolas. Bajo juramento de interrogatorio oficial, los testigos declararon de modo casi unánime y rutinario que la Santa era nacida y natural de Ávila, si bien hubo excepciones que la situaron en el entorno abulense.

 

Por otra parte, la famosa hoja autógrafa del padre de Teresa, D. Alonso, en la que se apuntaba la fecha y hora del natalicio de sus hijos, no nos aclara el debate respecto al lugar de nacimiento de Teresa: “   en miércoles, veinte e ocho días del mes de marzo de Quinientos e Quince años nasció Teresa, mi fija, a las cinco horas de la mañana,…”). Pero este apunte ya desaparecido, del cual se tiene noticia que acabó en manos del padre Gracián, añade un dato más por aportado por éste en el Pleito de 1587: “ y decía (el papel) donde fue bautizada en la dicha ciudad de Ávila…”. De aquí deducen varios autores la identidad de la fecha y lugar de nacimiento y bautismo de la Madre, algo desacostumbrado por aquel entonces, cuando se solía bautizar al octavo día del nacimiento. No será hasta 1622, con motivo de la canonización de la Madre Teresa, cuando aparezca por primera vez la fecha del 4 de abril en una inscripción de su pila bautismal en la iglesia abulense de San Juan.

 

Perdidos los libros parroquiales de San Juan y desaparecidas bajo la sospecha de mutilación las 34 primeras hojas del Libro 1º de bautizos de Gotarrendura coincidentes con la fecha del de Teresa, así como del “libro pequeño” al que aquel remite, es obvio que nos falta la prueba clave para un ultimátum respecto a la cuna de la Madre. Serán sus primeros biógrafos, que la trataron de cerca, quienes apuesten por Ávila. En 1590 el Padre Ribera afirma que nació “en las casas de sus padres, que están enfrente de Santo Domingo, junto á Santa Escolástica, y ahora las ha comprado D. Diego de Bracamonte, y metido en su mayorazgo, las cuales yo he visto, y la pieza donde nació, y otras junto a ella, donde durmió más de quince años. Y si el dueño de estas casas las estima en lo que ellas merecen, en estas dos piezas había de hacer un oratorio, donde se conservara memoria de este hecho;…”

 

Los defensores de su nacimiento en Ávila se aferran a esta afirmación como a un clavo ardiendo. El pueblo ya veneraba estas casas como reliquia de santidad aún antes de que el 21 de Julio de 1621 se concediera licencia a los monjes de San José para comprarlas. Pasando por alto el largo pleito que ocasionó la recuperación de la auténtica vivienda familiar, confundida con la de un tío de Teresa, finalmente, en 1636 los carmelitas inaugurarán con solemnidad la iglesia y el convento descalzo sobre su solar, quedando convencidos de haber levantado el actual oratorio sobre el aposento de la Santa señalado por el padre Ribera. Pero el ansia de los carmelitas abulenses por acaparar la biografía de la Madre en las fechas próximas a su canonización superaba la realidad de los hechos. Toda vez que ya en su momento la ciudad amurallada había perdido el pleito del traslado del cadáver de Teresa de Jesús desde Alba de Tormes, procuró a toda costa conseguir la mayor gloria de alzarse con el protagonismo de su nacimiento.

 

El protagonismo de Gotarrendura como la posible cuna de Teresa de Jesús.

 

Gran parte de la argumentación del padre Efrén se basa en que la familia de santa Teresa solía pasar la temporada de invierno en Gotarrendura, y en que existe un testigo ocular de que todos los hijos del matrimonio nacieron en este pueblo. En el Pleito testamentario de don Alonso, el padre de Teresa, el rentero Juan Jiménez declara en 1544 que “este testigo vio nascer dos (hijos) de ellos por vista de ojos, y estando este testigo con los sobredichos, nascieron todos los demás”, de donde el padre Efrén conjetura que sólo pudo haberlos visto nacer “donde él estaba, que era la casa de Gotarrendura”.

 

Ambas premisas son cuestionadas por el padre Ferreol en base a que existen documentos que demuestran la presencia habitual de D. Alonso en Ávila durante los inviernos y también porque considera que aquel aldeano de máxima confianza familiar bien podría haberse desplazado a Ávila con ocasión de los partos, ya que no menciona el lugar donde los presenció. Pero su extensa argumentación sobre estos dos puntos resulta poco convincente.

 

En contraste con las declaraciones de Juan Jiménez, resultan sorprendentes las de Pedro Cepeda, quien afirma contundente que su hermana Teresa “es natural de esta ciudad (Ávila) e criada en ella, hija de padres vecinos e naturales de ella” y que todos los hermanos de este matrimonio nacieron en esta ciudad “de un padre y una madre y en una misma casa…”. Pero su tono apologético responde al contexto del interrogatorio que tuvo lugar con motivo del Proceso “en justificación del mejor derecho a la posesión del cuerpo de la Madre Teresa” (1586-1588), cuyo propósito final era rescatar sus reliquias para el convento abulense de San José desde su sepultura en Alba de Tormes. Cabe cuestionarse, por tanto, una respuesta similar en cuantos familiares y allegados coincidieron con Pedro; ya que, como afirma el padre Efrén, se trata de una reivindicación “traicionada con ciertos datos inexactos de la misma” , por lo que su testimonio no es tan crucial como pudiera parecer. Para empezar, se sabe con certeza que algunos de los hermanos de Teresa nacieron en Gotarrendura y no en Ávila.

 

Ya entre sus propios coetáneos existía la duda sobre el lugar de nacimiento de Teresa, como demuestran algunos declarantes en las Informaciones previas a los Procesos de beatificación y canonización de la Madre iniciados en una veintena de ciudades españolas entre 1591 y 1610, si bien tres de ellos se celebraron en Ávila. Frente a la abrumadora mayoría de testigos próximos o conocidos de la Madre que coinciden en afirmar que ésta era “natural de Ávila”, o “natural de la ciudad de Ávila, hija de padres vecinos y naturales de ella”, nos encontramos con algunas excepciones elocuentes: Isabel de Santo Domingo, una monja que vivió en el convento abulense de San José, declara “que sabe que se crió en dicha ciudad de Ávila, pero no sabe dónde nació, ni jamás ha tenido curiosidad de saberlo” (Proceso de Zaragoza, 1595); Jerónima de la Encarnación matizará su condición de natural de Ávila o “…o de un lugar de allí cerca” (Proceso de Toledo, 1595, si bien rectificaría en un proceso posterior) y a sor María de Jesús le sonaba que era “natural de Ávila o de tierra della, por haberlo ansí oído decir”. Pero, como bien señala el padre Llamas, quien mejor aclara esta situación es Fr. Diego Granero, que en su declaración dice que la conoció e trató “en la ciudad de Ávila,… y sabe que tenía deudos en Ávila, aunque no se acuerda este testigo si ella era natural de allí”. El padre dominico distingue entre ser natural de Ávila, por haber vivido en la ciudad, y el lugar de nacimiento.

 

Porque aquí está el quid de la cuestión: El significado de la expresión “ser natural de Ávila” en aquella época y contexto era tan amplio que-según el padre Efrén- englobaba la crianza, bautizo y domicilio por más de diez años en un lugar, y en absoluto equivalía a “haber nacido” en un lugar. De ahí que muchos de estos informantes, sabiendo de su residencia habitual en Ávila y desconociendo la intimidad familiar de Teresa, la considerasen “natural” de allí, al igual que a sus padres, pese a no haber nacido ninguno de los dos en ella. Y lo mismo sucedía con los vecinos de Gotarrendura, considerados naturales de Ávila, porque entre los siglos XV al XVII se la consideraba aldea abulense, “ya que este término se extendía por aquel entonces a los aledaños que distaban más de diez leguas de camino”, de tal modo que en el Libro de Bautizos de Gotarrendura que abarca de 1610 a 1618 aún se llamaba este lugar de la “jurisdicción eclesiástica y civil de la cibdad de Ávila”.

 

Aún con todo, critica Ferreol al padre Efrén que sólo tenga en cuenta los escasos testimonios favorables a su argumentación en todos los procesos, cuando estos no mencionan Gotarrendura limitándose a decir que no saben dónde nació Teresa, frente a millares de declaraciones de personas solventes y allegadas a la Madre que abogan por Ávila como su lugar de nacimiento. Pero basta con recordar la falsedad que abundó en las declaraciones juradas para conseguir elevarla a los altares en base a su condición de nacida en Ávila, para no dar credibilidad a testimonios provenientes aún de personas tan autorizadas como el padre Gracián o el arcediano abulense don Pedro Tablares, quien llegó a afirmar haber visto “el aposento en que nació” la Madre en su casa abulense.

 

Unas palabras que parecen contradecir las de Juan Jiménez. Este aldeano era la mano derecha de D. Alonso en Gotarrendura, y sus declaraciones tienen un valor testimonial de suma fiabilidad para el padre Efrén, ya que están exentas de prejuicio jurídico en el proceso y aluden a su presencia física en el parto. Un hecho que supera con creces los tendenciosos argumentos sumariales utilizados por los defensores de su cuna en el destartalado caserón de Ávila, olvidándose de la magnífica casa-palacio que poseía la abuela materna en Gotarrendura. La fuerte vinculación familiar de los padres de Teresa con este pueblo, propiedad de Dª Teresa de las Cuevas, así como las declaraciones del octogenario vecino del mismo, Juan Bueno, quien en octubre de 1544 afirma en el pleito testamentario de Don Alonso que todos los hijos de doña Beatriz (la madre de Teresa), salvo Juana “ han estado e se han criado en el dicho lugar de Gotarrendura”, permiten al padre Efrén reafirmarse en que “la hipótesis del nacimiento en esta aldea merece todos los respetos de un historiador imparcial”.

 

De este modo, se desquita del dictamen de Dª Mercedes Gaibrois, miembro de la Real Academia de la Historia que en junio de 1955 se vio obligada a concluir que “Santa Teresa de Jesús nació en Ávila” en base a “la firme tradición histórica”. Éste fue el único argumento esgrimido por dicha Institución a solicitud del Ayuntamiento abulense para desmontar la teoría del padre Efrén. El padre carmelita reconoce que su hipótesis de Gotarrendura al menos “analiza el contenido original de los testigos”, por lo que no acata su desautorización por un informe tan falto de pruebas concluyentes. Y no parece haber sido el único en hacerlo, puesto que el dato del nacimiento de Teresa en Gotarrendura ha venido siendo recogido en la historia reciente por los Manuales del plan de estudios de Bachillerato del año 1955; por la enciclopedia Larousse; por concursos televisivos como El tiempo es oro; por numerosos artículos en la red que van desde la enciclopedia libre Wikipedia hasta la web de la Escuela Teresiana o la sección de historia del National Geographic España que con motivo de la Efeméride de su Nacimiento el pasado 28 de marzo escribió lo siguiente: “ Teresa nació en la provincia de Ávila, según parece en Gotarrendura, un pueblo que hoy se aproxima a los 200 habitantes, donde su familia tenía una hacienda y precisamente donde su madre se casó y murió en 1528” . Una duda sobre la cuna de la reformadora carmelita que reitera la web de Acción Cultural Española, y a la que, sin duda, ha dado lugar la esmerada biografía del galardonado Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014 Josep Pérez (Teresa de Ávila y la España de su tiempo).

 

 

Por: Mari Luz González Canales

Escritora y filóloga