García Sierra cambia la gestión implacable por dos 'pifias' de campeonato

El vicepresidente Carlos García Sierra (Foto: F. R.)

El vicepresidente de la Diputación, que tardó siete años en darse cuenta de las irregularidades en los contratos de obras en su propia área, ve como los focos le apuntan de nuevo porque no gestionó el cobro del canon de Vega Terrón. Dos 'tropiezos' importantes que empañan su discurso de gestión impecable.

Las últimas semanas han sido, sin duda, un tiempo para olvidar para el que pasaba por ser uno de los gestores más rigurosos e implacables de las instituciones locales. En ese tiempo ha visto como su nombre aparecía vinculado a dos noticias que indican justo lo contrario, descontrol y, en un caso, hasta posible corrupción. Se trata de Carlos García Sierra, vicepresidente de la Diputación de Salamanca, hombre fuerte de Javier Iglesias, integrante del núcleo más duro del equipo de Gobierno en La Salina, insustituible en el PP salmantino (es el tesorero) y protagonista indiscutible (junto al presidente) a la hora de dar cuenta de los logros en materia económica.

 

Es habitual que García Sierra aplaque los ardores guerreros de la oposición con los apabullantes resultados económicos de la Diputación de Salamanca. Una tarea en la que también suele contar con el apoyo del otro 'azote' del PSOE en La Salina, la diputada de Economía y Hacienda, Chabela de la Torre. No hay comisión o pleno donde no le 'rebocen' a la oposición lo bien que lo hacen, el rigor con el que gastan, los muchos recursos que se generan... y, si se tercia, lo malísimamente mal que dejaron los socialistas el país. Sin embargo, en las últimas semanas lo ha tenido más difícil para presumir de gestión.

 

El que pasaba por mago de los números y los contratos, firme timonel de la más intachable gestión pública en La Salina, ha visto como le crecían los enanos en pocas semanas. Primero, con la 'trama Diputación', el escándalo de contrataciones irregulares en el que tuvo que salir a reconocer que, ante sus narices, se habían estado adjudicando obras de la Diputación en un dudoso régimen de competencia. Vamos, que se las llevaban siempre las mismas empresas. El autor de la presunta fechoría, señalado por la propia institución, era el propio director de Fomento, el área de García Sierra, que había apañado decenas de contratos por 12 millones de euros desde 2007... mientras el vicepresidente, diputado de Fomento todo ese tiempo, tardaba siete años en darse cuenta y abrir una investigación. El caso le ha valido una 'condena' de silencio (no ha vuelto a decir nada del tema) y la algarabía de la oposición, que le ha 'mojado la oreja' en su terreno.

 

Para colmo, y con el caso de los contratos ya en los tribunales, la providencia se ha vuelto a poner en su contra y García Sierra ha sumado con el impago del canon de Vega Terrón un nuevo 'tropiezo' a su gestión reciente. Son 18 años los que la empresa que se llevó el concurso para gestionar el muelle lleva sin pagar el canon preceptivo. Mal está no cumplir los contratos, pero es aún peor que quienes deben hacerlos cumplir desatiendan su obligación de reclamar lo que es del erario público. Vamos, que nadie paga conforme las multas... pero si se te olvida ninguna administración espera 18 años a reclamarla.

 

Por sorprendente que parezca, a nadie en la Diputación le salió de ojo que esto estuviera pasando a pesar de que Vega Terrón ha sido y es el ojito derecho de las promesas de desarrollo. Igual el problema es que hay que ir más por allí, no solo cuando se trata de hacer algún anuncio electoral. Ni presidencia, que es la que tiene la competencia, ni el área de Fomento, en la que está delegada la facultad de reclamar la liquidación, hicieron nada. Otra vez Fomento. Otra vez García Sierra. Y otra vez que las tornas se giran. En vez de alabanzas, un informe del nuevo director de su propia área en el que le sacan los colores. En vez de paseos militares a costa de la oposición, el rechinar de dientes porque, otra vez, los del otro bando se le han adelantado.