Fallece el centenario fotógrafo taurino Francisco Cano que inmortalizó la muerte de Manolete

Muere a los 103 años el decano de la fotografía taurina Francisco Cano 'Canito', el único que captó la cornada mortal de Manolete.


 

Era el decano de los fotógrafos taurinos. 103 años de vida y más de tres cuartos de siglo dedicado a su gran pasión: la fotografía. Visitaba las ferias taurinas a lo ancho y largo de la geografía taurina, en España, en Francia y también en América. Valladolid era una de sus plazas habituales que visitó con su cámara en ristre, su gorra blanca y su inconfundible sonrisa bien pasada la centuria.

 

Esta madrugada Francisco Cano Canito, apagaba su luz, tras un infarto cerebral, que le mantuvo en estado crítico los últimos tres días. Con honores de torero, su capilla ardiente será instalada en la plaza de toros de Valencia. El destino hizo que aquella fatídica tarde de 28 de agosto de 1947 fuera el único fotógrafo apostado en el callejón de Linares y fotografiara la muerte de Manolete. Aquellas instantáneas dieron la vuelta al mundo.

 

Canito fue galardonado el pasado año con el Premio Nacional de Tauromaquia, como reconocimiento a una prolífica carrera en la que se codeó con las grandes figuras desde Dominguín y Manolete, hasta las actuales. Tampoco faltó para retratar a aquellas interminables noches de fiesta glamurosa con Orson Welles, Ernest Hemingway, Gary Cooper Sophia Loren y Ava Gardner, con la que hubo más que fotos, cuentan las malas (o buenas) lenguas. Siempre reconoció abiertamente “su golfería”. Incluso bromeaba que tenía cinco hijos reconocidos “y alguno más en América”.

 

Francisco Cano quiso ser torero, más tarde boxeador, pero la Guerra Civil le obligó a permanecer escondido en una buhardilla todo el tiempo en el que se alargó la contienda. La vida obligó a Canito a cambiar trastos de torear y guantes de boxear por una cámara (dos centenares a lo largo de su vida profesional).

 

Desde entonces se hizo imprescindible en el panorama de la tauromaquia. Hoy su cámara se apaga para siempre, aunque siempre quedarán para la eternidad sus fotografías. Especialmente las de aquella trágica tarde en la que su amigo, “el mejor torero de la historia”, Manolete, murió en Linares.