Eyre, finalista del Planeta con su búsqueda de un reportero secuestrado al que amó

Jorge Zepeta y Pilar Eyre, ganador y finalista del Planeta 2014

La periodista Pilar Eyre es la finalista del Premio Planeta de novela 2014 con la historia real de la búsqueda de un periodista de guerra secuestrado y con quien había vivido justo antes una apasionada historia de amor durante tres días de "romanticismo y pasión".

En rueda de prensa tras proclamarse el ganador --Jorge Zepeda-- y la finalista, Eyre ha explicado que la tórrida y corta historia había empezado en un restaurante, cuando ella vio entrar a un desconocido mientras cenaba con unos amigos.

Después de los tres días con Sebastian, él le pidió que le esperara: se fue a Siria, y ella se acabó enterando de que había desaparecido cerca de la frontera turca y supo finalmente que le habían secuestrado.

Entonces ella emprendió una búsqueda "detectivesca" para encontrarle durante año y dos meses aproximadamente.

Al preguntársele si encontró a Sebastian, ha respondido muy francamente: "Me gustaría que la gente se gastara 22 euros para saberlo".

Sin embargo, ha añadido con igual franqueza: "Sigue viviendo en mi corazón", y ha asegurado que los lectores encontrarán un final luminoso.

AMOR, INTRIGA, HUMOR, ESPERANZA

Hasta llegar a ese final, la novela incluye amor, intriga y también humor, además de reflejar la pasión de vivir que ella asegura tener.

La miembro del jurado Carmen Posadas ha explicado que la novela puede interesar a un público femenino, pero también a los hombres, porque, "bajo una capa aparentemente frívola", hay una historia inteligente, que mezcla amor, aventuras e incluso una evocación de la 'gauche divine'.

Eyre ha replicado que sí es una novela también para hombres, porque ella se desnuda sin "ningún tipo de pudor", de manera que las mujeres pueden sentirse identificadas y los hombres pueden aprender.

Además, está convencida de que el final proporciona esperanza a las mujeres de su edad y a todas en general.

Decidió escribir el libro después de hablar con su hijo, que un día le preguntó qué le pasaba y por qué no estaba escribiendo como siempre hacía.

Cuando ella se lo dijo, él no se lo creyó, pero, cuando él comprendió que todo era cierto, acabó convenciendo a su madre de que podía ser una novela.

Se puso a escribir mañana, tarde y noche durante muchos meses, rompiendo con su vida cotidiana, y siguiendo el consejo que le había dado Ana María Matute: "Hay que escribir rápido y corregir lento".