“Es necesario custodiar la verdad de la mujer para volver a humanizar el mundo”

Mª José Luciáñez

La esencia de la feminidad, del ser mujer es el análisis que ha planteado Mª José Luciáñez, doctora en Biología y profesora titular en la facultad de Ciencias de la UAM, en su conferencia “La verdad de la mujer”, impartida en el 61º Encuentro de Universitarios Católicos: ¿Reinventar lo humano? IV, celebrado hoy por la UCAV y la Asociación EUC

En la conferencia que lleva por título “La verdad de la mujer” se hace un análisis sobre la esencia de la feminidad, del ser mujer. El estudio se realiza a la luz de la Revelación bíblica y cristiana, como punto de partida.

 

La mujer, Eva, que se constituye en la ayuda necesaria en el obrar y en el ser en los primeros versículos del Génesis, se va transformando en la mujer que contiene en su esencia tres peculiaridades: una dimensión esponsal, maternal y virginal, en cada mujer, sea cual sea su vocación. La mujer viviendo este itinerario de valores que la constituyen, se transforma en el ser que ve al hombre, porque lo ve con el corazón; se convierte en “aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz”. Por ello, la mujer es fuerte, y esta fuerza moral, su fuerza espiritual se unen a la conciencia de que Dios le ha confiado de un modo especial al hombre, es decir al ser humano. Y esto no solo en su estructura biológica, al ser la sede de los primeros momentos de toda vida humana, sino sobre todo por su estructura ontológica.

 

Para Luciáñez, éste es el “genio femenino”, esta es la verdad de ser mujer, una verdad que hay que custodiar para volver a humanizar el mundo. Por eso, el Papa señala que “el momento presente espera la manifestación de aquel genio de la mujer, que asegure en toda circunstancia la sensibilidad por el hombre, por el hecho de que es ser humano”, una sensibilidad que poco a poco en nuestra época se va perdiendo.

 

La Doctora en Biología es consciente de que en estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la sociedad, en la familia, en el trabajo, etc. Se han delineado en distintos momentos nuevas tendencias para afrontar la cuestión femenina, que han considerado o bien la condición de subordinación de la mujer a fin de suscitar una actitud de contestación o, por otro lado y como consecuencia, para evitar la supremacía de uno u otro sexo, se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural.

 

Estas tendencias se sustentan en una antropología inadecuada, que busca finalmente liberar a la persona humana de sus condicionamientos biológicos. Respecto a la mujer favorece perspectivas igualitarias que la liberan de todo determinismo biológico, y conducen a una verdadera crisis en la persona humana, que se continúa en la destrucción de la familia, el pansexualismo de la cultura actual, y la insatisfacción e infelicidad del hombre.

 

En esta situación, el Papa Juan Pablo II ya desde el año 1988 en su carta apostólica Mulieris dignitatem, da gracias a Dios por su designio sobre la vocación y misión de la mujer en el mundo. ¿Qué singulariza a la mujer? ¿Cuál es su misión en el mundo? No siendo esto suficiente, en 1995 escribe una carta a las mujeres en la que da las gracias a cada mujer por su vida y su papel en la sociedad civil, religiosa, a las madres de familia, consagradas, trabajadoras, esposas, etc.