El Salvador escribe su nombre con letras doradas en la historia deportiva de Valladolid (13-9)

El conjunto chamizo se llevó la Copa del Rey ante un VRAC que se desfondó sobre el campo, pero que no supo sobreponerse a una segunda parte regular y en la que le salieron pocas cosas.

Ficha técnica:

 

13- El Salvador: Fernández, Marrón, Borsak, Walker-Fitton, Victor Sánchez, Foulds, De la Llana, Mamea, Ramos, Katz, Blanco, Antoine Sánchez, Carter, Zebango y Pearce. También jugaron Alberto Díaz, Vega, Álvaro Núñez, Gonzalo Núñez

 

9- VRAC Rugby: Pablo César Gutiérrez, Miejimolle, Alberto Blanco, Manuel Mora, Molina, Taylor, Tucconi, Gavidi, Gil, Griffiths, De la Lastra, Da Penha, Pretorius, Mateu y Moir. También jugaron Barnes, Alejandro Gutiérrez, Sthor, Manson, Álvaro Abril.

 

Parciales: 3-0 (min.10), golpe de castigo que pasa Katz. 3-3 (min.27), golpe de castigo que pasa Griffiths. 3-6 (min.29), golpe de castigo que pasa Griffiths. 6-6 (min.56), golpe de castigo que pasa Katz. 13-6 (min.62), ensayo de Alberto Díaz que transforma Katz. 13-9 (min.65), golpe de castigo que pasa Griffiths.

 

Árbitro: Jorge Molpeceres (Comité catalán).

 

Partido correspondiente a la final de la Copa del Rey de Rugby disputada en el estadio José Zorrilla de Valladolid ante más de 25.000 espectadores. Antes de comenzar el encuentro se guardó un minuto de silencio por las víctimas del derrumbe de un edificio en Tenerife y los terremotos de Ecuador y Japón. El palco estuvo presidido por el rey Felipe VI, quien entregó el trofeo al equipo ganador, el El Salvador.

Hay capítulos de la historia deportiva que se escriben con letras doradas. Esas mismas letras que quedan para la posteridad, que se leen en el futuro con auténtica devoción, pasión y emoción recordando lo que fue aquello. El problema es que a veces no siempre está claro quién coge el bolígrafo para ponerse a escribir. Este domingo VRAC Rugby y el Salvador se daban cita por la disputa, por llevarse esa ansiada Copa del Rey que tanto ha dado que hablar en Valladolid. Por desgracia solo podía haber un ganador, y ese tuvo que ser el Salvador.

 

Y eso que la cosa comenzó igualada. En un ambiente festivo, de alegría y de diversión tanto en los aledaños del estadio José Zorrilla como dentro, fruto de muchas semanas de preparación, fue el Salvador el que comenzaría adelantándose en el marcador, pero la alegría le duraría poco. El golpe de Sam Katz quedó pronto neutralizado por otro de Griffiths en lo que era una pelea fraticida.

 

Ninguno entregó la cuchara desde el comienzo, como se podía esperar. Ni siquiera la inesperada lluvia, que vino y fue durante varias etapas del partido, desanimó a los gladiadores sobre el campo de Zorrilla. Hasta que pasó lo que suele pasar en estas grandes finales. La intensidad terminó por traducirse en una falta de ritmo, acierto y sobriedad evidente, con poca posibilidad de puntuar para los dos equipos. Así, y después de que Griffiths diera la definitiva ventaja y corta ventaja de 3-6 con otro lanzamiento a palos, se llegó al descanso. Quedaba mucho pescado por cortar.

 

Y tanto que si quedaba. Y es que el Salvador no había dicho la última palabra, ni mucho menos. En una demostración de pundonor y garra, los blanquinegros fueron capaces de sobreponerse al marcador adverso en la igualdad de la pelea, llevándose gran parte de las touch y de las melés a su favor.

 

El Quesos quiso revelarse pero no pudo. Mejoró en las touch y Merino buscó la revolución con varios cambios que no terminaron por tener el efecto esperado. Fue entonces cuando un magistral Alberto Díaz fue capaz de colarse impecable en la defensa quesera para sellar lo que será una Copa recordada por mucho años en Valladolid. La transformación de Katz dejó todo en un 13-6 para poner tierra de por medio.

 

Desde ese momento fue un quiero y no puedo del VRAC. Gavidid falló en la última oportunidad ofensiva para igualar la contienda, pese a que el siempre presente Griffiths hizo bueno un golpe para establecer el 13-9 que a la postre acabaría siendo definitivo. Zorrilla vivió la magia del rugby, en esa en la que todos salen felices, pero no ganadores. En este caso tuvo que ser el Salvador, ante nada menos que 25.000 almas.