El Real Madrid, fiel a la cita con la final apoyado en Ayón y a base de triples

Llull celebra una de las canastas del partido

El Real Madrid ha vuelto a citarse con el Olympiacos en la final de la Euroliga tras someter con autoridad al Fenerbahce (96-87) en semifinales de 'su' Final Four, partido resuelto en un segundo cuarto memorable mediante la línea de tres puntos y la hiperactividad de Gustavo Ayón (18 puntos, 7 rebotes 6 asistencias y 3 robos).

 

FICHA TÉCNICA

 

REAL MADRID: Llull (12), Rudy Fernández (12), Carroll (7), Ayón (18) y Reyes (-) --quinteto inicial--; Bourousis (1), Maciulis (2), Rivers (17), Nocioni (12), Rodríguez (13) y Slaughter (2).

 

FENERBAHÇE ULKER: Sipahi (-), Goudelock (26), Bogdanovic (12), Bjelica (11) y Zoric (6) --quinteto inicial--; Erden (-), Vesely (20), Savas (2), Preldzic (2), Mahmutoglou (6) y Zisis (2).

 

PARCIALES: 20-21, 35-14, 21-24 y 20-26.

 

ÁRBITROS: Christodoulou (GRE), Pukl (SLO) y Lottermoser (ALE). Eliminados por faltas personales Reyes, Ayón y Slaughter en el Real Madrid; y Bjelica y Preldzic en el Fenerbahce.

 

PABELLÓN: Barclaycard Center. 12.634 espectadores.

Frente a un debutante en la 'Final Four', el Real Madrid demostró que está plenamente convencido de recuperar la corona europea veinte años después y tras acumular dos decepciones en las últimas finales. Anotando 14 triples, plusmarca histórica de la Final Four que pasa a compartir con el Maccabi de 2004, el anfitrión retorna al partido decisivo que disputará en casa.

 

La afición del Fenerbahce, tan numerosa como la del Real Madrid, logró una recreación muy lograda del Ulker Sports Arena en plena capital española. Agarrado al apoyo de su gente y a la garra de Jan Vesely (20 puntos y 10 faltas recibidas) el club otomano mantuvo el pulso en el primer cuarto, que cerró con ventaja mínima (20-21).

 

No empezaba fino el anfitrión. Dos faltas rápidas de Felipe Reyes, que no anotó en todo el partido, condenaban al capitán al banquillo y Pablo Laso llamaba a Sergio Rodríguez antes de lo habitual. El canario, en su particular burbuja y ajeno a la hinchada turca, se estrenaba con un triple sobre la bocina, anticipo del aluvión que vendría en el segundo cuarto.

 

Por dentro, Gustavo Ayón barruntaba que iba a ser su gran noche y se multiplicaba rascando cada rebote, anticipándose a las perrerías de Vesely, incluso corriendo el contraataque. 'Machete' cerró su mejor medio partido desde que viste la camiseta blanca con 16 puntos y 5 rebotes.

 

Y entonces el Real Madrid recordó que practica el juego más espectacular del continente y decidió que esta vez tocaba acribillar desde el perímetro. Rivers (5/6 en triples), Nocioni, Rodríguez... Todos compraban billete desde la línea de 6,75 y a todos les salía premio, como si hubieran trucado la tómbola. Callaban los turcos en la grada, gritaban los madridistas; los jugadores les habían recordado quién jugaba en casa.

 

Zeljko Obradovic, el técnico más laureado en la historia de la Euroliga con ocho títulos, intentó parar la sangría, pero el juego exterior del Madrid seguía de borrachera, aunque una fiesta responsable como exige la prudencia, ya que los pupilos de Laso alcanzaban el descanso sin haber cometido ni una pérdida y con 20 puntos de renta en el zurrón (55-35).

 

¿Se podía pedir más? Sí, que ni el flamante MVP Nemanja Bjelica ni el escurridizo Andrew Goudelock, ni el mejor joven de la competición Bogdan Bogdanovic lograban despegarse de la piel la sensación de inferioridad, no por deméritos propios, sino por imposición de un rival decidido a saldar muchas cuentas pendientes durante este fin de semana.

 

REACCIÓN Y FINAL BRONCO

 

Por si alguien dudaba del idilio blanco con el perímetro, tres nuevos triples de Llull, Rudy y Carroll nada más salir de vestuarios sellaron una renta máxima de 27 puntos (64-37, min.22) y dejaron la semifinal prácticamente sentenciada. Eran tiros francos que disparaban el contador de asistencias, caso de Llull (9), el 'Chacho' (7) e incluso Ayón, que se apuntaba a un bombardeo.

 

Pero los chicos de Obradovic, espoleados por los gritos de su técnico y los espacios que ahora sí encontraban Goudelock (máximo anotador con 26 puntos) y Bogdanovic, aprovecharon que al anfitrión le atacó una comprensible resaca para apuntarse un parcial de 3-16 y recortar la desventaja a la mitad (67-53, min.27). Fue entonces cuando el Real Madrid dejó de mirarse al ombligo y cortó el conato de remontada.

 

El último cuarto se enturbió con las tradicionales cuitas de Rudy Fernández y las antideportivas a Bjelica y Preldzic, dejando un balance final de cinco jugadores eliminados. El Fenerbahce, que no se rindió nunca, mostró orgullo, pero la fosa a la que le habían arrojado era demasiado profunda y el arranque torero no dio para más (92-82, min.38).

 

Otro triple, como no, de Llull redondeó el triunfo local e igualó la plusmarca histórica de la Final Four, presagio de buena puntería de cara a la final del domingo (20.00 horas), donde espera un rival muy crecido tras su enésima remontada ante el CSKA Moscú, de nuevo liderada por Vassilis Spanoulis. Al Real Madrid, que llegó a ganar por 17 puntos aquella fatídica final de 2013 ante el equipo griego, le sobrarán motivos para salir a degüello en pos de su novena Copa de Europa.