El PSOE promueve una "Ruta de las fortificaciones de frontera en los Reinos de León y Castilla"

Se extiende por las provincias de León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca y Ávila

Las Cortes de Castilla y León debaten este lunes la proposición no de Ley presentada por el grupo socialista para promover una “Ruta de las fortificaciones de frontera de los reinos de León y Castilla” e insertarla dentro de las Grandes Rutas de Castilla y León.

El portavoz socialista de Cultura y Turismo recuerda que entre los bienes integrantes del Patrimonio Cultural de Castilla y León, destaca la riqueza de un patrimonio militar en lo que fue la línea fronteriza de los reinos de León y Castilla en la Edad Media, conformada por una amplia red de castillos y murallas, que discurren desde el norte al sur de la comunidad, muchas de las cuales subsisten actualmente.

Convencidos de su valor tanto cultural como turístico, el PSOE aspira a que este patrimonio tenga una dimensión social y se incardine, con las actuaciones precisas para su mantenimiento y conservación, dentro de las rutas turísticas de la comunidad.

Martín Benito aboga por la puesta en valor que promueva estas construcciones como un activo y un nuevo producto turístico sobre la historia de Castilla y León; “una comunidad que tiene en el patrimonio natural y cultural una de sus señas de identidad y sobre los que se asienta su principal oferta turística”, indica el procurador.

El contexto histórico
La línea fronteriza entre León y Castilla a lo largo de la segunda mitad del siglo XII y primeras décadas del XIII, se pobló de fortificaciones y castillos, en el contexto de las continuas luchas entre los dos reinos, especialmente en la Tierra de Campos. Aquí, la línea fronteriza se dirimía oscilante entre los ríos Cea y Pisuerga. La disputa del territorio fue la causa de constantes disputas y enfrentamientos armados entre los dos reinos, sobre todo en el periodo que va desde 1157 hasta 1230.

Desde 1157, fecha del óbito de Alfonso VII, El Emperador, hasta 1230, cuando muere el monarca leonés Alfonso IX, los reinos de Castilla y León seguirán caminos, con constantes fricciones, lo que llevó a diversos conflictos militares y a los consiguientes tratados de paz.

La línea defensiva de León con Castilla se asentaba en un territorio sin accidentes geográficos notables, como la Tierra de Campos, donde la frontera quedaba difusa y sujeta tanto a las ocupaciones militares como a los consiguientes tratados.

En este contexto, jugaron un destacado papel las fortificaciones leonesas- y sus réplicas castellanas. Tanto Fernando II como su hijo y sucesor, Alfonso IX, llevaron a cabo una política encaminada a fortalecer demográfica y militarmente la línea fronteriza con Castilla, organizando el territorio con el concurso de los magnates del reino y de los propios concejos. La frontera interna desapareció con la unificación de los dos reinos en 1230, en la persona de Fernando III.

El contexto y los pormenores históricos figuran en los antecedentes de la PNL, por lo que excusamos ahora su exposición.

Una línea de norte a sur plagada de castillos y murallas
Resultado de aquellos conflictos fue la fortificación de la línea defensiva entre los dos reinos. Restos de aquellas fortificaciones se extiende por las provincias de León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca y Ávila.

De aquella época subsisten, en mayor o menor grado algunas de ellas. Entre otras, en la provincia de León, además de Mansilla de las Mulas, cabe destacar los restos de la fortificación de Almanza, Ardón, Laguna de Negrillos, Cea, Rueda del Almirante, Valderas; en Palencia, restos de las fortificaciones de Guardo, Carrión y Saldaña: en Valladolid, Urueña, Barcial de la Loma, Tordehumos, el castillo de San Pedro de Latarce y Tiedra, entre otros. En Zamora, Villalpando, Belver de los Montes, Castronuevo y el primer recinto de Toro. Otras plazas próximas a la frontera fueron, entre otras Alba de Tormes y Béjar (Salamanca) y Piedrahita (Ávila).

El estado de conservación
Buena parte de estas fortificaciones se encuentran en mal estado, deterioradas por el paso del tiempo. En otras se han llevado a cabo, o se están llevando, actuaciones concretas. Construidas, en su mayor parte, con cal y canto rodado, muchas de ellas resisten el paso del tiempo, presentando problemas de estabilidad, como consecuencia de la pérdida de masa y los efectos de la erosión pluvial que mina la cimentación; como consecuencia de ello, se producen desprendimientos y, en consecuencia, las estructuras defensivas, acaban por desmoronarse.