El Obispo de Ávila nos desea "Felices Vacaciones"

El Obispo de Ávila, Jesús María Burillo, manda un mensaje en el que indica distintas opciones para pasar nuestro tiempo de ocio en estos días estivales

CARTA DEL OBISPO DE ÁVILA, JESÚS MARÍA BURILLO PARA "LAS VACACIONES DE VERANO"

 

Queridos diocesanos: Hoy es nuestro último contacto antes de las vacaciones de verano. Tenemos ante nosotros un precioso tiempo para poder descansar y aprovecharlas en nuestro propio beneficio y enriquecimiento personal. La palabra “vacaciones” proviene del latín “vacare”, que significa abstenerse de las actividades normales para ocuparse en algo diferente.

 

Esto no quiere decir que nos aislemos de lo que nos rodea ni nos distraigamos de lo verdaderamente importante, sino más bien es un momento propicio para poner nuestras miradas en algo diferente, centrándonos en ello por encima de las actividades cotidianas. Incluso el término también latino “feriae” (“días de fiesta”), que ya se ha convertido en sinónimo de días de vacaciones, de distracción, significa días dedicados al culto divino.

 

Tal vez el sentido más bello de “vacaciones” sería precisamente adentrarnos en nuestro interior para retomar un contacto íntimo, profundo, con la raíz de nuestro ser, que es Dios. Un idioma anglosajón, como es el inglés, expresa el significado original de la palabra “vacaciones”, dado que “holidays” significa en su origen “días santos, días dedicados a la santidad”.

 

¿Y cómo podemos aprovechar este tiempo para seguir esa llamada de todo cristiano a “ser santos”? Lo primero de todo sería romper con la rutina, el muro asfixiante que, a menudo, no nos deja ver a Dios.

 

Ahora bien, estar de vacaciones no significa estar ocioso, no hacer nada, sino que es ocasión propicia para la reflexión, crecer en formación, tener tiempo para la oración, la lectura sosegada, la convivencia amigable, los viajes de amigos y de familia, las visitas a aquellos con quienes nos agrada estar. Una vez que tengamos la mente y el corazón dispuestos, hay muchas posibilidades que nacen de la propia Iglesia. Parroquias, comunidades religiosas, movimientos nos ofrecen cada año actividades destinadas a propiciar ese encuentro personal y profundo con el Señor.

 

El complicado ritmo de vida que llevamos no es propicio para pensar, para crecer como individuos y para fortalecer nuestra fe. Por el contrario, el contacto directo con la naturaleza, las actividades lúdicas con germen educativo, la convivencia con los demás nos invitan a salir de nosotros mismos y encontrarnos con los otros, favorecen una apertura a Dios, un trato más cercano con Él.

 

A simple vista, pueden parecer actividades ajenas a la misión pastoral de la Iglesia, pero sin embargo propician un clima sano de convivencia amigable, que van estableciendo lazos de amistad y son una oportunidad para la experiencia de Dios. De esta forma, el próximo 30 de julio, unos cien muchachos de nuestra diócesis partirán hacia Villalba, en Lugo, para completar la última parte del Camino de Santiago, en una iniciativa organizada por la Pastoral Juvenil.

 

Yo tendré la oportunidad de peregrinar junto a ellos, en una experiencia inolvidable, según sabemos por la experiencia de años anteriores. A través del contacto con la naturaleza y con otros jóvenes de la misma edad e inquietudes, los chicos y chicas que participan aprenden enseñanzas sobre la vida, sobre el mundo y sobre Dios difíciles de adquirir en otros contextos.

 

Las vacaciones podrían ser también propicias para tener momentos de interioridad y reflexión personal. Merece la pena concederse algún día, alguna hora al menos, de análisis, revisión y programación del modo de vivir de cada uno, ver a dónde nos llevan nuestros actos y nuestras actitudes y cómo podríamos fortalecer nuestras debilidades.

 

En este sentido, sería de gran ayuda revisar nuestras propias raíces como cristianos. Regresar a la parroquia donde nos bautizaron, donde recibimos la Primera Comunión, visitar de nuevo la ermita donde se celebró el matrimonio, y evocar aquellos buenos momentos, nos abren la posibilidad de experimentar la alegría de avivar nuestra fe en Alguien que nos ha cuidado mientras andábamos metidos en nuestras preocupaciones y egoísmos, y que, tras el devenir del tiempo, lo sigue haciendo.

 

Él está a nuestro lado, en nuestro interior. Queridos amigos: os deseo un feliz y muy provechoso verano. No olvidemos, por favor, a todos aquellos que no podrán disfrutar de sus vacaciones porque llevan largo tiempo en paro laboral. Nos veremos a la vuelta, en el inicio de un apasionante curso pastoral que tendrá la mirada puesta en las celebraciones del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa.