El Obispo de Ávila dirige a los abulenses un escrito sobre su Patrón, San Segundo

San Segundo está considerado como el primer Obispo de Ávila, y es uno de los Siete Varones Apostólicos que fueron encomendados a evangelizar España.

ESCRITO DEL OBISPO, JESÚS GARCÍA BURILLO

 

San Segundo, evangelizador con espíritu


Queridos diocesanos:


Como nos dice Papa Francisco: «La alegría evangelizadora siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida… El creyente es fundamentalmente “memoroso”» (EG 13), pues bien, hoy es tiempo de volver la memoria hacia nuestro Padre en la fe, san Segundo. Uno de aquellos varones apostólicos que a principios de la era cristiana evangelizó nuestra tierra abulense. Varios manuscritos del siglo X nos transmitieron esa memoria testimonial de los primeros evangelizadores en España: Torcuato, Tesifonte, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio y Hesiquio fueron ordenados en Roma por los santos Apóstoles dirigiéndose a España para predicar la fe católica… Los siete varones confesaron que habían sido enviados por los Apóstoles para predicar el Reino de Dios y el Evangelio... Se dispersaron por diversas ciudades. Segundo llegó a Abula. Sus restos fueron hallados en un sepulcro de la Iglesia de Santa Lucía, siendo trasladados a la Catedral en 1594 y sus reliquias colocadas en la capilla que lleva su nombre, donde actualmente son veneradas.


Hacer memoria de san Segundo es volver a la fuente del anuncio evangelizador que fundó nuestra Iglesia de Ávila, y, con él, volver al origen y fundamento de nuestra fe que es Jesucristo, muerto y resucitado. «Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos» (2Tim 2, 8) recomendaba san Pablo a Timoteo. También hoy, san Segundo nos invita a nosotros a hacer memoria de Jesucristo. Es Jesús, el amor de Jesús, la primera motivación del evangelizador, la experiencia de haber sido salvado por Él. Es esa pasión por Jesucristo lo que motivó a san Segundo a salir de su tierra y lanzarse a anunciar el evangelio. Nuestra Iglesia abulense nace en ese movimiento evangelizador, nace de la acción misionera de san Segundo. Nos dice el Papa que: «Si no sentimos el intenso deseo de comunicar a Jesucristo, necesitamos detenernos en oración para pedirle a Él que vuelva a cautivarnos» (EG 264).


A semejanza de san Segundo, todos los abulenses somos discípulos misioneros, lo somos por el bautismo, por entrar a formar parte de la Iglesia que tiene como misión y vive de estas palabras del Señor: «Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he enseñado» (Mt 28, 19-20). Añadió Jesús: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos» (Mt 28, 20). «El verdadero misionero –nos dice el Papa– sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera. Si uno no lo descubre a Él presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro
de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie» (EG 266).


San Segundo fue un evangelizador con espíritu porque estuvo abierto a la acción del Espíritu Santo. Como los Apóstoles el día de Pentecostés, san Segundo acogió la fuerza que viene de lo alto, según la promesa de Jesús: «Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad… también vosotros daréis testimonio» (Jn 15, 26-27). Ese mismo Espíritu movió el corazón de san Segundo y lo hizo salir al encuentro de los demás, incluso fuera de su propia tierra, para anunciar el Evangelio de Jesús.


Queridos diocesanos, en esta preparación de la Misión diocesana que comenzaremos el próximo curso, dejémonos alentar por el testimonio valiente y el corazón apasionado de san Segundo, nuestro padre en la fe. Como nos dice Papa Francisco: «La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es contemplarlo con amor, detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón» (EG 264), por eso también el espíritu de santa Teresa de Jesús nos invita a la contemplación, al cultivo de la vida interior, desde donde nace la pasión misionera. «El Espíritu Santo infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia, en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente –nos dice también el Papa–. Invoquémoslo hoy, bien apoyados en la oración. Jesús quiere evangelizadores que anuncien la Buena Noticia no sólo con palabras sino sobre todo con una vida que se ha transfigurado en la presencia de Dios» (EG 259).


Con mi bendición y afecto.


Jesús García Burillo Obispo de Ávila