El Madrid cava su tumba en el Pizjuán

Dos goles de Bacca sorprendieron a un Madrid que se adelantó con un gol de Cristiano.

 

FICHA DEL PARTIDO

 

SEVILLA: Beto; Coke, Pareja, Fazio, Alberto Moreno; Iborra, Mbia; Reyes (Navarro, min.75), Rakitic, Marin (Vitolo, min.72) y Bacca (Gameiro, min.82).

  

REAL MADRID: Diego López; Carvajal, Varane, Pepe, Marcelo; Xabi Alonso, Illarramendi (Isco, min.66), Modric (Morata, min.90); Bale, Benzema y Cristiano.

 

GOLES:

   0 - 1, min.14, Cristiano Ronaldo.

   1 - 1, min.18, Bacca.

   2 - 1, min.73, Bacca.

 

ÁRBITRO: González González (C. Castilla y León). Amonestó a Iborra (min.15), Marko Marin (min.61), Navarro (min.90) y Beto (min.93) en el Sevilla; y a Bale (min.23), Varane (min.80) y Xabi Alonso (min.87) en el Real Madrid.

 

ESTADIO: Ramón Sánchez Pizjuán.

Dos goles del colombiano Carlos Bacca derrumbaron al Real Madrid en su visita al Sánchez Pizjuán (2-1) en un partido perteneciente a la trigésima jornada de Liga y le hicieron perder el liderato en apenas tres días, enterrando así su distancia al frente de la tabla y dando una mala imagen tras la pataleta del 'clásico'.

  

No hubo reacción a la cornada del Bernabéu y los de Ancelotti sumaron su segunda derrota consecutiva en Liga --algo que no ocurría desde 2008--. Para colmo de los merengues, el traspié en el Pizjuán sepulta la ventaja que tenían hace apenas tres días y entregan el liderato a manos del Atlético de Madrid.

  

Su vecino del Manzanares ya manda con tres puntos de renta [más el gol-average], mientras que el FC Barcelona le adelanta en dos puntos, que son tres por la diferencia de goles. Un escenario inimaginable para el Real Madrid, que ha desperdiciado el trabajo de enero y febrero en un santiamén.

  

Y eso que las cosas empezaron de la mejor forma posible para los madridistas gracias al gol de Cristiano Ronaldo al cuarto de hora. El de Madeira aprovechó una falta para batir a su compatriota Beto. El balón tocó en la mano de Bacca y desvió la trayectoria del cuero, aunque el tanto no cambió la filosofía de los nervionenses.

  

El equipo de Emery demostró tener tres armas, pero las explotó a la perfección. Una es Rakitic, arquitecto del segundo gol, y ejemplar en el esfuerzo durante todo el choque. La segunda es Reyes, cuya calidad sirve para asistir a Bacca en el gol del empate, y el tercer gran argumento de este Sevilla es el colombiano, que vive un momento tremendamente dulce.

  

El ariete cafetero totaliza 15 dianas en lo que va de Liga y está siendo un puntal para los de Emery, que también tiene su parte de responsabilidad. El técnico vasco planteó un partido muy inteligente y pobló por dentro a los suyos, que impidieron con suma facilidad el juego del Real Madrid en los minutos restantes.

  

El 1-1 había dejado hecho un flan a Diego López, que no disfrutó de su mejor partido en el regreso al Pizjuán, al igual que los laterales, que ofrecieron su peor versión con el paso de los minutos. Cristiano estalló contra el banquillo y Bale demostró que no está para estos trotes. El galés, muy descafeinada, no tomó una decisión colectiva acertada.

  

Con el partido muerto, y el Sevilla en su campo, Ancelotti optó por quitar a Illarramendi en lugar de Xabi Alonso, seguramente en su peor partido con la camiseta del Real Madrid. El tolosarra, sin embargo, jugó los 90 minutos, incluso por delante de Modric, una vez más, incombustible en la sala de máquinas.

  

Pero dio igual porque la nula reacción de Ancelotti la aprovechó el Sevilla con una jugada para el deleite. Rakitic se libró de Pepe con un sombrero de espuela --aprovechando que Bale estaba fuera del campo para colocarse la bota-- y asistió a Bacca, al que no le temblaron las piernas para apuntillar al líder, hasta este miércoles, de la Liga española.

  

De esta forma, el Madrid dilapida el excelente trabajo que realizó en enero y febrero y da alas a Atlético y Barcelona en la lucha por el título. A falta de ocho partidos, y en el momento más decisivo de la temporada, los blancos reabren el capítulo de las dudas y entregan la Liga, en bandeja de plata, a sus eternos rivales.