El colmo de la desfachatez 'periodística'

De cómo ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio aprovechando la impunidad que brindan las amistades políticas

En su afán inquisitorial y de persecución de la figura del presidente de la Cámara de Comercio y de Confaes, el único periódico en papel de Salamanca publica con repetitiva obsesión y a la menor oportunidad el emplazamiento del coche oficial de ésta institución o el particular del propio Juan Antonio Martín Mesonero. Allá donde éste aparque aparece por arte de magia un fotógrafo que capta la imagen del vehículo de turno y rara es la semana que el citado medio no publica un nuevo ataque contra Martín Mesonero por esta vía.

 

Tan llamativa es la campaña de acoso que a un lector, vecino de la calle perpendicular a La Gaceta, tanta 'intensidad informativa' alrededor de un coche le despertó la curiosidad por otro vehículo, de alta gama, que día sí y otro también aparcaba sin autorización especial y con total descaro tanto en el reservado de Carga y Descarga como en el especio dedicado a personas con Movilidad Reducida que se encuentra en esa vía. Cual fue su sorpresa cuando, tras varias semanas de observar esta práctica, descubrió que el propietario del coche no era otro que el director general del periódico, Jaime Gonzalez Lucas.

 

El lector no dudó entonces en hacernos llegar esas imágenes y denunciar que, pese a que el lugar suele ser muy visitado por agentes de la Policía Local que controlan la zona de aparcamiento y las zonas reservadas, el vehículo parecía ser 'intocable' pues en ningún momento se cursó denuncia alguna contra éste. Al lector le indignó también la 'doble moral' del diario demostrada con el comportamiento de su director general.

 

Está claro que las amistades de González Lucas, entre las cuales se encuentra la del alcalde de la ciudad, son utlizadas por este como garantía de impunidad para realizar este tipo de actuaciones. Mayor 'inri' tiene aún su actitud cuando el periódico que dirige tiene un área reservada de aparcamiento en su propia puerta en la avenida de Los Cipreses, a cuyo uso renuncia por razones que sólo él conoce, mientras que impide el uso de zonas reservadas a profesionales y personas con discapacidad a pocos metros de allí al aparcar su vehículo.