Dos terroristas matan a decenas de personas en el metro de Moscú

Ataques suicidas. Más de 30 perecieron ayer y otras 70 resultaron heridas a manos de la guerrilla separatista chechena. Críticas. El presidente ruso califica de “insuficientes” las medidas de la Policía
AGENCIAS MOSCÚ

El terrorismo caucásico volvió a golpear ayer a Rusia con dos salvajes atentados con bomba perpetrados por mujeres suicidas conocidas como viudas negras en el metro de Moscú, que dejaron más de treinta muertos y unos 70 heridos. “Según los datos preliminares, los atentados fueron cometidos por grupos terroristas que tienen relación con el Cáucaso Norte. Ésta es la versión principal”, señaló Alexandr Bórtnikov, jefe del Servicio Federal de Seguridad.

Al informar al presidente ruso, Dmitri Medvédev, el jefe de los servicios secretos aseguró que “en el lugar de las explosiones se encontraron fragmentos de los cuerpos de dos mujeres suicidas”.

Los atentados, en los que se utilizó ciclonita, una de las sustancias preferidas por la guerrilla separatista chechena, ocurrieron en hora punta cuando el metro de Moscú llevaba a varios de millones de personas a sus lugares de trabajo.

La primera explosión tuvo lugar en torno a las 08.00 hora local (04.00 GMT) en la estación de metro Lubyanka, frente a la sede del FSB (antiguo KGB), el principal órgano de seguridad responsable de la lucha antiterrorista.

La cámara de seguridad del tren Krásnaya Strelá (Estrella Roja) grabó las imágenes de la potente explosión equivalente a unos cuatro kilogramos de trilita y que causó la muerte de entre 20 y 25 viajeros.

Mientras, unos 45 minutos después se produjo la segunda explosión (dos kilos de trilita) en la estación Park Kultury, a unos 300 metros de la sede de varias corresponsalías de medios de comunicación nacionales y extranjeros, incluida la agencia Efe.

Según datos preliminares, los atentados, que según datos provisionales costaron la vida a 38 personas y causado heridas a otras 70 muchas de ellas de gravedad.

Ambas estaciones se encuentran en la línea roja, la más antigua (1935) y una de las más concurridas de todo el metropolitano, que es utilizado diariamente por nueve millones de personas.

Tras ser informado sobre los atentados, el presidente ruso Medvédev declaró una guerra sin cuartel contra el terrorismo y calificó de “insuficientes” las medidas adoptadas hasta ahora por las fuerzas de seguridad para acabar con la guerrilla islámica.

El líder ruso se mostró convencido de que los terroristas querían causar la “desestabilización de la situación en el país y en la sociedad”.

Por su parte, el primer ministro ruso, Vladímir Putin, aseguró que “los terroristas serán liquidados” y suspendió su visita a Siberia para regresar con urgencia a la capital rusa.