Dos linajes diferentes de ciervos conviven en España desde antes de la última glaciación

Ciervo

Un trabajo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO) y el Instituto de Agrobiotecnología (CSIC-Universidad Pública de Navarra) ha observado las diferencias genéticas entre los ciervos que pueblan los montes españoles con los de otras partes de Europa y ha confirmado la existencia de dos linajes diferentes dentro de la subespecie ibérica.

A través de un análisis del ADN de hasta 680 especímenes, tanto peninsulares como de otras partes del continente, los científicos han podido saber que estas dos poblaciones locales se diferenciaron durante la última era glacial, por lo que tienen una antigüedad de, al menos, 12.000 años.

El estudio, publicado en 'Ecology and Evolution', sugiere que las reintroducciones de estos cérvidos para caza debe tener en cuenta estas poblaciones locales, con el fin de preservar sus singularidades.

El ciervo común (Cervus elaphus) está ampliamente distribuido por Europa, donde forma parte de sus estampas de montaña y es un importante recurso cinegético. Los taxónomos han descrito diferencias en la especie según zonas geográficas y han establecido varias subespecies de ciervos, entre ellas, la ibérica (Cervus elaphus hispanicus).

El trabajo coordinado por el catedrático de la UCO Juan Carranza ahonda ahora en las diferencias genéticas en la subespecie autóctona. Observa tantas diferencias genéticas que establece dos linajes diferenciados. En trabajos previos, su grupo ya había identificado estas diferencias, pero ahora, a partir de un análisis filogenético más detallado se establecen con mayor precisión las áreas en las que se encuentran ambos linajes en España así como las relaciones entre ellos y con el resto de los ciervos europeos.

"Se utiliza tanto ADN mitocondrial como nuclear (microsatélites) y lo interesante es que ambos procedimientos cuentan historias diferentes, pero complementarias", explica Carranza.

"Podemos decir que a pesar de la existencia de estos dos linajes, el ciervo de la Península Ibérica permanece como una subespecie bien diferenciada de las subespecies del norte de Europa lo que indica que para proteger al ciervo ibérico se deben seguir controlando tanto las introducciones de ciervos de otras áreas de Europa como impedir las traslocaciones de ciervos entre los dos linajes españoles si queremos conservar este elemento de nuestra biodiversidad", ha señalado el investigador principal.

A partir del estudio del ADN, los científicos han podido identificar no sólo estos dos grupos locales diferenciados, sino establecer qué zonas pueblan y desde cuándo. Un linaje se encuentra muy localizado en la provincia de Cáceres, con individuos distribuidos también por Burgos y Navarra producto de introducciones recientes. El otro ocupa mayoritariamente el resto de España, desde la Cordillera Cantábrica a las Subbéticas y desde la Sierra de la Culebra (Zamora) al Pirineo Oriental. No obstante, los científicos han encontrado en ocasiones porcentajes de un linaje dentro del área de distribución del otro.

REFUGIOS GLACIARES EN IBERIA

Estos ciervos pueblan la Península Ibérica desde antes de la última glaciación. El sur de Europa (las actuales España y Portugal, la Península Itálica y los Balcanes), se convirtió en un refugio para este mamífero, que habita bosques frondosos de zonas montañosas. Entonces, un linaje se diferenció en torno a Extremadura y posiblemente Portugal y el otro, en el sur. Al término de la última edad de hielo (hace aproximadamente 12.000 años) y conforme se templaba el continente, los venados se fueron expandiendo hacia el norte.

Los expertos consideran interesante constatar que sólo los ciervos de uno de estos linajes, en concreto el del centro y sur de España, aparecen como antepasados de los del norte de Europa, lo que indica que sólo ellos participaron en la recolonización postglacial del norte de Europa, mientras que los del linaje del oeste de Iberia probablemente se quedaron en la península.

Para su trabajo, los investigadores han tomado muestras no sólo de las poblaciones ibéricas, sino también de ejemplares de las subespecies de ciervo escocés, de Noruega y el mayoritario existente en el centro y este de Europa.

INFLUENCIA HUMANA Y NECESIDAD DE CONSERVACIÓN

Las poblaciones de ambos linajes, no obstante, no han permanecido inalteradas en los últimos años. Los investigadores han detectado la presencia de ejemplares que han sido traslocados respecto a sus áreas geográficas naturales y creen que esto puede ser debido a introducciones para actividades de caza.

Esto está produciendo tanto la homogenización de la subespecie autóctona como la mezcla genética con ciervos de otras subespecies europeas, lo que conlleva la pérdida de la identidad de la subespecie ibérica como parte de la fauna silvestre y de la biodiversidad de la Península Ibérica.