Dolor y resignación al recoger los efectos personales de víctimas y heridos

Familiares de víctimas han solicitado no ser fotografiados ni grabados a la salida del lugar, una indicación que no fue del todo cumplida, lo que acabó provocando una agria disputa.

Los sentimientos de dolor de aquellos que han perdido a sus seres queridos en la tragedia del accidente ferroviario de Santiago de Compostela se entremezclan, en el pabellón deportivo del Instituto Rosalía de Castro, con la sensación agridulce de aquellos que han sobrevivido y que acuden a recoger sus efectos personales.

  

El duro peregrinaje para recoger pertenencias que para algunos constituyen ya sólo recuerdos de sus seres queridos ha provocado que se viviese algún momento de comprensible tensión. Así, varios familiares han increpando a profesionales de los medios de comunicación que se encontraban a las puertas del centro donde están depositados los equipajes que viajaban en el Alvia siniestrado el miércoles.

  

Familiares de víctimas, visiblemente nerviosos mientras salían portando varios bultos, han solicitado no ser fotografiados ni grabados a la salida del lugar, una indicación que no fue del todo cumplida, lo que acabó provocando una agria disputa, dada la tensión acumulada.

  

Entre el equipaje hay maletas, bolsas y mochilas, muchas rotas y todas ellas llenas de polvo, que evocan los planes frutados de los 218 pasajeros que viajaban en el tren. Además, algunos de los familiares han informado de que hay efectos personales calcinados, dado que en algún vagón se declaró un incendio tras el descarrilamiento.

 

El pequeño que recuperó su peluche

   

La dureza del momento para aquellos que han perdido a sus seres queridos, inevitablemente contrasta con el sentimiento ambivalente de aquellos que han sobrevivido y que logran recuperar sus pertenencias. Así, el dinosaurio de peluche de Carlos Daniel, el pequeño venezolano que había perdido este juguete durante la tragedia, ya se ha convertido en símbolo de la esperanza de los supervivientes.

  

Antes del mediodía de este domingo, el padre del pequeño Carlos Daniel se ha acercado al pabellón del Instituto Rosalía de Castro para recuperar sus pertenencias. Entre ellas, logró localizar el enorme dinosaurio verde y amarillo que se había perdido en la curva de Angrois en la que el tren descarriló.

  

El padre, que se llama Daniel, y que viajaba en el tren camino de Ferrol junto a su hijo, esposa y su otra hija de mes y medio, ha comentado a los medios de comunicación que sus pequeños no han sufrido ninguna consecuencia física a raíz del accidente, pero sí han resultado afectados en "la parte psicológica".

  

Así, ha explicado que al mayor "le cuesta dormir", mientras que la bebé "no puede escuchar ningún golpe fuerte o sonido porque comienza  a llorar desesperada". Sobre sus sentimientos a la hora de recoger sus efectos personales, Daniel ha definido el trance como "muy triste".

  

"Están los familiares de las personas que fallecieron, equipajes... Te trae recuerdos", ha relatado a los medios de comunicación. Además, ha indicado que él y su familia han logrado recuperar todo el equipaje con el que viajaban "al 90%" y que sólo está "roto y sucio", como es "normal".

 

Agradecimientos

   

Asimismo, tampoco ha querido desaprovechar la oportunidad para expresar su agradecimiento por el "buen trabajo" realizado por la Policía porque cree que "la organización ha sido muy buena".

  

Otros familiares y allegados también han querido sumarse al capítulo de agradecimientos, en esta ocasión a los vecinos de Angrois, "por todo el cariño y cercanía" que les prestaron a los afectados por el descarrilamiento.

  

Las dependencias habilitadas para poder recoger los efectos personales de las víctimas estarán abiertas durante el domingo y el lunes en horario de 9.00 a 14.00 y de 16.00 a 22.00 horas.