De ángeles a demonios

Constituían el cielo azul, cargado de gaviotas y ángeles, de lo que de verdad debía hacerse en política, vocación de servicio y responsabilidad para ejercer el poder, desde, por y en Ávila, esa tierra profunda, fría, seca, anclada en algún lugar remoto de la costumbre, la tradición, los santos y los cantos.

Un lugar, su lugar, el granero de votos, el reino inconquistable, su reducto de perfección y ejemplaridad ante las adversidades que los suyos sufrían en otros lugares.

    
Eran los Aznar, los Acebes, los Sebastián, los Agustín, los Diaz de Mera y los Pablos. Todos ellos ejemplo de compromiso y dedicación por su tierra y sus gentes.

 

Toda la vida, todos, presumieron de su perfección, su superioridad, su responsabilidad, su eficacia, su visión de estado y su despotismo ilustrado para hacer de su actividad política un ejemplo a seguir por el resto, siempre inferiores y desposeídos del apoyo necesario que la democracia, su democracia, les otorgaba en las urnas.

 

Siempre superiores en número, como un ejército bien uniformado, disciplinado, fiel al líder, a los líderes. Capaces de todo frente a todo. Imposible de vencer. Siempre con la verdad de su lado, y el buen hacer impecable.

 

Pero lo que más y mejor les caracterizó era su honorabilidad y su honradez, causas irrefutables de sus logros, y de haber llegado hasta donde consiguieron, siempre a favor de lo mejor para los ciudadanos, porque estar en política tiene una carga fundamental de estar al servicio público, que sólo ellos asumían con suficiente categoría.

 

Aznar llegó al Congreso desde Ávila, y su legado como Presidente del Gobierno fue meternos en una guerra. Hoy es sospechoso de negocios con la Libia de Gadaffi.

 

Acebes fue ascendiendo, de alcalde de la piqueta, tras conseguir que se demoliera la Real Fábrica de Algodón, llegó a ministro del Interior y a mentiroso mayor del reino durante la gestión de los atentados del 11M. Hoy está imputado en el caso Bankia y en los “papeles de Bárcenas”.

 

Sebastián tras llegar de rebote a la presidencia de la Diputación Provincial y de Caja de Ávila, dejó su capacidad caciquil durante años, por un escaño en el Congreso. Hoy es sospechoso de mediar para la contratación de un servicio de basuras en Toledo.

 

Agustín pasó de ser el segundo de Sebastián, a “topamí” presidiendo la Diputación Provincial y Caja de Ávila, y cobrando hasta 13 sueldos. Hoy está imputado en el caso Bankia.

 

Díaz de Mera va y viene, eurodiputado, alcalde, senador, director de la policía, y de nuevo eurodiputado, pasó por los tribunales durante el juicio del 11 M.

 

Pablo, el cunero, colocado en Ávila por Aznar como diputado en el Congreso, es gran admirador de todos los anteriores y no se le conoce hazaña por estas tierras, aunque sí en la Libia de Gadaffi junto a Aznar.

 

Y a todos ellos, les acompañaban los palmeros y admiradores, que sin llegar a volar tan alto como aquellos ángeles, aspiraban a ello y hacían méritos y alabanzas para encontrar su lugar en el cielo, eran los Antolines y los García Nieto. El primero, Antolín, Presidente Provincial del PP, alcalde frustrado en su día y Senador. El segundo, García Nieto, alcalde de Ávila de rebote y reenganchado al cargo sin hueco para otra salida. Ambos abonados al respeto a sus compañeros y defensores incansables de su honradez y ejemplaridad.

 

Algunos nunca nos fiamos, siempre sospechamos de ellos, nunca les apoyamos y siempre les cuestionamos.

 

Hoy ese cielo azul de perfección, gaviotas y ángeles, nos revela el engaño: los ejemplares son miserables y sus hazañas meros logros personales. Traidores de su gente, de su tierra, de su ejército, de su discurso, de su ejemplaridad.

 

Deberán ser los suyos, los que les dieron su confianza, los que hoy se sienten engañados y estafados, esa mayoría silenciosa que siempre les acogió, aplaudió y votó,  en definitiva, los que les hicieron ángeles, quienes ahora les pongan en su sitio y les expulsen al infierno como demonios.  ¿Lo harán?


José Alberto Novoa
Coordinador Provincial de Izquierda Unida en Ávila