¿Cómo disfrutar más de la vida y durante más tiempo?

Mariano Choliz (izq.) y Enrique García Fernández-Abascal

La respuesta se la ha dado hoy a sus 40 alumnos Enrique García Fernández-Abascal, catedrático de Psicología y director del curso ‘Técnicas para fomentar el afecto positivo’ de la UNED: “esquivando los miedos, las obligaciones desagradables y los cabreos que acaban por avinagrarnos el carácter”.

Lo primero es seleccionar de entre todos los caminos que pueden seguirse aquel que producirá más placer. “Puedo decidir si voy o no a Ávila a dirigir un curso de verano. Sé que allí voy a encontrarme con colegas de profesión y profesores de otras disciplinas de los que aprenderé cosas y a los que podré orientar en otras. Que después de un largo año académico supondrá un punto y aparte y la posibilidad de conocer a alumnos con los que solo he contactado vía correo electrónico y corrección de exámenes. Así que decido que sí. Que voy a dirigir este curso de verano”.


Una vez elegido el camino, habrá que modificar las condiciones del lugar con aquellas circunstancias que producirán más confort. “Si he decidido ver una película puedo ir al cine solo o con amigos. Si voy con amigos podré charlar con ellos de cosas importantes o intrascendentes a la entrada y a la salida, podré comentar lo mejor y lo peor de la película… Así que decido ir con amigos”.


Una vez ubicados en la situación concreta, ha de optarse por las condiciones a las que se prestan o no atención. “En el cine, puedo atender a la historia que se cuenta en pantalla o a aquel sujeto que un par de butacas más atrás come palomitas incansable y ruidosamente. Puedo centrarme en el sonido y cabrearme o iniciar una discusión que me amargue la tarde. Así que decido obviar lo malo y atender a lo bueno, a las imágenes, la iluminación, la música la fotografía, la interpretación de los actores…“


Llega el momento final de poner una etiqueta emocional al conjunto de decisiones adoptadas, que permitirá interiorizar la actividad como algo positivo o negativo. “He conseguido organizar el curso de Ávila. Tengo cuatro decenas de estudiantes de psicología, profesores, sanitarios, pendientes de todo lo que vamos a enseñarles estos días. Tengo colegas entregados a transmitirles esos conocimientos. He logrado superar todas las trabas que nos ha puesto una economía maltrecha y unas condiciones laborales inciertas. Hasta hemos superado las dificultades de un clima que dejó preso varias horas a un profesor en un tren detenido por la lluvia y la tormenta.  Así que voy a celebrar que este curso de verano no será uno más, será fantástico, el mejor de mi vida”.


Pero Enrique García Fernández-Abascal sabe que esta fórmula para disfrutar más de la vida no siempre es fácil de aplicar. Cuando el mundo se nos pone cuesta arriba, también hay una técnica para afrontar la remontada. “Hay que pensar lo que habría ocurrido si la decisión hubiera sido justo la contraria. Si yo no hubiera venido a Ávila, si no hubiera organizado el curso, simplemente no habría tenido un punto y seguido feliz para el verano”.

 


El poder de la sonrisa


Pero una buena construcción de una emoción positiva no es completa si no se expresa, si no se comunica y se hace partícipe de ella al círculo próximo del grupo que nos rodea. Y la mejor forma de hacerlo es sonriendo y abrazando. “Somos seres cariñosos por naturaleza, aunque siempre haya excepciones. Pero la sonrisa y el abrazo son garantía de bienestar emocional”, ha recordado García Fernández-Abascal.


Mariano Chóliz, el experto en sonrisas que este jueves ha impartido su conferencia a los estudiantes, ha señalado que la sonrisa y la caricia “no son exclusivas de los seres humanos”, ya que “lo comparten con nosotros los grandes primates, por ejemplo, pero sí son en todas las especies igual de efectivas”.


Sonrisa y caricias son, desde la cuna, armas desocialización, generadoras de bienestar y de poder. “Desde que somos bebés, utilizamos la sonrisa para tener poder sobre los demás. Si no, fíjense en la cantidad de monerías que llega a hacer un padre para arrancarle la sonrisa a su hijo”, ha señalado Chóliz.


La expresión de emociones afectivas es un arma definitiva que nos permite disfrutar la vida más intensamente y durante más tiempo. La fórmula para fomentarlas ha sido el regalo de este verano del profesor Fernández – Abascal. Pero hay más: “la expresión del afecto puede ser de tú a tú o a través de esas nuevas herramientas que se han impuesto en nuestro sistema de comunicación, las redes sociales”. Quizá esa investigación sea su regalo del año próximo.