Cincuenta peregrinos del arciprestazgo de Fontiveros visitaron la tumba de Santa Teresa en Alba de Tormes

Foto de familia de los peregrinos del arciprestazgo de Fontiveros en Alba de Tormes.

EL V Centenario del Nacimiento de santa Teresa de Ávila se está viviendo con intensidad en muchos de los pueblos de la provincia, muchos de ellos de la Moraña, ya que por esta zona pasó en varias ocasiones la mística abulense y un cariño especial tendría a ella al ser la cuna de Juan de la Cruz, su confesor y primer carmelita descalzo como ella lo fue en descalza.

El arciprestazgo de Fontiveros viene desarrollando varias actividades en este año que hacen recordar lo que supone tener como modelos a los dos santos. Si ya peregrinó a Duruelo, lugar de la primera fundación de la rama masculina de la descalcez, y acogió en Fontiveros la reliquia-bastón de la santa en su “camino de luz”,  tocaba el turno, ahora, de peregrinar a la tumba de santa Teresa en Alba de Tormes.

 

La localidad salmantina, unida a Ávila en la ruta teresiana 'De la Cuna al sepulcro', ruta que transcurre en gran parte de su recorrido por este arciprestazgo y comarca, recibió a los 50 peregrinos con un día caluroso, casi sofocante.

 

Después de visitar la sede que la exposición 'Teresa, maestra de oración' de Las Edades del Hombre, pudieron contemplar la espectacular iglesia medieval de San Juan, sede de la exposición, saboreando el contrapunto entre las esculturas modernas y la imaginería de los siglos XII a XVI que se conserva en esta iglesia mudéjar.

 

El momento principal de la peregrinación llegó cuando los peregrinos visitaron el sepulcro de Santa Teresa situado en la Iglesia de la Anunciación de las Madres Carmelitas. Allí, además, participaron en la misa del peregrino, junto a los llegados a Alba desde varias provincias andaluzas.

 

Ya por en la tarde, pudieron contemplar las maravillas artísticas donadas por devoción a  la Santa de Ávila custodiadas por las carmelitas durante siglos y que ahora se exponen en el nuevo Museo CARMUS. Una jornada en la que el calor ambiental no hizo mella en el calor que los peregrinos sienten al llegar a este lugar tan querido para “la gran paisana y andariega”.