Chris Froome, el campeón que viene

El británica puede abrir una era. 

 

 

El ciclista británico Chris Froome (Sky) se ha adjudicado la victoria final en el Tour de Francia por delante del colombiano Nairo Quintana y del español Joaquim Rodríguez y augura desde París que, a sus 28 años, todo lo que pase en los próximos años en el Tour podría girar en torno a él.

 

En esta edición número 100 de la carrera francesa, Froome ha mostrado una superioridad incontestable sobre sus rivales. El inglés de origen keniata ha cerrado el Tour en números de la época de Lance Armstrong. Los 5:03 de ventaja con los que ha llegado a París Froome sobre Quintana suponen la mayor ventaja en una general desde 2004, cuando Armstrong (posteriormente sancionado) aventajó en más de seis minutos al alemán Andreas Kloeden.

 

Y es que Froome es, seguramente, el mayor dominador del último lustro en el Tour. Es el mejor subiendo y en contrarreloj. El de Nairobi domina las artes del ciclismo en las que se establecen las diferencias de manera abrumadora. Quizá las etapas de los Alpes han servido para asentar a Quintana como su gran rival para el futuro. Pero aún, en un cómputo global de tres semanas, parece que la distancia es grande.

 

El inglés, eso si, ha mostrado una debilidad. Su ambición por arrasar en todas las etapas ha sido su peor enemigo en carrera. Para ser perfecto debe mejorar su visión de las etapas. No salir a ataques a 100 kilómetros o evitar exhibiciones innecesarias son sus "puntos débiles". Y es que, aún con su aplastante victoria, el inglés necesita adquirir ese punto extra de madurez para seguir triunfando en las grandes.

 

Froome nació y creció en Kenia, tierra de grandes atletas. Pero su país le puso una traba en su infancia en forma de una enfermedad, la Schistosomiasis, provocada por la picadura de un insecto. Ese hecho no pudo con él y se quedó en un episodio más de su vida.

 

Con todo, esta victoria podría no haber sido la primera si el británico no hubiera respetado la jerarquía de su compatriota Bradley Wiggins en el pasado Tour. En las carreteras galas quedó en evidencia que Froome era más fuerte que su jefe de filas, pero Froome demostró su nivel de profesionalidad y acabó el Tour en segunda posición.

 

Antes que en Francia, Froome ya había destacado en la Vuelta a España. En el año 2011, el británico luchó hasta el final por el jersey rojo y solo se vio superado por el cántabro Juanjo Cobo. Por entonces, esa irrupción era más una sorpresa que una sospecha de lo que esperaba al mundo del ciclismo.

 

Para confirmarse, y ya mostrada su fuerza en el Tour de 2012, Froome intentó por segunda vez coronarse en Madrid. Pero en la montañosa edición de la vuelta del año pasado, el inglés fue superado por el trío de españoles formado por Contador, Valverde y Purito Rodríguez.

 

Y en este 2013, el del Sky ha estado intratable desde el inicio de la temporada hasta el Tour de Francia. A la victoria en París, hay que sumarle las logradas en la general del Tour de Omán, el Critérium Internacional, el Tour de Romandía y la Dauphiné Liberé. Froome ha sido el mejor desde febrero hasta junio.

 

El año que viene tendrá el siempre difícil reto de repetir victoria. Algo que nadie hace desde Induráin. Nadie, al menos, que no haya sido sancionado. Una sospecha de dopaje con la que ya ha convivido y tendrá que convivir Froome. Ya en este Tour se ha puesto la mira de las especulaciones sobre él y tendrá que competir también con las injurias en su camino a la grandeza. Pero Froome está listo: la historia le espera y pude ser el campeón que abra una nueva era, el campeón que viene.