Carta del Obispo de Ávila con motivo de la celebración del Corpus Christi

El Obispo de Ávila, Jesús García Burillo, envia a la Diócesis de Ávila su carta semanal, referida en esta ocasión a la solemnidad del Corpus Christi.

Queridos diocesanos:

 

Celebramos con júbilo la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, fiesta del misterio eucarístico. En él ha querido quedarse el Señor y por eso, asombrados, lo alabamos, le bendecimos y le damos gracias. Lo tenemos muy cerca de nuestros hogares, de nuestros lugares de trabajo; distinguimos por todas partes la silueta de un campanario y sabemos que allí, en el sagrario, Cristo mismo está presente. Jesús nos espera en silencio y ofrenda permanente.

 

San Juan Pablo II en su carta Dominicae Cenae nos decía: «el culto eucarístico constituye el alma de toda la vida cristiana. En efecto, si la vida cristiana se manifiesta en el cumplimiento del principal mandamiento, es decir, en el amor a Dios y al prójimo, este amor encuentra su fuente precisamente en el Santísimo Sacramento, llamado generalmente Sacramento del amor».

 

Jesús Sacramentado sale hoy a nuestro encuentro. Nuestra querida ciudad de Ávila y otras muchas localidades de nuestra Diócesis celebraremos la tradicional procesión del Corpus Christi. El mismo Jesús, que recorrió los caminos de Galilea, en esta fiesta recorrerá las calles de nuestra ciudad. Como con los discípulos de Emaús, camina a nuestro lado, se hace el encontradizo. Los ojos del corazón, la mirada de la fe, nos descubren en la Hostia santa a Cristo revestido de humildad abismal y de amor infinito. Nos dice Santa Teresa: «Hele aquí compañero nuestro en el Santísimo Sacramento, que no parece fue en su mano apartarse de nosotros un momento».

 

No es extraño que en esta fiesta la Iglesia celebre también el día de la Caridad. La conexión entre Eucaristía y Caridad es esencial. Cristo entregado por amor a los hombres en la Eucaristía, nos invita a la entrega generosa al hermano «solo y desamparado». El servicio y atención a nuestro prójimo es continuidad de nuestra participación en la eucaristía; es más, es visualización y concreción de lo que aquí vivimos y experimentamos. Amamos a nuestro prójimo porque es Jesucristo, de hecho o en potencia. Amamos «en Cristo», es decir, como Él nos ama; con un carácter activo y fecundo, como un campo virgen cuajado de posibilidades, dispuesto a dar abundante fruto, como una esperanza por cumplirse.«El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quien amamos», nos recuerda la Santa.

 

Hoy nos unimos especialmente a Cáritas Diocesana, el rostro de la Iglesia que intenta paliar las necesidades de tantos hermanos nuestros con dificultades económicas, que se sienten solos o han sido atrapados por la pobreza y la exclusión social o son víctimas de la marginación. Nuestro reconocimiento sincero y nuestra oración por tantos voluntarios que, movidos por el Espíritu, entregan su tiempo y gastan sus energías, poniendo en medio de tantas situaciones de injusticia y desigualdad una palabra que ilumina y devuelve la esperanza a quienes carecen de energías para seguir luchando. Contemplemos hoy el rostro de Cristo por las calles para poder reconocerlo también en aquel que demanda nuestra ayuda. En él está Dios, es un miembro del Cuerpo de Cristo, es valioso y digno de amor.

 

Procurar la manutención a una familia numerosa amenazada de pobreza, dar limosna a quien la necesita o ayudar en el pago del alquiler de la vivienda son concreciones del amor, ciertamente. Pero el cariño que damos a quienes a nosotros se acercan, la alegría con que compartimos la vida, la amistad que ofrecemos, la escucha atenta, el afecto que demostramos a diario, también son expresión de un amor que las personas legítimamente apetecemos. Hoy comparto con vosotros las palabras de san Juan de la Cruz: «Donde no hay amor, ponga amor y sacará amor».

 

En María tenemos el ejemplo de amor a Jesús y de entrega a los hermanos. Durante nueve meses albergó en su seno al Amor y dándole a luz lo entregó al mundo. Que ella nos bendiga y nos guarde.