Carlos Soria visita Nepal un año después del gran terremoto

El terremoto supuso una experiencia de la que no quieren olvidarse. Casi doce meses después, y con motivo de su regreso a Nepal para intentar de nuevo coronar el Annapurna, Carlos Soria visitó en Katmandú algunos de los lugares más devastados por el seísmo.

Hace justo un año, el sábado 25 de abril de 2015 al filo del mediodía local, Nepal sufrió uno de los terremotos más devastadores de su historia. Y allí, en el corazón del Himalaya, a los 4.200 metros de altitud del Campo Base del Annapurna, la Expedición BBVA liderada por Carlos Soria vivió con estupor cómo la montaña bajo sus pies se estremecía. Un movimiento de tierra de tal magnitud que el alpinista abulense no había visto nada similar en sus 77 años de vida. Incluso le asustó, cosa nada fácil en un hombre que se juega la vida todos los años.

 

De repente, empezó a temblar todo, nos miramos unos a otros, y mi compañero Sito, que es geólogo, rápidamente nos confirmó que aquello había sido un terremoto de los grandes”, recuerda Carlos Soria. “Tuvimos suerte, porque quizás un Campo Base es el lugar más seguro para vivir una cosa así. Luego pasó una semana hasta que pudimos marcharnos, y aunque andábamos algo justos de comida, en ningún momento estuvimos en peligro y las autoridades españolas siempre estuvieron pendientes de nosotros”.

 

El terremoto supuso una experiencia de la que no quieren olvidarse. Casi doce meses después, y con motivo de su regreso a Nepal para intentar de nuevo coronar el Annapurna, Carlos Soria y sus compañeros de la Expedición BBVA visitaron en Katmandú algunos de los lugares más devastados por el seísmo, entre ellos el campo de refugiados de la capital, aún repleto de familias cuyo porvenir está de momento en un limbo borroso y sin fechas.

 


"Es tremendo comprobar, un año después, cómo monumentos impresionantes han desaparecido completamente, quizás para siempre", comenta el alpinista ante los restos de la plaza Durbar. "Llevo viniendo a Nepal más de 40 años, y nunca me había sentido así, con el estómago tan encogido. Hace un año pasamos miedo y sufrimos por nuestros amigos nepalíes, pero ahora siento una tristeza enorme, porque veo el trabajo que queda por hacer. Hay que ayudar a Nepal con todo lo que se pueda".

 

En el campo de refugiados de Katmandú más de 500 familias se mantienen en una especie de poblado que ya cuenta con una escuela permanente, algunos huertos y chabolas con varias habitaciones, cocina y porche: indicios todos de que sus habitantes han perdido la esperanza, al menos momentáneamente, de regresar a sus pueblos de origen, casi todos en las regiones de Sindhulpalchok, Dolakha y Ghorka.

 

Carlos Soria, acompañado por el doctor Carlos Martínez, médico de la Expedición BBVA, y por el resto de sus compañeros de escalada, observó en primera persona las condiciones de vida de los refugiados, quienes reciben periódicamente cargamentos de agua y comida como principal forma de subsistencia: "Lo más impresionante es que no pierden el buen humor innato de la gente de Nepal. Nosotros en occidente nos ponemos nerviosos si no encontramos el móvil, y aquí asumen los problemas de forma increíble. Tenemos mucho que aprender".

 

A su regreso a España en 2015, el alpinista y uno de sus cámaras, Luis Miguel López, crearon la asociación Ayuda Directa Himalaya, una pequeña organización sin ánimo de lucro cuya misión es reconstruir escuelas en aldeas remotas, de las que gobiernos y ONG se suelen olvidar por ser pequeñas y de difícil acceso.

 

En un año ya han levantado tres edificios, y van a seguir echando una mano. "Mientras el cuerpo aguante espero seguir subiendo montañas, y ayudando a Nepal. Es lo mínimo después de tantos años de disfrutar de este país y de su gente".