“Cada anciano que muere es un libro abierto que se cierra”

El grupo Mayalde eleva las huellas de los antepasados charros a través de la música. Con varios discos y giras internacionales en su haber, siguen rescatando las raíces tradicionales salmantinas, ahora con una nueva gira por las ciudades de Patrimonio de España que comienza hoy en Segovia y se prolongará hasta mayo. Eusebio Mayalde reflexiona en esta entrevista para TRIBUNA sobre lo que hemos perdido como sociedad y hacia donde vamos. 

El grupo de música Mayalde surgió como un dúo allá por el año 1980. Desde entonces la pareja fundadora, Eusebio y Pilar, se dedica a rescatar los relatos y ritos de la débil cultura tradicional charra. Autóctonos de la provincia de Salamanca, de La Maya y Aldeatejada, su curiosidad por la música folclórica nació en ellos a través de los relatos de los mayores. Actualmente Mayalde está formado por los cuatro miembros de la familia, y entre padres e hijos luchan por mantener vivas estas historias a través del ritmo y el canto. Eusebio Mayalde reflexiona en esta entrevista para TRIBUNA sobre lo que hemos perdido como sociedad y hacia donde vamos.

 

¿Qué representa la música folclórica de Salamanca?

 

Es nuestro patrimonio inmaterial. Se conserva en el formato más frágil, que es la memoria. Cada anciano que muere es un libro abierto que se cierra. Curiosamente, nuestros conciertos sirven precisamente para demostrarle a los niños que sus abuelos no eran simples o tontos. Para enseñarles que había una enseñanza oral a través de la música y tenía un método. 

 

Ha conseguido sobrevivir incluso a situaciones muy adversas, como el franquismo. Sigue vivo por una razón fundamental: antes, la única manera de asegurarte de que tus hijos sobrevivieran era contándoles todo lo que tenías en la cabeza. Todo lo que sabías sobre cómo cultivar la tierra o cazar a un jabalí, se lo decías. Para evitar que estas vivencias no mueran contigo hace falta volcarlas en la memoria colectiva. Sobre todo a partir de cierta edad cada uno va contribuyendo a esta memoria colectiva.

 

¿Sigue existiendo esta tradición de transferir esa memoria colectiva?

 

Lo que sucede ahora es que hubo una generación que cuando quiso volcar esta memoria en los siguientes, ellos no quisieron saber de ella. Por primera vez en miles de años hubo un vacío, no había donde volcarla. Y entonces aparecimos Pilar y yo.

 

¿Cómo habéis ido rescatando y reconstruyendo las historias de los pueblos salmantinos?

 

La verdad es que fue fácil. Los mayores tenían muchísimas ganas de hablar, y no es que nosotros fuéramos investigadores y ellos los informantes, sino que eran nuestros abuelos. Escuchábamos todo lo que nos querían contar.

 

¿Cuál es la experiencia más impactante que has “recogido” hablando con los mayores salmantinos?

 

Yo tengo grabaciones hechas de gente muy pobre, gente que tenía muchos hijos y cada vez que me cuentan que algunas noches cenaban solo con un cucharón de caldo me impresiona. Muchas veces lo digo encima del escenario, que yo no quiero ni sospechar cuántos de los que estamos aquí esta tarde daban de cenar a sus hijos gracias a esto con lo que toco música, sin carne ni patatas dentro. Después de decir esto siempre hay unos silencios terroríficos.

 

Imagino que recibir esta información conlleva cierta responsabilidad de seguir compartiéndola…

 

Claro, la propia miradade esa gente indicaba que lo que me contaban era con la condición de que yo siguiera cultivando la línea. Nos han pasado esa memoria y tenemos mucha suerte de tener mucha gente, a través de muchos conciertos, a quien volcarla.

 

¿Cómo compartís estos conocimientos?

 

Yo no sé si es por la crisis, pero creo que la gente se está dando cuenta de que nos falta algo. Enseñar cómo sus abuelos daban de comer a su familia en otros momentos de crisis, eso es lo que hacemos. Esto es lo que se ha convertido en nuestro trabajo y nuestra droga. Lo peor que ha pasado al ser humano ha sido enseñarle a  no hacer nada, el concepto de darle dinero, mucho o poco, en lugar de mostrarle cómo vivir por sí mismo. Todo esta información está en nuestras canciones. Son mensajes que vamos dejando en versos.

 

Yo siempre digo después de cada concierto que después de esta verdad que tienes ahora, vayas donde vayas, ya nunca más puedes utilizar la ignorancia para no contarle al siguiente esta parte de tu historia que nunca se escribió. Ahora que lo sabes, confío en ti para que siga viva y, si se muere, tú ya tienes una parte de la culpa. Es así, en el momento que tú conoces algo de tu herencia, tienes que pasarlo al siguiente. Esa obligación te cae por ley natural.

 

¿Te acuerdas de vuestro primer concierto?

 

Pues sí, aquello fue muy bonito. En una finca en un campo charro, era una reunión de chapistas y alguien nos preguntó si queríamos ir y que lleváramos algún instrumento. Después de la comida cantamos tres o cuatro cosas y alguien me cogió el caldero y lo pasó. Eso fue el primer concierto que cobramos.

 

¿Cómo se vive ahora un concierto de Mayalde?

 

A mi me da la sensación de que haciendo siempre lo mismo, la gente sigue viéndolo de otra manera. La gente te sigue e incluso hay gente que dice que es como una droga, ya sabe lo que vamos a tocar pero algo le hace seguir viniendo. Vienen con su familia o amigos que nunca nos han visto y al final esa persona que ha venido a 50 conciertos de Mayalde acaba haciendo de intérprete también hacia los que nunca han venido. Además la tradición está basada en repetir constantemente.

 

En estas canciones soléis utilizar unos instrumentos muy cotidianos, ¿cuál es el más curioso con el que trabajáis?

 

Pues es difícil de determinar, tenemos muchos, pero quizás el que más llama la atención es un charrasco carnero. Es un instrumento  que recuperamos que es esencialmente un palo con una cuerda y una calavera de un canero. Con esto se hace el sonido de los pasos de un caballo. El galope de caballo es fundamental en la música charra y está presente en la música tradicional de prácticamente todas las partes del mundo. Antes, la gente se pasaba toda la vida subida a caballo con poca comida y muchas horas oyendo este ritmo. Entonces pasa a ser un elemento fundamental de la música folclórica.

 

¿Cómo comparas nuestra sociedad actual con la que representáis en vuestras actuaciones?

 

No sé donde vamos a llegar, pero sí se de donde hemos venido. Sinceramente estoy deseando que haya más crisis para darnos cuenta de hacia donde íbamos. Estos años locos que hemos tenido que todo el mundo quería tener coches y más casas. ¡Pero si el secreto de la vida sigue aquí en el mismo sitio! En esa conversación compartida viendo las hojas caer o el sol amanecer.

 

La belleza de las cosas casi siempre es gratis. Las puestas de sol son increíbles y son gratis. Es un regalo. Me da mucha pena porque nos han metido en la cabeza que si algo no cuesta dinero entonces no tiene valor, y no es así.

 

¿Hemos perdido el sentimiento de la comunidad más cercana en una época cada vez más globalizada?

 

Creo que cada vez estamos más y menos conectados. Incluso en una cena con amigos míos he tendido que pedirles que dejaran los móviles mientras comíamos. Estamos perdiendo todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

 

En cuanto a la música, la gente suele pensar que lo más viejo es lo más simple. Pero todo eso que nació aquí que parece tan especial, de Salamanca, la música charra, se parece a la música de los pueblos de muchos otros países. Para mi, cuanto más atrás vamos en nuestra pequeñísima historia, más conectados estamos. En el principio, todos los que pasaban hambre tocaban una caldera, todo el mundo montaba a caballo... eran elementos comunes. La conexión hacia atrás es lo que conecta mejor a todo el mundo.

 

¿Crees que a través de giras como la que haréis por las ciudades de Patrimonio de la Humanidad, se puede rescatar a las raíces charras?

 

Se ha muerto el rito de esto, y cuando se mueren los ritos…Un escenario es un vehículo para seguir contando cosas, pero cuando se muere las esencia de la cosa en sí… El teatro ha salvado muchas cosas. Es una especie de mentira porque lo estás viviendo en un escenario, pero mientras que haya gente que también siente que lo está viviendo allí abajo por unos instantes, le trasladas a otro momento.

 

¿Está muriendo este estilo de música?

 

Está claro que se muere, se está muriendo. Hay gente que piensa que si escribimos no muere, pero yo creo que sí. Creo que son dos mundos diferentes el de la palabra y el de la escritura. Solemos poner el ejemplo de que alguien se encuentra con el último gorrión y dice: “Lo voy a salvar” y lo mete en una jaula, y a los dos días muere dentro de la jaula. En tu ignorancia, queriendo salvarlo lo has matado, tiene que ser libre.

Mi teoría es que esto ha de morir, pero hay que matarle a besos y no a hostias. Para intentar salvar esto hay gente que mete este estilo de música dentro del “saco” de música celta y acaba perdiendo sus particularidades a favor de las generalidades.