Ante el asalto al Congreso

Post de la Plataforma de Ávila por el Derecho a Vivir

Indignación. Esa es la palabra para definir los sentimientos que inundan a los voluntarios de la plataforma Ávila por el Derecho a Vivir tras conocer el lamentable suceso que han protagonizado tres sujetas en el Congreso. Tres feministas radicales que se quedan en cueros, o casi, en Madrid, y solo por eso van a salir en las noticias de mediodía, de la noche y en todos los partes informativos de las principales emisoras de radio. ¿Y por qué? Pues porque son abortistas, de esas que piden (aún) más facilidad, más medios, una mayor aquiescencia gubernamental y de la justicia para seguir asesinando a sus propios hijos cuando “vengan de forma inesperada”.


“Como todo el mundo sabe, los embarazos son como los constipados, que llegan de repente y uno no sabe dónde se los ha cogido”, declara irónicamente Cecilia Real, coordinadora de la plataforma provida. Pero lo más sangrante, y nunca mejor dicho, es que esas tres mujeres no han hecho nada para ganarse ese minutito de gloria, nada más que quedarse como el día en que sus madres (ya pueden estarles agradecidas, comenta Real) las parieron, o sea, como sus propios hijos estarían, si les dejaran, el día de su nacimiento, y gracias a eso todos podemos ver el vídeo en directo, cómo no, en cualquier portal de internet.


No es noticia un niño o una niña que nace, con esas manitas tan lindas y tan pequeñitas, con ese aire de indefensión que empuja irresistiblemente a cualquiera con un poquito de humanidad a darle cariño, calor y todo lo que necesite. Pero ese niño o niña, cuya vida sí debería ser sagrada (“Digno de veneración y respeto”, según el Diccionario de la RAE) para cualquier legislador, es el mismo ya esté en las entrañas de estas señoras o de cualquier otra mujer; la diferencia está en que esas, al parecer, “no saben de dónde viene” y, “como no lo han elegido”, pretenden ganarse el derecho a masacrarlo y deshacerse de él o de ella (porque será pequeñito, pero ya es un “él” o una “ella”), y, por supuesto, sin ningún esfuerzo por su parte, porque ya se lo estamos subvencionando todos los españolitos con nuestros impuestos.


Sería lamentable, concluye Real, “que tres tías indecentes, que no tienen argumentos científicos, legales, sociales o de ningún otro tipo, y cuyo minuto de gloria no debería servir más que para que algún director de pelis porno decida si su ‘pechonalidad’ se ajusta a su próxima superproducción, recibieran más publicidad y atención pública y mediática que los cientos de miles de ciudadanos que, pacíficamente, no nos desnudamos, pero sí nos dejamos la piel recogiendo firmas (más de 700 llevamos ya en la campaña ‘Uno de nosotros’ en Ávila, no sé cuántos miles llevarán en Madrid o Barcelona, y más de un millón, de momento, en toda Europa) u organizando actos que, eso sí, pagamos de nuestro bolsillo todos los pro-vidas”, como las concentraciones que recorrerán las principales ciudades de España el próximo 17 de noviembre, para defender a las madres y a estos niños que, sencillamente, y como todos nosotros, tienen derecho a nacer.

 

Cecilia Real Rodríguez
Coordinadora de Ávila por el Derecho a Vivir