Animales como terapia, compañeros en la enfermedad

Las terapias asistidas con animales han alcanzado el rango de ciencia.

Caballos, perros y gatos han acompañado y convivido con el hombre a lo largo de su historia. Las terapias asistidas con animales han alcanzado el rango de ciencia y ocupan un espacio cada vez mayor entre las técnicas tradicionales de abordaje de patologías emocionales y físicas.

 

Al igual que sucede en el ámbito médico más tradicional, los animales ayudan en el abordaje de los trastornos físicos y emocionales de forma diferente. La psicoterapia con animales engloba trastornos asociados a la depresión, la ansiedad, las adicciones o la alimentación y exige la participación de psiquiatras y psicólogos.

 

En el ámbito donde lo físico es determinante, como en el autismo, el síndrome de Down o la discapacidad motora, los especialistas implicados pertenecen al ámbito de la fisioterapia, las terapias ocupacionales o la psicopedagogía. La figura del veterinario es también clave en estos equipos multidisciplinares.

 

Según indica Isabel Salama, presidenta honoraria de la Asociación Española de Terapias Asistidas con Animales y Naturaleza (AETANA) y psicóloga clínica, los terapeutas requieren una formación científica y ser 'estudiantes perpetuos' porque cada caso debe ser analizado detenidamente antes de ser abordado con el animal más idóneo.

 

Salama, que desde su consulta de psicoterapia promueve el uso de animales en determinados casos, destaca que es importante dejar claro que los animales no son los terapeutas y que no curan. Los caballos, perros y gatos que participan en estos tratamientos alivian con su cariño las afecciones y participan en la mejoría de los pacientes.

 

Sobre sus características, Salama explica que deben ser escogidos desde su nacimiento, teniendo en cuenta el lugar jerárquico que ocupan en la manada. Los más adecuados son los pequeños menos dominantes y reactivos entre sus iguales. Desde que son seleccionados pasan por un entrenamiento continuo en el que se utiliza el adiestramiento en positivo, carente de presiones y basado en la compasión y el cariño.

 

Estos animales deben estar sobre todo preparados ante cualquier incidencia durante la terapia. La docilidad y baja reactividad, así como la existencia de una comunicación fluida entre animal y terapeuta, permiten resolver las situaciones inesperadas que se presentan durante las sesiones.

 

El uso de terapias asistidas con animales comenzó a profesionalizarse a mediados de los años 90 del pasado siglo y aunque Salama señala que la demanda ha ido creciendo con los años también admite que siguen siendo más los profesionales que se interesan por formarse como terapeutas que aquellos que buscan un tratamiento.

 

En este sentido, esta pionera y formadora en terapias con animales explica que quienes más acuden a las consultas en busca de estos tratamientos coadyuvantes son padres que intentan por todos los medios mejorar los trastornos físicos o emocionales de sus hijos.

 

El futuro de esta ciencia pasa por la puesta en marcha de centros profesionalizados en los que los pacientes puedan convivir con los animales durante estancias cortas, actuaciones que podrían ser especialmente eficaces en los casos de drogodependencia, concluye Salama.