Alumnas de Enfermería de la UCAV viajan a Camerún como voluntarias sanitarias

Cinco alumnas del Grado en Enfermería, acompañadas por la profesora Carmen Mª Chivite, realizaron un viaje de voluntariado a Camerún durante el verano para cumplir con las necesidades sociales y sanitarias de este país, principalmente en el hospital San Vicente de Paúl, de las Hijas de la Caridad, donde atendieron los servicios de medicina interna, maternidad, y atención a pacientes con VIH

Por las tardes tuvieron la oportunidad de visitar familias y mostrar su ayuda al centro de discapacitados físicos y psíquicos. La iniciativa se puso en marcha el verano pasado y surgió como una opción de Misiones donde poder desarrollar el lado humano, afectivo y espiritual de los alumnos de Enfermería de la Universidad de Ávila para completar la formación integral del alumno en todos los campos.

 

Desde la UCAV se da la oportunidad a los alumnos de realizar este tipo de experiencias de voluntariado durante todo el curso para su enriquecimiento personal y, en este caso, orientados a la práctica de sus estudios de Enfermería. “Para su vida es un cambio al ver una realidad y cultura muy distinta”, asegura Carmen Chivite. Allí con muy pocas cosas son felices, incluso más que nosotros. Para las alumnas de enfermería ha sido una oportunidad de conocer una "nueva forma de trabajo", en la que mantienen la mejor calidad de asistencia con pocos recursos materiales.

 

Este viaje forma parte de la formación integral de la UCAV. Una gran aportación al alumno y a la sociedad. “Al alumno al poder sacar lo mejor de sí, cualidades o fuerzas que incluso no conocía, y a ponerlas al servicio de los demás”, es decir, “le va construyendo como persona”. Y a la sociedad porque “las estructuras se reforman si cada uno de nosotros nos reformamos”, añade Chivite.

 

Las tareas de voluntariado en este país nacen a través del Instituto Secular Cruzadas de Santa María, gestor de la UCAV, tras la petición que recibió de una chica camerunesa. En 2007 realizaron las primeras visitas a Camerún y comprobaron las necesidades sociales que existían, entre ellas la falta de escolarización de los niños por falta de recursos económicos, así como por la situación sanitaria.

 

Crónica de una alumna. Por Cristina Pérez

Comenzamos nuestro voluntariado el día 5 de julio un grupo formado por cinco alumnas de 2º de Enfermería de la Universidad Católica de Ávila: Lucía Sánchez, Sara Jiménez, Rocío Jiménez, Miriam Canales y Cristina Pérez, y una profesora de la misma Carmen Mª Chivite, cargadas de ilusión y ganas, muchas ganas de ayudar.

 

Desde el mismo momento en que aterrizamos en Douala (Camerún) empezamos a ser conscientes de la realidad tan diferente que empezaríamos a vivir. Desde esta ciudad emprendimos un largo viaje de seis horas en coche hasta Dschang, ciudad en la que empezaríamos nuestras labores como voluntarias en el Hospital San Vicente de Paúl, donde rotaríamos por los servicios de medicina interna, consulta prenatal y maternidad, además del centro de Dream, especializado en pacientes con sida.

 

La pobreza y la escasez de recursos hacen de la rutina diaria un modo muy diferente al que acostumbramos en España. La mañana empieza en el hospital a las 7h y 30 minutos. La paciencia y tranquilidad tanto de sus habitantes como del personal sanitario fueron unas de las cosas que más nos llamaron la atención, el valor del tiempo en este país difiere mucho del que tenemos en España.

 

Las tardes las pasábamos visitando a los enfermos en sus domicilios acompañadas por una de las hermana de la caridad (Seur Vivian) y compaginándolo con la visita a un centro dediscapacitados que pertenecía a las mismas. Las visitas a este centro a menudo nos resultaban bastante duras. (En África los niños con discapacidad son abandonados por sus familias). Ayudábamos con el aseo, la comida y participábamos en actividades lúdicas con estos niños.

 

 Pero nuestra experiencia no se puede reducir sólo a las labores que allí realizábamos. Todas las tardes y sin excepción alguna recibíamos la visita de unos niños que día a día fueron ganándonos a todas y cada una de nosotras, lo que creemos fue la mecha que dio comienzo al sentido de nuestro viaje.

 

Y cuando por fin te haces a este estilo de vida, cuando nuestra vida empezó a tomar ritmo africano, cuando escuchar la palabra “blanc” y sentir revuelos por nuestra presencia ya no nos sorprendía, cuando los insectos, la falta de luz, las mosquiteras…ya no eran ningún impedimento, fue entonces cuando teníamos que abandonar Dschang para regresar a España. Para la mayoría de nosotras fue más difícil abandonar este país que el nuestro propio, pues Camerún ha llenado nuestras vidas en tan sólo 21 días.