Un poco es mucho

A los ojos de cualquiera de nosotros (gente normal, con un trabajo normal, con una vida normal) es difícil cuantificar la pobreza que nos rodea, simplemente porque no la percibimos, a excepción de los individuos que nos encontramos pidiendo en las calles más concurridas o a la puerta de algunos establecimientos. 

En realidad, conocemos muy poco de los estragos que la crisis económica ha dejado en nuestra propia ciudad. Nos llegan algunos imputs, algunas noticias, pero, como ocurre con aquello que sale en televisión, todo nos parece lejano y las imágenes permanecen poco tiempo en nuestra cabeza, siendo rápidamente sustituidas por la siguiente información y, una y otra, acaban finalmente en el olvido.

 

En ocasiones surgen impulsos solidarios que, bien canalizados, ayudan sin duda a reparar estos daños, y muchos ciudadanos aportamos a ellos pese a que no conozcamos bien el destino real de nuestros esfuerzos o de nuestra colaboración; en realidad, nos mueve la idea general, ya sea ésta la lucha contra la pobreza, la salvación de enfermedades o la colaboración con el sistema público de hemodonación ante una catástrofe o un gran accidente.

 

Somos solidarios, tengo la certeza, pero nos hace falta, habitualmente, un cierto empujón. Soy plenamente consciente de estar generalizando, pues en la cercanía al Banco de Alimentos conozco notables ejemplos de solidaridad y compromiso social que no requieren de catástrofes ni de grandes peticiones ante la necesidad. No obstante, son sólo algunos ejemplos, de personas y sociedades (en sus muchas formas jurídicas) que ponen en valor lo "humano" que hay en todos nosotros.

 

Conste que no trato de poner en entredicho la respuesta que ante la pobreza estamos dando los españoles en estos tiempos. Al contrario, sinceramente creo que cualquier donación que reciben los Bancos de Alimentos es mucho; que cualquier ayuda que se presta a hogares desfavorecidos, ya sea con ropa, ya sea con medicamentos, incluso con juguetes llegada la Navidad, es mucho; que cualquier aportación económica, por pequeña que sea, en la Iglesia o en la calle, es mucho.

 

Lo que vengo a decir, si es que puedo decir algo, es que toda ayuda es agradecida y que el tiempo para prestarla no ha acabado. Quizás comience a parecer que todo va mejor en nuestro país, que todo va cambiando, que hay menos paro, más turismo, menos presión impositiva, mayor consumo... quizás... y corremos el peligro de que, entre noticias buenas, se diluya la única realidad que todavía persiste: La lucha contra la Pobreza es una batalla que la Humanidad no ha sabido aún ganar.

 

Por ello no podemos bajar la guardia. Ninguno de nosotros... Porque tu ayuda es mucho.

 

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