¿Los partidos ahora son políticos?

Los partidos políticos de hoy en día no me dan ninguna confianza. Llevan tras de sí una historia tan cargada de corruptelas, falsedades, mentiras y fracasos en su gestión que no soy capaz de confiar ya en ellos.

 

¿Tienen valores? No sé.

 

¿Tienen principios? No sé.

 

¿Tienen objetivos? Creo que uno, perdurar y seguir generando desde las administraciones sueldos y salarios para sus colaboradores más cercanos. Objetivos relacionados con el bien social, la erradicación de la pobreza, el pleno empleo o sentar las bases de una sociedad más justa, son sólo materia básica de tantas de sus mentiras un día tras otro.

 

Y no se salva ninguno, ni los partidos más antiguos ni los que están empezando, pues observo en éstos que sus gentes llevan también a la espalda años de chupar del frasco de la administración, ya sea desde la política (aunque fuera semi-radical) o desde la educación (trincando en las universidades subvenciones y sobresueldos).

 

No me gusta lo que veo.

 

Hace muchos años creí ver en algunos de estos partidos una pizca de interés por la sociedad. Hablo de la etapa que hemos dado en llamar La Transición. Incluso yo me dejé atrapar por esas buenas intenciones. Había que sacar al país de un largo letargo y abrir las puertas a una mejora social a través de una democracia participativa, que llevara a todas las casas de nuestro país libertad de acción, libertad de opinión,  libertad, justicia, igualdad de oportunidades.

 

Habíamos estado mucho tiempo encerrados en nosotros mismos. Nos habían dictado letra a letra lo que teníamos que hacer y la gran mayoría a la voz de “ar” lo cumplíamos. No había problemas para el que cumplía, eso es verdad. Si no querías problemas tampoco te les daban a ti. Éramos un cero a la izquierda y tampoco sumaba a la derecha.

 

Todo cambió, o al menos la plebe creímos que había cambiado, allá en aquel  diciembre de la Constitución.

 

Se vivió más o menos bien en aquellos primeros años que habíamos llamado de los principios democráticos,   con los unos y con los otros pues se fueron alternando, pues algunos lo hicieron  regular  pero los otros tampoco sacaban un diez, y por ello debemos decir que en este nuestros país se vivió medianamente bien y medianamente mal. Fuimos avanzando con la mirada al frente y con ilusión  y hemos llegado a hoy donde en poco tiempo es obligado que TODOS nos manifestemos. Que digamos lo que queremos pues ya somos suficientemente mayores para poder opinar con conocimiento de causa. Hoy conocemos lo que hay.  Hoy estamos preparados para  separar el grano de la paja… pues aunque bien es verdad que abunda mucho la paja también te digo que hay buen grano, aquí, allá y más allá.

 

Las circunstancias han cambiado mucho, me temo. Tras buenos años de trabajo en los que hay que reconocer a los partidos políticos acierto y dedicación, España es un país muy distinto al de antes, aunque no sé si podríamos decir que es más justo, más igualitario, más rico en oportunidades.

 

Quienes dedicaron sus esfuerzos a mejorar la vida de los demás fueron siendo apartados por otros que quisieron utilizar esas vía para mejorar sólo la suya, importándoles un bledo la de los demás. Y los partidos, todos, agujereados por tiparracos así, en lugar de poner a todos, por importantes que fueran, de patitas en la calle, han ido tapando con mentiras, dobles sentidos y desvergüenza todos estos ataques a los españoles para no perder su estatus y quedarse los de siempre.

 

Por eso hoy ninguno de ellos me ofrece confianza. Por eso hoy puede ganar las elecciones un partido que no es sino una estrategia de comunicación, de movimiento de las clases descontentas y personal antisistema, un partido que no es sino un aparato demagógico capaz de defender la dictadura más cruel  y hacer creer a tanto desnortado que aquel infierno es el camino para una nueva Europa. Nueva quizás, mejor ni de lejos. 

 

No me gustan los partidos políticos hoy.  

 

Ojalá sepamos todos recoger lo que queda de grano, que si que queda, y sembrarlo en buena tierra y que se cumpla la parábola que no caiga ese grano entre rastrojos, que no caiga en el camino… depositarla en buena tierra que aún queda mucha en esta nuestra España querida.

 

Y para ello nosotros los que somos pueblo tenemos la palabra. Es nuestro tiempo. No me gustan los partidos de hoy pero tenemos que participar en uno de ellos. ¿Cuál es el mejor?  El que tú digas, y mañana allá en mayo cuando el grano haya agarrado en tierra fértil, veremos si hemos acertado.

 

Tú querido amigo tienes la palabra. Hazte escuchar porque todos hemos de participar.

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