Janovoa original

Viceversa

Alberto Novoa

Nada será igual

 

Es necesario tenerlo claro para comprender lo que está pasando, y para aceptar la mejor salida a la situación de crisis que estamos viviendo: nada volverá a ser como lo conocido hasta el verano de 2007, el momento inmediatamente anterior al estallido de la crisis económica en la que nos encontramos.

Se acabó vivir del crédito, y se acabó pensar que esa situación idílica iba a ser eterna.

Y es necesario aceptar, que la situación de crisis que ahora azota al llamado mundo desarrollado, ha sido una crisis permanente desde hace décadas en decenas de países que conforman el mal llamado Tercer Mundo.

Por tanto lo que la tan cacareada globalización económica ha traído, ha sido más desastre, del que ya existía. De tal forma que conviene comenzar a tomar conciencia global de la situación para que la sacudida sea más llevadera.

El ajuste va a ser duro, brutal, pero el grado de brutalidad depende directamente de lo que los ciudadanos estemos dispuestos a dejarnos quitar, y de lo que estemos dispuestos a exigir para que no sean los de siempre los que salgan ganando, incluso en tiempos de crisis.

Cuanta menos resistencia planteemos la ciudadanía, más fácil le resultará a los mercados marcar sus salvajes reglas de juego. Su única pretensión es someterlo todo a su interés económico, y de momento, lo van consiguiendo con los gobiernos europeos. Les marcan las reformas que deben aplicar, en un claro ejemplo de intervencionismo económico sobre las democracias representativas.

Hoy se puede afirmar con rotundidad, sin riesgo a equivocarse, que la dictadura del Capital domina la capacidad de actuación que los Gobiernos, elegidos democráticamente, tienen sobre sus Estados, en una clara demostración de pérdida de soberanía, y por tanto, de una profunda crisis democrática, teniendo en cuenta que somos los ciudadanos los que elegimos a nuestros representantes, que en lugar de velar por los intereses del pueblo, lo que hacen es arrodillarse ante el poder financiero, los especuladores y la banca.

Los recortes sociales, la reforma laboral, el pensionazo, y todo lo que esté por llegar, indica claramente que lo que se pretende es desmantelar el llamado Estado de Bienestar conocido hasta la fecha. Ese en el que todos considerábamos como €œnormal€ que hubiera una sanidad pública, una educación pública, unas pensiones públicas, una ley de dependencia, unos servicios públicos, unas prestaciones sociales, etc. Todo eso, ahora, se ha convertido en objetivo de los mercados, y van a intentar por todos los medios, que deje de ser €œlo normal€. Lo público se ha convertido en apetitoso bocado para el insaciable estómago del capitalismo.

Si ante este panorama, la ciudadanía calla, estará otorgando legitimidad a los gobiernos para actuar según el dictado de los mercados, y a su vez, estará renunciando a todos los derechos que se han ido conquistando en los últimos años, y a todo lo público, es decir, a todo lo que era para todos, y que por tanto hacía su aportación para avanzar hacia la igualdad efectiva entre las personas.

La situación es complicada, sin duda, pero conviene comenzar a señalar a quienes han permitido en este tiempo que se llegue a la situación actual.

Han sido los sucesivos gobiernos conservadores y socialdemócratas de España, Europa y Estados Unidos, los que permitieron la bella época de la cultura del crédito y de las políticas ultraliberales que nos llevaron a la actual situación, y siguen siendo esos mismos gobiernos conservadores y socialdemócratas los que están aceptando las directrices del Fondo Monetario Internacional, para supuestamente salir de la crisis. Un organismo no democrático, porque no lo han elegido los ciudadanos, y formado por las mismas personas que en su día permitieron la especulación financiera que nos ha llevado al desastre de la economía real, el paro, los recortes sociales y la reforma laboral.

Por tanto, estamos ante una escenificación perversa, en el templo de la democracia, en la que los actores siguen siendo los mismos, y donde los ciudadanos somos espectadores de una obra que, si bien antes se proponía paradisíaca, ahora se muestra oscura y peligrosa.

La ciudadanía debe llegar, y debe hacerlo para quedarse. Ha llegado el momento de €œexpulsar a los mercaderes del templo€, de sacar de la escena a todos aquellos que despóticamente siguen señalando el camino de nuestra historia. Los ciudadanos tenemos que decir mucho en todo esto y debemos en la calle, acudiendo a las manifestaciones y a las concentraciones, mostrando de viva voz nuestro rechazo a los recortes económicos, a la salvación de la banca y la condena que todo ello supones para las generaciones futuras. Sólo con la movilización permanente, frenaremos la barbarie que impulsan los que se han revelado como traidores.

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