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Vecinos y vecinas

Chema Collados
Blog de Chema Collados. Fevesa. Salamanca

Fiestas sin accidentes

Si en algo destaca el mes de agosto es el incremento del número de fiestas que se celebran en los pueblos. De repente, municipios que apenas llegan a la centena de habitantes pasan a albergar a miles de personas haciendo recordar sus mejores tiempos y acercando a gente que durante el resto del año no se ven.

Sin embargo, cada año, en un lugar u en otro, algunas de estas fiestas tienen que ser desgraciadamente suspendidas a causa de algún accidente mortal como el que ha habido en el fin de semana pasado en el municipio salmantino de Casillas de Flores con el resultado de dos jóvenes fallecidos.

Nos guste o no, las fiestas de los pueblos están especialmente basadas en la ingesta de grandes cantidades de alcohol sobretodo entre los más jóvenes. Si a esto le añadimos la costumbre de acudir de fiesta en fiesta a los pueblos vecinos conforme van pasando los días, el resultado es un cóctel explosivo de alcohol y conducción con tremendas consecuencias.

Ante esta situación no debemos quedarnos con los brazos cruzados sino que tenemos que hacer frente a esta dura situación desde todos los niveles. Así, las propias personas que disfrutamos de estas fiestas debemos ser conscientes del peligro que entraña y ser capaces de buscar una solución. En los pueblos, el sentimiento de vecindad es más profundo que en la ciudad y las soluciones comunitarias deben partir de ahí intentando turnarse el conductor cada día para que esa persona se reserve para no beber, también podemos pedir a alguien que nos pase a recoger ya que habitualmente son apenas unos cuantos kilómetros y al fin y al cabo la gente está de vacaciones o, también, porqué no, juntar algo de dinero entre todos y pedir en taxi.

Por otra parte, las distintas administraciones deben hacerse cargo de la situación poniendo a disposición de la gente autobuses que den servicios especiales por este motivo con horarios y rutas acordes a lo que se demande. Además, es necesario más controles tanto de alcoholemia como de velocidad en nuestros pueblos en fiestas para evitar que la gente conduzca habiendo bebido y que, sobretodo, disuada a aquel que piense en hacerlo. Por último, se echan de menos campañas informativas específicas y concretas para evitar este tipo de siniestros que seguro algo ayudarían.

Esperemos que de este modo, con el esfuerzo de todos, nunca más tenga un pueblo que suspender unas fiestas por este motivo.

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