Alberto orfao original

Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

La 'fiesta' de la democracia

Al fin se ha terminado un período más, para mi gusto horroroso, de la vida del brasileño. Se trata, aunque parezca mentira, de las elecciones municipales y, según me han confirmado algunos habitantes del lugar, cualquier tipo de elecciones son de este estilo. Cualquiera que me conozca mínimamente podrá apreciar que siempre me ha gustado, y mucho, la política y que para nada desprecio cualquier tipo de la misma.

Sin embargo, la campaña electoral brasileña es otra cosa totalmente diferente. Se sale del mapa de nuestras elecciones varios miles de kilómetros. Para empezar, dura unos tres meses, aproximadamente, aunque estoy seguro de que ese tiempo no se cumple. Como podréis observar en mis próximos comentarios, el hecho de incumplir las ordenanzas electorales es algo perfectamente normal y que queda impune en la mayor parte de los casos.

Pues bien, yo, que llegué a Río de Janeiro hace algo más de dos meses, me encontré de lleno con calles repletas de carteles anunciando candidatos sin ton ni son a vereador (una especie de concejal sobre una determinada área al que luego los ciudadanos pueden acudir con ruegos, preguntas y sugerencias) y a prefeito (la figura que se identificaría con nuestros alcaldes españoles).

Cada brasileño puede elegir un candidato a vereador y otro candidato a prefeito. Sin duda debería haber hecho una fotografía a las listas de vereadores para que podáis ver la gran cantidad de candidatos que se presentan para esta posición. Cientos de personas en una ciudad grande como es Río de Janeiro, donde luego apenas 51 han sido elegidos.

Volviendo a los carteles, aquí el uso de este tipo de propaganda electoral no se limita, como en España, a llenar paredes y farolas; sino que las personas los colocan en sus ventanas, en sus coches (pegados en los parabrisas traseros o con pegatinas por todo el coche), o en la misma calle si al mismo tiempo reparten propaganda electoral a todo el que pase por delante de sus narices.

Este es uno de los momentos más molestos para el ciudadano. Todos los días, cuando uno va a comprar el pan o a dar una vuelta, se encuentra rodeado por pequeños grupos de personas que le abordan para tratar de darle un simple papelito, que es el mismo que trataron de darle el día anterior y, encima, para una persona extranjera que ni siquiera puede votar, podéis imaginaros el hastío que esto provoca.

Votación Brasil

Otro de los fenómenos curiosos es el del tipo de votación. Se trata de una votación electrónica a nivel de todo el país. La persona debe mostrar su identificación y su cartilla de votante (en Brasil el voto es obligatorio a partir de los 18 años y voluntario a partir de los 16) y, en ese momento, la máquina queda abierta para el voto. Se introducen primero dos números (cada partido tiene un número; por ejemplo, el PT, el partido de Lula, es el 13; el PSDB, el número 45, o el PMDB, el número 15) para el candidato a prefeito y, posteriormente, cinco números para el candidato a vereador, que son los dos números del partido más el número propio de esta persona.

Eso sí, el día de elección, que en este caso fue este pasado domingo, fue muy interesante. En todo Brasil hubo unas 475 personas detenidas debido a violaciones de la ley electoral. Durante la jornada de reflexión y el mismo día de elección, todos y absolutamente todos los candidatos violaron estas normas. Ni siquiera el candidato más prodemocrático y/o revolucionario evitó hacer esto.

Se podía observar, en un tranquilo día de elección, las calles repletas de propaganda electoral, la mayoría, todo hay que decirlo, del candidato que después venció Eduardo Paes. Y cuando digo repletas no estoy exagerando. A esto se unen los voceros a pie de urna, que 'recomiendan' especialmente en zonas más pobres y favelas algún candidato a quién votar.

 Propaganda Brasil

Propaganda tirada a la puerta de un colegio electoral durante las presidenciales de 2010


Haré una aclaración para que esto se entienda mejor, en Brasil al votarse por un número, hay mucha gente desinteresada de la política y que no tienen siquiera una ideología. "Votan a quién les dicen", literalmente, por lo que un pequeño papel a la puerta de un colegio electoral puede significar fácilmente unos cuantos votos más de votantes olvidadizos que no recuerdan el número correcto.

A todo esto, se unen otras informaciones que serán difíciles de comprobar como que dos días antes de las elecciones varios candidatos sacaron cantidades altas de dinero de sus cuentas personales -algunos brasileños dicen que para comprar votos en mano-, o que dentro de favelas controladas por las conocidas 'milicias' los candidatos debían pagar 50.000 reales (20.000 euros aproximadamente) para entrar y hacer propaganda electoral.

Y, así, la sexta economía mundial continúa su rumbo con una democracia muy buena y con unas bases sólidas pero en la que muy pocos cumplen las reglas del juego en beneficio propio y en detrimento de la gran mayoría de la sociedad.

 

Alberto Órfão

Twitter: @a_orfao

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: