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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

El fallecimiento de un ejemplo que se queda

Germán Sánchez Ruipérez falleció en la madrugada del domingo al lunes dejando un hueco vacío en el mundo de la cultura y, especialmente, en el mundo de la literatura y del libro. Muchas personas y personalidades ya han manifestado sus opiniones acerca del filántropo peñarandino, aunque mi intención es dar una visión más personal de lo que la persona de Sánchez Ruipérez significó para Salamanca.
Personalmente, nunca conocí al señor Sánchez Ruipérez. Sin embargo, creo que hay pocas personas que, en su juventud y niñez, no conocieran su biblioteca, en la calle Peña primera. Primero con varias visitas a través del colegio, ya fueran cuenta cuentos o exposiciones, y posteriormente con la creación del carnet de socio, visité varias veces el edificio.

Tengo que reconocer que mi experiencia en la biblioteca no fue realmente satisfactoria. Leer siempre ha sido una pasión para mí y nunca he dejado de hacerlo pero las bibliotecas nunca me han llamado la atención. No tenía la costumbre de acudir a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. La distancia era uno de los motivos principales pero tampoco encontraba una necesidad real de ir allí a leer; libros nunca faltaban en mi estantería.

Sin embargo, está claro que muchos chavales, desde edades muy tempranas, han podido utilizar alguna de las bibliotecas creadas por él para acercarse a la lectura, cuando apenas había campañas públicas para promoverla.

Su faceta como empresario es absolutamente necesaria para alcanzar este nivel de filantropía. Ya enamorado del libro desde joven, se lanzó a crear una editorial, Anaya, que presidiría durante cuarenta años a pesar de las altas trabas que el régimen de la posguerra de entonces generaba. Ahora que se habla tanto de ello, Sánchez Ruipérez fue un verdadero mecenas pero sobretodo en favor de los niños y adolescentes.

La literatura juvenil parecía ser su pasión y queda patente en los testimonios de diversas autoridades que le conocieron. Decía Alicia García, Consejera de Cultura de Castilla y León, que Germán “fue un colaborador siempre dispuesto y un hombre sensible a la importancia de su trabajo, a la necesidad de fomentar la lectura sobre todo entre los más pequeños”.

Y tenía razón. La lectura entre los niños pequeños en España parece que se pierde por momentos. Somos uno de los países con mayor fracaso escolar y, si me permiten el atrevimiento, creo que en parte se debe a ello. Hoy en día tenemos muchas más posibilidades para encontrar cualquier libro que hace 50 años pero, a pesar de ello, la televisión o Internet hacen que muchos niños dejen de encontrar el placer de la lectura.

Incluso parece estar mal visto eso de leer. Como si de una ‘ley silenciosa’ se tratase, los niños no dicen que leen a sus amigos. De hecho, a esas edades decir que “leer es aburrido” o “leer no mola” puede hacer que la popularidad del chaval aumente. Por ello quiero terminar mi artículo de hoy con un pequeño post publicado ayer en la Web de literatura ‘Lecturalia’ y titulado Leer es sexy.

Porque leer dice mucho de nosotros y, probablemente, nos ayude a entender mejor el mundo en que vivimos y, por qué no, a ser mejores personas.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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