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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

De paseo por el paraíso

Esta semana voy a dar un pequeño giro a mi repaso semanal por las diferencias entre Brasil y España, o Salamanca si se prefiere. Durante la pasada semana y por cinco días que, cómo no, se quedaron cortos visitamos la isla de Ilha Grande. Este pedazo de tierra de 193 km2 rodeado por el océano Atlántico se encuentra al suroeste del Estado de Río de Janeiro y solo puede clasificarse como un auténtico paraíso en la Tierra.

Una barca de ida y otra de vuelta al día, con capacidad para hasta quinientas personas, es uno de los pocos nexos de unión de la isla con el continente. En nuestro primer momento sobre las aguas era fácil apreciar esto. Cajas de madera y bolsas de plástico se amontonaban en la parte trasera de la embarcación y bajo los asientos de la mayoría de las personas allí presentes.

Es el día a día de muchas personas de la isla que, con una economía que parece basada en el turismo, tienen que abastecerse continuamente para poder sacar el mayor beneficio posible si se presenta la oportunidad. Ya en Ilha Grande, el paisaje parece sacado de la película de La Playa o de alguna serie como Lost, pero si hay algo que destaca es el ruido. Porque sí hay ruido, no nos vamos a engañar, pero es el del sonido de la gente trabajando, cargando mercancías, charlando o cantando. En Ilha Grande apenas hay coches.

Exactamente, conté en los cinco días y cuatro noches que estuvimos en la isla, un coche de bomberos, un quad y una moto de policía, una camioneta, una excavadora y un coche particular a la puerta de una iglesia la noche del sábado; había boda en la isla. Que no haya coches no significa que esta isla viva con las tecnologías de hace 200 años. Hasta allí llega Internet, los móviles, las cámaras de fotos o los barcos más novedosos, aunque hay que reconocer que en una isla que prácticamente es autosuficiente, en un día de tormenta como el que presenciamos es lógico que se corte la luz durante unos segundos.

Y entonces es cuando empezamos a hablar de las playas. Debido al tamaño del lugar, con unos 130 kilómetros de perímetro -casi todos ocupados por playas-, es una parte importantísima de la isla. Está claro que, ni en 5 días ni en una semana, pueden disfrutarse todas ellas. Pero hay una playa que parece destacarse entre el resto. Para muchos una de las diez mejores playas del mundo; Lopes Mendes no tiene comparación.

Playa Lopes Mendes, Brasil
              Imagen de la playa de Lopes Mendes desde la vegetación (Foto: The Guardian)

Esas típicas características que se pronuncian cuando se habla de una playa 'paradisíaca' se cumplían en su totalidad. Arena blanca, blanquísima, que parecía harina y hacía un sonido extraño, como de plástico, al arrastrar los pies. Olas perfectas, como hacía tiempo que no veía en ninguna playa y, por último, naturaleza en el sentido más amplio de la palabra rodeando toda la costa hasta alcanzar la punta más alta y mezclarse con la arena.

Continuando en Lopes Mendes también se puede hablar de la fauna y de la flora, esta segunda para mí más desconocida. En esta playa nos encontramos con un visitante inesperado. El cuerpo de un pingĂźino yacía sin vida entre las arenas blancas, abandonado tras perder su orientación y terminar en temperaturas mucho más calientes. Pero entre esa mata atlántica original de la que ya queda tan poco sí que podían encontrarse micos y monos de otras especies, pájaros de todos los colores (incluso nos encontramos con un colibrí azulado), mariposas espectaculares y diversas especies marinas, incluso nos topamos con una tortuga en la zona de Lagoa Azul.

Finalmente, Ilha Grande es uno de esos lugares en los que parece que nunca terminará el movimiento. Parece existir esa tensión continua entre los propios habitantes de la isla, que crecen, tal vez, con menos posibilidades que otros brasileños y, por lo tanto, puede que terminen 'huyendo' hacia las grandes ciudades en busca de oportunidades; y los visitantes que se enamoran del lugar. Porque muchos de quienes pueblan esos pocos kilómetros de tierra son argentinos, alemanes o portugueses que un día, a lo largo de estos últimos 20 años, se enamoraron del paraíso y decidieron olvidarse de todo lo demás.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

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