Alberto orfao original

Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Conde de Casal, reflejo de la realidad madrileña

Un viaje largo de metro puede dar tiempo para muchas cosas. Desde una buena conversación hasta un largo rato para pensar. Cuando voy solo, suelo optar por leer un libro, especialmente cuando utilizo la línea seis. Para cualquiera que haya vivido o pasado algún tiempo en Madrid no será difícil que conozcan y hayan utilizado esta línea. Probablemente la más lenta y en peores condiciones del sistema de metro madrileño.

Las páginas se pasan como hojas mecidas por el viento, con extrema facilidad y relatando historias que generan en mí envidia y admiración al mismo tiempo. Resulta tremendamente fácil abstraerse y viajar mentalmente a las zonas de guerra de Bosnia, a las pobres aldeas de Níger o a las calles de Beirut y de Jerusalén. Volver a épocas pasadas, cercanas o no, y olvidar por un momento la situación actual.

Pero se acerca la última parada. El sonido del metro a través de los raíles permite conocer cuando se acelera y cuando, poco a poco, los frenos comienzan a ejercer su principal función. Se vuelve a la vida. Las personas se agolpan a las puertas del vagón y empujones y murmullos se suceden. La educación parece que se pierde por momentos y recuerda a los trenes hindúes que se muestran en las películas.

Ya estamos en Conde de Casal. Es una zona singular, con mucho movimiento, a las afueras de Madrid, y de la que se puede sacar una verdadera muestra de la capital. Saliendo del metro capto un fragmento de una conversación: €œClaro, como nosotros somos fijos... Pues no estoy tan segura de que seamos fijos...€ Nadie se escapa de la crisis, ni teniendo un puesto fijo en una empresa.

En Conde de Casal paran decenas de autobuses cada hora. Autobuses hacia todas las zonas del este madrileño, lo que hace que se junten en un pequeño espacio todo tipo de personas. Desde chicos y chicas volviendo a casa después del colegio, estudiantes hacia la universidad politécnica, hombres de negocios trajeados o simples amas de casa que deciden dar una vuelta o salir de compras por un rato.

La esquina acristalada muestra un gran local vacío. Los juguetes que lo llenaban durante los días previos a la Navidad han desaparecido. Las personas que entraban en él también. Algún espabilado aprovechó esos días para, tal vez, sacar algo de dinero para mantenerse a flote. Un hombre utiliza su tiempo libre, €œcuando me deja el trabajo€ dice, para vender pilas, mecheros y fundas para el pasaporte o el bono del autobús.

Dos hombres, de los que es imposible averiguar su procedencia €“podrían ser de oriente medio, de algún país del este o de la misma Utrera- se afanan por buscar clientes para sus bolsos y colonias. Difícil averiguar si son reales o copias, algo que no parece importar a los compradores. Probablemente pensarán €œMejor que sea robado, así al menos me aseguro su autenticidad€.

Mientras tanto, el portal de una joyería cerrada, a la que probablemente no le vaya mal (el consumo de bienes de lujo ha aumentado un 83% desde 2008) aloja a un hombre. Este chico, de origen sudamericano, muestra su mensaje en un chaleco fluorescente. €œCompro oro. Vendo oro.€ Como queriendo incitar a quienes salen de la joyería a que, inmediatamente, reciban de vuelta su dinero, que el líquido es lo que hace falta ahora.

Una familia gitana, probablemente de Rumanía por su acento, busca su autobús. Primero una de estas madres gitanas, pañuelo a la cabeza y bolsas al hombro, casi arrastrando a un pequeño chiquillo, al que lo único que le importa es la pistola de agua que lleva en la mano. Después, otra madre, casi calcada a la anterior, como sacada de la misma casa, pero esta vez arrastrando a una niña. Siempre con bolsas a su cargo.

Un chaval negro, con un impecable chandal de adidas, las observa con indiferencia, como queriendo averiguar que contienen las enormes bolsas blancas y verdes de plástico. Otros apuran el último cigarrillo antes de subir al autobús, en eso no hay diferencia de clases, aunque todos y cada uno con la crisis en la cabeza y tratando de superarla de la única manera posible: siguiendo con sus vidas.

Alberto Órfão
Twitter: @a_orfao

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: