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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Ciudades no aptas para personas

Al fin parece que los días de vacaciones se terminan. Sé que a muchos os parecerá extraño esto de terminar las vacaciones de verano en noviembre, que en realidad serían vacaciones de invierno al estar a este lado del globo, en Brasil... Bueno, es complicado.
La cuestión es que ya estamos preparados para conocer qué es esto de la universidad brasileña y, para ello, en mi nuevo piso de alquiler.

Desde mi nueva habitación se me ofrece una imagen que difícilmente pasa desapercibida. Hileras de ventanas rodean un par de patios interiores y se alzan hasta alturas superiores a diez pisos. Muchas con rejas en su exterior, más soportando aparatos de aire acondicionado. Pero, eso sí, cuesta encontrar una entrada hacia los patios interiores que no provenga del propio edificio.

Esta es la nueva cultura de la construcción brasileña: el condominio. Tomando como ejemplo grandes ciudades americanas, particularmente Miami, los brasileños han adaptado ese concepto al alcance de unos pocos en Estados Unidos a la vivienda común. Hoy en día es difícil encontrar un habitante de Río de Janeiro que viva en una casa, o mejor, que no viva en un apartamento dentro de un condominio. Excepto si vives en una favela, claro.

Jaime Lerner hablaba hace un par de semanas en el programa de Alexandre García en el canal Globo News de esa planificación actual fallida de las ciudades. El arquitecto, urbanista y, por dos ocasiones, gobernador de Paraná ha dedicado su vida a convertir su estado y, especialmente, su ciudad natal Curitiba en un ejemplo de planificación urbanística, de transportes, cuidado del medio ambiente y de programas sociales.

Uno de los aspectos que criticaba de las actuales ciudades brasileñas es esa separación por clases sociales que ha creado un urbanismo mal encaminado. Por decirlo fría y llanamente, los ricos están, cada vez más, más apartados de los pobres. Viven en sus condominios cerrados, van en sus coches a locales, restaurantes y clubes privados, etc.

Ese sentimiento de inseguridad se ha tratado de vencer mediante muros más altos, cámaras de vigilancia y seguridad privada; lo que ha terminando creando ciudades de puertas para adentro. Hay padres que ni siquiera llevan a sus hijos a un parque público por miedo o porque no es 'seguro'. Y no quiero imaginar cómo debe de ser la vida de un adolescente brasileño, tan privado de su libertad en esos momentos difíciles.

A cambio, surgen los grandes centros comerciales (seguros, por supuesto) y las ciudades, cada vez más, crecen en torno de los coches, al estilo estadounidense, en lugar de crecer para servir a las personas. Sin embargo, no todos los aspectos son negativos. Por ejemplo, la evolución de las favelas, especialmente tras su 'pacificación' (sin entrar en si este ha sido el mejor método para eliminar la violencia), se dirige hacia una mayor integración con las ciudades.

En otro tiempo, el agua corriente, la luz eléctrica o la recogida de residuos brillaban por su ausencia. Las personas no se atrevían a entrar en una favela si no tenían su casa allí. Pero ahora muchas personas aprovechan los precios más bajos, el ambiente de comunidad o, incluso, las vistas para adentrarse en un mundo que, durante años, estuvo oculto a sus ojos.

Alberto Órfão

Twitter:
@a_orfao

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