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Un salmantino en Brasil

Alberto Orfao
Blog de Alberto Orfao.

Acostumbrados a maltratar la cultura

Ya estoy de vuelta por Salamanca. Es una mala época para empezar las vacaciones por mi parte. Por un motivo o por otro me ha tocado ser el primero en poder disfrutarlas -previa aprobación de asignaturas-. Sin embargo, disfrutar de unas vacaciones solo, es decir, siendo el único que puede disfrutar de vacaciones no tiene mucha gracia. Sí, a veces uno puede no saber qué hacer durante el verano (que no es verano aún).
Entre estas cavilaciones, decidí optar en primer lugar por la oferta cultural salmantina. Se pueden decir muchas cosas de la cultura en Salamanca: que son muy pocas las posibilidades, que no son suficientes, que no hay buena organización, que hay cosas muy buenas pero la gente no es capaz de recibirlas con facilidad... Lo que está claro es que en plena Salamanca, que hace exactamente 10 años era capital de la cultura europea, apenas hay una oferta cultural acorde al público y que, este, interesado en estos temas, es cada vez menor debido a estas razones. Se trata de un círculo vicioso; de la pescadilla que se muerde la cola.

Justo hace una semana estuve presente en el estreno, aquí en Salamanca sí, del primer largometraje de Isabel de Ocampo. Evelyn, que así se llama el último trabajo de la directora charra, generó mucha expectación a la entrada del Teatro Liceo aunque uno no está muy seguro de si se debía al interés por la película o al hecho mismo de que esta se proyectara de forma gratuita para aquellos que primero alcanzasen la larga fila.

Con esto no quiero entrar en el tema de la gratuidad o no de la cultura, o de si el estreno de esta película debería haber exigido una entrada pagada o no. Simplemente me acerco al desenlace de la tensión pre-estreno: Las puertas del Liceo se abren y, como si llevasen semanas preparándose para el momento del ataque, decenas de señoras (porque todas son señoras, de esas que se guardan el sitio unas a otras) se abalanzan contra ellas como si no hubiera un mañana, arrasando con todo lo que encuentren por delante.

Estas señoras no tienen la culpa. Claro que no. Se trata de un problema de organización. De un problema de costumbre, de malas costumbres. Es cierto que cuando nos acostumbramos a una situación concreta y más tarde nos obligan a modificarla tendemos a negarnos rotundamente. Por ejemplo: ley antitabaco, nos negamos por sistema (ahora pocos se atreven); poner la sillita del niño detrás, antes nadie la llevaba, ahora parece impensable no hacerlo.

Con la cultura ocurre lo mismo. Tal vez la oferta presentada no ha sido todo lo buena que pudiera ser en esta ciudad en los últimos años, o lustros, o décadas (a tanto no puedo llegar),y ahora estamos malacostumbrados, faltos de una base que muchos nunca hemos llegado a poder disfrutar; sin embargo, ya que queremos apostar por ello hagámoslo, sin dudarlo, pero hagamos las cosas bien. Porque, al fin y al cabo, solamente nos acostumbraremos a estas cosas con el tiempo.

Y comencemos desde pequeños, con los chavales, a que se interesen por este tipo de cosas; que vayan a escuchar música, al teatro, al cine, que lean mucho (aunque sea en un libro electrónico) o que aprendan a apreciar la pintura o la escultura. Y esto es algo que depende de todos. La cultura la hacemos todos, con nuestro día a día, con las decisiones que tomamos; y esa cultura no puede continuar estando tan maltratada como está en esta nuestra querida ciudad.

Alberto Órfão / Twitter: @a_orfao

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