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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

Tras la tempestad

 

Es necesario que los pueblos afectados por el temporal de nieve se declaren zona catastrófica, pero es más necesario y justo aún que se declaren zona prioritarias de las políticas públicas, del sostenimiento de sus infraestructuras y de garantizar los derechos de quienes allí viven, llueva, nieve o haga sol.

La estampa nevada del norte de la provincia de Palencia, de León, o de otras tantas que se han visto afectadas por el último temporal de frío y nieve son realmente evocadoras, hasta bellas. Te hacen verlas con ojos de niño y uno se imagina la cantidad de horas y de energía que se podría quemar jugando toda la tarde con la nieve. Pero la realidad es bien distinta. 

 

La incesante nevada caída casi de un modo continuo durante los pasados días, ha dejado en evidencia la falta de previsión, y de preparación, de las administraciones para hacer frente a algo tan esperable como que nieve en zonas de montaña. La descoordinación entre Diputación, Junta y Gobierno central ha quedado patente en el lamentable estado en que han quedado las comunicaciones. 

 

Han sido miles los vecinos aislados, decenas los pueblos cortados y miles los kilómetros de carreteras intransitables que tienen como consecuencia lo anterior. En pleno siglo XXI han sido interminables los cortes de luz, y por tanto la imposibilidad de tener calefacción de muchos ciudadanos de las zonas más afectadas. 

 

Esto tiene graves consecuencias para quienes allí viven y trabajan ante la imposibilidad de dar de comer al ganado, algo que puede arruinar a muchas familias. Los efectos de la incompetencia de estas administraciones y de quienes las gobiernan pueden ser terribles para los ganaderos de la montaña. 

 

Esto no es un caso coyuntural, es el fruto de una política que condena a los pueblos pequeños a la desaparición, y que se haga tremendamente difícil la vida allí. La falta de provisión y de atención, que se maquilla con la supuesta dotación de medios [escasos] para que sean gestionados por el voluntarismo de muchos alcaldes y concejales que, sin recibir nada a cambio, son quienes se preocupan de sus vecinos cuando se producen este tipo de vicisitudes. 

 

Es de justicia que el gobierno declare estos pueblos como zona catastrófica, pero es más necesario y justo aún que se declaren zonas prioritarias de las políticas públicas, del sostenimiento de sus infraestructuras y de garantizar los derechos de quienes allí viven, llueva, nieve o haga sol. Porque la necesidad de médico es igual en todos los lados, la de escuelas, la de carreteras y la del abastecimiento. La rentabilidad social es muy grande. 

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