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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

Estos nuevos tiempos

Miles de alcaldes y alcaldesas, concejales y concejalas nuevos han tomado posesión hace pocos días en muchos ayuntamientos de este país. A la inmensa mayoría les presupongo una extremada ilusión por tomar una responsabilidad para la que han recorrido un largo camino: el que va desde tomar la decisión de formar parte de una lista, hacer una campaña electoral, hasta ser elegidos para desempeñar esas funciones. También son muchos los parlamentarios y parlamentarias autonómicos que durante estos días debutan en sus funciones legislativas, y también a ellos, mayoritariamente, les presupongo un plus de ilusión. 

 

Durante estos días estamos escuchando y siendo testigos a través de los medios de como se comportan esos nuevos ediles, esos nuevos alcaldes y concejales, y de esos nuevos parlamentarios. Los alcaldes y alcaldesas de estas nuevas plataformas ciudadanas están siendo protagonistas por ir al ayuntamiento en bici, por llevar a los niños al colegio, o por ver como a su familia y amigos les hace mucha ilusión que accedan al cargo. Quizá una atención desproporcionada que, a decir verdad, se compensa con el potente foco con el que se están analizando sus medidas y actuaciones en los primeros días. 

 

Traigo estos detalles hasta aquí porque, ya que a veces somos dados a los excesos, debemos evitar caer en el del postureo. Mérito tiene, por supuesto, que un alcalde de el desayuno a sus hijos antes de ir a trabajar, pero es justo decir que muchos lo hacen, de todos los partidos, de los que acaban de iniciar su andadura en la política y también los que llevan ya más de una legislatura. Respecto a esto ironizaba el recién elegido alcalde de Mérida, sobre lo que es noticia y lo que no, o mejor dicho, lo que es noticia por quien la protagoniza y lo que no. 

 

Lo que que no pasa de ser una anécdota, es acompañado de algunas declaraciones y actuaciones de los denominados “nuevos actores políticos” que creo que exceden el nivel de lo inocente. Es fácil oír a algunos parlamentarios decir que “por fin personas decentes entran en las instituciones”, o que “ahora la gente si está representada”. Estos comentarios insultan a decenas de miles de concejales, alcaldes y parlamentarios que, durante más de tres décadas han estado dando todo por su pueblo o ciudad, legislando en sus parlamentos autonómicos y, en definitiva, representando a la gente normal como gente normal que son. 

 

Queda mucho por cambiar, queda mucho por hacer y queda mucho por revolucionar en el mundo de la política, pero lo que hasta ahora se ha conseguido no se puede despreciar autoadjudicándose el monopolio de la decencia y de la renovación. Esa sanidad que ahora defienden esos nuevos actores, así como la educación o los derechos individuales o colectivos, los consiguieron esos representantes públicos sobre los que ahora caen las culpas de todos los males. O los servicios creados en los municipios en los primeros años de la democracia y que ahora se intenta recuperar porque el PP los destruyó, fueron creados en esa época “pre-decencia” que algunos de nuestros nuevos políticos proclaman. 

 

No me cabe duda que entre el aire fresco de unos y la experiencia de otros llegaremos a conseguir una sociedad mejor, como siempre ha ocurrido. 

 

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