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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

En un pueblo cualquiera...

La local es la primera de las administraciones que un ciudadano acude, aquella cuyos representantes ha votado con nombres y apellidos y viven muy cerca de él. 

“Las llamas comenzaron a devorar su tenada al filo de la medianoche y el pánico empezó a invadirle. Sacó a su familia de casa, el fuego no tardaría mucho en llegar a las habitaciones de arriba. Era inútil intentarlo, la fuerza de las llamas le empequeñecían demasiado.

 

Bajó las dos calles que le separaban de la casa del alcalde, quien ya se había percatado de que algo pasaba a juzgar por el revuelo que se había formado. Sin avisar, allí se presentó el alguacil con las llaves de la nave del Ayuntamiento, la inversión de la bomba de agua que compraron el año pasado iba a tomar sentido. Gracias a ella las llamas no destrozaron toda su casa.

 

El daño no había sido todo lo grande que podría haber sido, y aunque debieran pasar unas semanas, su casa podría ser habitable después de unos pequeños arreglos. Al día siguiente trasladaron muchas de sus cosas a la antigua casa del médico que el Ayuntamiento mantenía adecentada para una emergencia. Allí pasarían los próximos días mientras su casa volvía a la normalidad”.

 

Esta podría ser una historia real en cualquiera de los pueblos de nuestra provincia o de nuestra comunidad autónoma. Es el más claro ejemplo de lo que en los pueblos pequeños, sobre todo, significa tener un ayuntamiento, un alcalde y unos concejales. La local es la primera de las administraciones que un ciudadano acude, aquella cuyos representantes ha votado con nombres y apellidos y viven muy cerca de él.

 

Si la reforma local del PP sale adelante esto no podrá ser así. El vecino de esta historia no podría ir a buscar a su casa al Presidente de la Diputación, y seguramente, ningún representante de una empresa de servicios fuese tan rápido con las llaves de la nave para sacar la bomba del agua.

 

No es justo, en aras de la austeridad, eliminar figuras tan necesarias en nuestro mundo rural. No es justo eliminar un ejército de voluntarios que se preocupan por sus vecinos, elegidos por ellos, sin cobrar ni un duro a cambio. Esta cercanía y esta capacidad de servicio, hace que los pueblos sean sitios mucho más habitables, y si existe algún freno para la despoblación, es posible que sea esto.

 

No todo se puede medir con la vara de la rentabilidad económica. Mucho más importante que todo eso es la rentabilidad social, la que hace cómoda la vida de la gente. Optimicemos, corrijamos y adecuemos la administración local, pero no privemos a la gente de la cercanía y de la posibilidad de elegir, cada cuatro años, a quien va a tener bien cerca para resolver sus problemas. El alcalde y los concejales de los pueblos, sobre todo de los pequeños, son figuras que deben seguir existiendo. 

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