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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

El uso de las palabras en la política

En su libro No pienses en un elefante, George Lakoff venía a explicar que el uso de las palabras en la política suponen un arma efectiva si se saben enmarcar bien en un contexto. Esto comienza explicándo con una expresión que usaba George W. Bush al llegar a la Casa Blanca: “alivio fiscal”. La simple presencia de la palabra ‘alivio’ denota algo positivo, y aún más si está haciendo alusión a los impuestos. De esa manera, aunque las políticas que se adoptan no tengan nada que ver o no fuese necesario un alivio a ninguna situación adversa anterior, las medidas tomadas en ese contexto no tendrían por qué generar ningún tipo de rechazo.

 

En España, el PP abusa de esta práctica utilizando palabras, o dando argumentos, metidos en un contexto difícil de rechazar. Podríamos decir, por tanto, que la ley aprobada o la medida adoptada, siempre vienen acompañadas de palabras y argumentos que esconden conceptos muy aceptados. Sin embargo, en ocasiones, ese abuso se traduce en pedantería e incluso en una desconfianza por parte de los ciudadanos.

 

Por ejemplo, hace unos meses, el PP quería acotar las protestas callejeras, y para eso se inventó una Ley que lleva en su nombre la siguiente etiqueta: seguridad ciudadana. Poco importa el objetivo de la ley, pero cada alusión a ella en los medios de comunicación cita un objetivo loable como es la seguridad de todos; lejos de eso, la ley esconde una verdadera política represiva contra la expresión libre de los ciudadanos a la hora de protestar.

 

Otro ejemplo se ha producido en los años 2002 y 2013, con diferentes gobiernos. El Partido Popular aprueba dos leyes educativas en las que en sus siglas aparecía la letra ‘C’ de ‘Calidad’. De esa manera se consigue una lógica aplastante, la ley lleva en sí el fin que todas las leyes educativas pretenden, mejorar la calidad; además, lo capcioso de este argumento, es que esa ley busca la calidad y rechazarla es rechazar la calidad en la enseñanza.

 

El último ejemplo lo hemos conocido recientemente en la búsqueda exhaustiva, pero infructuosa, de dar nombre a la ley más restrictiva del aborto que se puede tener. En su nombre: Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada, aparecen expresiones que buscan la aceptación que no han calado entre la sociedad. De la misma forma hay que buscar argumentos que, aunque resulten muy peregrinos, justifiquen lo injustificable. En este caso, con esta Ley, el último argumento positivo inventado es el de  generar crecimiento económico y por tanto, empleo. Nada más y nada menos.

 

Es torticero utilizar el sentimiento de mucha gente en época de crisis para dar argumentos imposibles de demostrar, intentando justificar así un retroceso de décadas en los derechos de las mujeres. El rizo se ha rizado demasiado, y puede provocar lo que es natural, que el PP pierda la poca credibilidad que tiene, y que los ciudadanos se cansan de que les intenten engañar.

 

@casassimon

 

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