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Tras los Cristales

Antonio Casas
@casassimon

3+2

Quizá sirva el simple ejemplo de que los países más avanzados de Europa cuentan con las tasas universitarias más bajas (véase el ejemplo de Francia o Alemania); quizá sea porque la formación es una garantía, no sólo para salir de la crisis, si no para vacunarnos contra otras que pudieran afectarnos; o quizá sea, simplemente, porque es un acto de justicia social. 

 

Aún así me esforzaré un poco más y propondré que una buena educación, y una generosa formación universitaria, nos convierte en un país mejor por mucho motivos. Pero el fundamental es que una mejor formación es garantía de una sociedad más igualitaria, y por tanto más próspera y socialmente pacificada. 

 

La derecha que gobierna España no quiere una educación que vaya eliminando poco a poco desigualdades, sólo así se explica la legislación que está aplicando desde el más impopular de sus ministerios según los estudios de opinión. Y el último episodio es la aprobación del decreto que comúnmente se ha denominado 3+2, que acorta los grados universitarios para alargar después los máster. 

 

Este hecho perjudica enormemente a cualquier aspiración por ahondar en la igualdad, ya que bajo la excusa de la facilidad de estudiar un grado (más baratos) se esconde un cerrojo a mucha gente para estudiar un máster (más caro) que le da más facilidades para encontrar un empleo. 

 

Esto es servir en bandeja a las universidades privadas el negocio de la formación, con títulos más fáciles a precios mucho más caros, que buscan simple y llanamente acotar a las élites la obtención de títulos que garanticen (en muchos casos) o faciliten la entrada al mercado laboral. 

 

Al principio casi nadie podía estudiar una carrera universitaria. Cuando se facilitó esto gracias a la universalización de la educación, las élites se sacaron de la manga los másters, para acotar un poco más quien podía alcanzar la “excelencia”. Cuando un ciudadano medio empezaba a poder estudiar un master, los grandes centros de negocios se inventan otros con nombres en inglés, de precios prohibitivos que a la vez que el título te garantizaban el trabajo. Ahora el gobierno da una vuelta de tuerca otorgando a las universidades privadas y a las élites el monopolio de la excelencia, que en una nebulosa se confunde con la capacidad económica y la endogamia social. 

 

Sólo la construcción de un sistema universitario justo, barato, de calidad y universal puede garantizarnos un futuro próspero para una sociedad entera, que es la de sus ciudadanos y ciudadanas. 

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