Trabazon original

Trabazón

Manuel Muñoz Alejandro G. Machuca
El blog de Manuel Muñoz y Alejandro García Machuca en Tribuna de Ávila

Por la literatura, por el arte, por los sueños…

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En esta nueva aventura que comienza, viajaremos, como polizones en la sala de bodegas, rodeados de cajas y maletas, por esos lugares reales que sólo existen en los libros. Surcaremos, como pretéritos pioneros, los mares baldíos de Bolivia, sumergidos en sus piélagos salinos, para encallar en los llanos infinitos de Dakota. Flotaremos, al cobijo de una hostil orografía, entre dioses ancestrales, para penetrar en la exótica poesía. Ah, poesía. Comenzamos un viaje que es, sobre todo, lírica; entregada entre los besos de aeropuertos y los pasajeros, dulces efectos. De norte a sur, de este a oeste; erraremos, seducidos por su cultural infinitud, los horizontes del viejo continente. Escucharemos, a través del genio Glenn Gould, a Bach y su barroco, entre murmullos y humos pasajeros, con sus notas exquisitas y sus incansables dedos. Cultivaremos, asistidos por su música, las letras del mar, mecidos e hipnotizados en sus vaivenes eternos. Volveremos, en primera clase sentados, a la parte meridional, junto a peruanos de la alta sociedad.


Otearemos, paseando por la bella Sarajevo, la contienda junto a poetas bosnios y sus imágenes pútridas, donde los Don Juanes de otro tiempo morían con las manos sucias. Tendrán reserva los vencedores y vencidos, sentados en los primeros vagones, donde, cara a cara, nos hablarán de la humanidad en sus canciones. Asistiremos, silentes como pétreas estatuas, a las charlas de Matija Gubec con Eduardo Galeano, repletas de citas y aseveraciones francas. Muy cerca, a unos asientos de distancia, Vassily Arkhipov explicará al grandioso Napoleón el medio para hacer historia. Y al final encontraremos, pensativo junto a una mesa blanca, a Stefan Zweig, donde redactará la fatídica y última carta.


Congelaremos el espacio y volaremos, cuidadosamente embozados, por el tiempo de una Ginebra, la de Calvino, en la que Rembrandt habría sido molinero; donde luego, tras los siglos de científicos inventos, esperaremos una colisión que desnude al universo. Entre tantos vaivenes tendremos, sobre espurios axiomas económicos, fructíferos debates con economistas ortodoxos. Mas luego, extenuados, dormiremos en la noche veraniega, con vistas al mar, acariciados por la brisa, siempre poética, que se cuela por las cortinas de seda. Ya despiertos, envueltos en su llama mortal, la luz interrumpirá las cotidianas semanas, como aquellas terribles campañas de la Gran Guerra, donde la sangre, también la poética, era derramada. Y entonces, entre las charcas pobladas, espiaremos a los sabios. Aprenderemos, entre cristales y estancias, a diferenciar y no mezclar la libertad con la ignorancia.


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Nunca sabremos cuál será la siguiente estación. Este tren onírico carece de paradas planeadas. Se alimenta de ondinas y palabras. En su último vagón, como epílogo, habrá una placa grabada: dos figuras paseando junto al Sena, en busca de una calle para su historia.


Bienvenidos a bordo.

 


Somos Manuel y Alejandro,
un simulacro de escritores sin género al que rendir tributo.

 

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