Trabazon original

Trabazón

Manuel Muñoz Alejandro G. Machuca
El blog de Manuel Muñoz y Alejandro García Machuca en Tribuna de Ávila

La Poesía del Sol Naciente

Imagínense un lugar apartado, con una orografía hostil, de leyendas ancestrales y caracteres prestados. Una tierra donde el aislamiento para con el resto del mundo duraba siglos, en los cuales mirar hacia el inalcanzable extranjero despertaba la inspiración y la melancolía. Donde sus dioses, caprichosos, impulsivos y, curiosamente, perecederos; recitaban sus quehaceres diarios en una poesía ingeniosa y explícita, entregada de generación en generación a través de la palabra hablada. Donde su aristocracia clásica usaba la poesía como instrumento de interacción social, descuidando, por mor de su fascinación por el arte y el ocio, la propia administración del Estado. Una nación que más adelante se convertiría en un imperio feroz y salvaje que, para justificar sus quimeras militares, se valió de juegos de cartas populares sobre poemas extinguidos, elegidos por sus versos que ensalzaban el paroxismo nacionalista y el sacrificio inquebrantable. Nos referimos al Imperio del Sol Naciente. Hablamos, naturalmente, de Japón.

 

 

Izanami e Izanagi creando el archipiélago nipón 

 

Comencemos pues nuestro viaje lírico oriental con la primera antología poética japonesa que se conserva en su propia lengua, ya que hasta entonces toda la poesía escrita en Japón usaba los caracteres del chino. El Man’yōshū (o la colección de las Diez mil hojas), es una recopilación de poemas capital desde el punto de vista histórico, ya que de ella nacieron los dos silabarios en los que hoy se escribe el japonés, el hiragana y el katakana. ElMan’yōshū apareció en algún momento a mediados del siglo VIII, y recogía poemas de siglos anteriores en un lenguaje mucho más oscuro y rico líricamente que la segunda de las dos antologías poéticas más antiguas, el Kojiki (o Registro de las cosas antiguas) y el Nihon-shoki/Nihonji (o Crónicas de Japón). Es precisamente en el Man’yōshū donde encontramos los dos tipos de poemas que serían la base métrica y estilística de la lírica japonesa posterior: el tanka (poema corto – llamado también waka, o poema japonés) y el chōka (poema largo). Los poemas cortos, que superan ampliamente en número a los largos dentro de la mencionada antología, harían las delicias de los juegos poéticos de la dinastía más larga de la era clásica nipona, los Heian. Éstos, interesados más por la calidad de sus versos y la fastuosidad de sus viviendas, descuidaron la administración de un Estado que se descomponía bajo sus pies. No obstante, afortunadamente para nosotros los amantes del arte, iniciaron una tradición poética cortesana que merecería la envidia de la inmensa mayoría de los monarcas occidentales.

 

Antes de continuar con la enumeración de exóticos términos, sería interesante comentar un aspecto muy característico dentro de la cultura japonesa de entonces, y de ahora: su prácticamente enfermiza necesidad de consenso. Una característica que puede parecernos paradójica, dadas las rígidas estructuras jerárquicas dentro de la familia, la política y los negocios, pero que puede observarse si se presta atención a los pequeños matices. Por ejemplo, dentro del Kojiki, los dioses se reúnen para tomar sus decisiones, deliberando largamente sobre el rumbo y las consecuencias de sus acciones, sentando implícitamente un precedente de conducta para sus fieles creyentes. Un dato bastante curioso, desde nuestro punto de vista, dada la archiconocida omnipotencia de los dioses de religiones monoteístas… Empero, volvamos a sumergirnos en la lírica.

 

Los tanka, que se hicieron muy populares, proliferaron por toda la poesía aristocrática japonesa, produciendo cantidades ingentes de obras que era preferible conocer si uno no quería convertirse en un paria intelectual dentro la vida social cortesana. En caso de que quisiesen deleitarse con alguno de sus poemas inmortales, mencionaremos dos antologías imperiales de exquisita calidad: el Kokinshū y el Shin Kokinshū, de principios del siglo X y XIII respectivamente. Dentro de sus particularidades, destaca el uso continuado de referencias a otros poemas previos, usando palabras o ideas que caracterizaron autores anteriores, lo que enriquecía enormemente su lectura… Siempre que se conociese la obra en la que se inspira, claro. Por ejemplo, hablar sobre quedarse dormido en una calurosa tarde de primavera rodeado de flores, además de una imagen onírica y delicada, era también una referencia a los aclamados poetas de las postrimerías del siglo IX y principios del X, Ki no Tsurayuki, y su primo, Ki no Tomonoi. La otra característica que destaca, dadas las posibilidades que ofrece una lengua aglutinante como la japonesa que se escribe en dos alfabetos distintos, es el uso del kakekotoba. Éste es un complejo recurso retórico que usa palabras homófonas con interpretaciones diferentes que se expresan al mismo tiempo, terminando o empezando un verso, ofreciendo una mayor profundidad léxica a los poemas pero sirviéndose de menos palabras. Como no podía ser de otro modo, el minimalismo japonés, tan evidente en sus exquisitos jardines y su decoración austera, también era apreciado dentro de su poesía. Un ejemplo excelente es un poema anónimo dentro del Kokinshū donde aparece la palabra kara, que puede interpretarse como “cáscara vacía” y “cadáver”:

 

Koishiki ni

wabite tamashii

madoinaba

munashiki kara no

na ni ya nokoramu

 

(571 Amor 2, Anónimo)

Si en la desesperación del amor

mi alma deambula,

¿Habré de ser recordado

como alguien que abandonó (un cuerpo)

en vano?

 

Como ven, la traducción al español perdería la trágica connotación del original con su doble significado, necesitando especificar qué es lo que se abandona para aclarar todo el contenido del poema. Sin embargo, el poema en japonés no requiere tal aclaración, la propia palabra simboliza ambas realidades, lo que posibilita un recurso lírico que nos parece auténticamente brillante.

 

Con este último apunte, queridos lectores, concluimos nuestro pequeño viaje por la historia de la poesía japonesa. Esperamos verles de nuevo para que disfruten de nuestra próxima crónica, donde hablaremos de sus dos géneros más modernos y traducidos en la actualidad: el renga y el haiku.

 

Dōmo arigatō gozaimasu!

 

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