Fernando sanchez original

Territorio Pyme

Fernando Sánchez Salinero
Empresas al borde de un ataque de nervios

Antes arruinado que sencillo. La muerte de las empresas por vergüenza

€œEl amor propio y la vanidad nos hacen creer que nuestros vicios son virtudes, y nuestras virtudes, vicios€. Jacinto Benavente

¡Qué años estamos viviendo! Cada vez me encuentro más con el orgullo hispánico suicidando empresas. Es muy triste que todo se te tuerza y las circunstancias te lleven a tener que cerrar a pesar de luchar a brazo partido, pero es mucho más triste, trágico, dirían algunos, arruinarte por no saber bajar el ritmo, víctimas del !Qué dirán!

Ya nos advertía el Lazarillo en su tercer tratado que una de las enfermedades de los españoles es el orgullo, ejemplificada en la figura del hidalgo que no tenía para comer, pero componía su figura para salir a pasear, y esparcía unas migas de pan sobre la pechera para dar la impresión de que acababa de comer. Hasta al Lazarillo le inspiraba compasión tanta ignorancia.

Estoy comprobando muchos casos de dificultades serias, incluso insalvables a pesar de haber reducido los gastos a la mínima expresión, pero también veo otros que o no quieren ver la realidad, o si la ven se niegan a aceptar que tengan que bajar el pistón, y al grito de: €œde perdidos al río€ siguen avanzando a la misma velocidad de crucero, hasta que el río les frena en seco. Y no lo dudéis !les frenará!

Y como ejemplo más sangrante: los políticos que tenemos. Por supuesto que ninguno de ellos se hizo político para ahora vivir austeramente. No vendieron su alma por nada, no traicionaron sus principios (si alguna vez los tuvieron) para ahora ser austeros gestores, no hicieron la pelota a mediocres insufribles, no miraron para otro lado cuando otros robaban, en espera de su reparto en la tarta de Alí Babá, para ahora renunciar a llenar su saca, a redecorar su despacho a todo trapo, o hacerse pintar por pintores que cobran cientos de miles de euros por retrato y que pagan los atribulados españoles. Para eso hubiera sido trabajador (si hubiera encontrado trabajo, que de muchos es más que cuestionable). Somos un país de políticos corruptos, y lo que es peor, horteras. Gente que antes iba en un Clio, ahora se hacen abrir la puerta del coche para subir y bajar, personajillos cuya única virtud es que son tan inútiles que no representan ningún peligro para los mediocres avariciosos que los sitúan en las listas para garantizarse tranquilidad en el rebaño del partido, se quejan de lo mal pagados que están los políticos en España.

Cuando tienen que votar en qué viajar, lo hacen en tropel para defender su clase Business. No sólo pisotean la ética, es que no respetan ni la estética.

- !Habrase visto! -Se quejan-. Esta chusma que nos vota quiere que viajemos como personas normales.

Y el problema es que ese es el espejo donde media España se mira. En el fondo les envidian como Italia envidiaba a Berlusconi con sus excesos, bunga bunga incluido. €œSi Fulano que era el tonto de la clase, ahora por mor de ser político, deshoja una lubina sobre hojaldres, regada con un vino del que no es capaz de leer la etiqueta sin evidenciar su ignorancia, yo no voy a ser menos€.

ÂżCómo decir a los amigos con los que antes comentaba que la clase E de Mercedes me parecía demasiado sencilla y espartana, que ahora no tengo ni para un CitrĂśen?

ÂżCómo rebajar el merecido ritmo de mis vacaciones paradisiacas de resorts exclusivos, donde mis antiguos amigos de barrio no pueden ni soñar alojarse?

Se está extendiendo la queja populista de que no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que el resto del mundo tiene la culpa de nuestra situación. Y nada peor puede ocurrir para el remedio de una situación difícil, que no querer verla, y caso de medio admitirla, buscar la culpa fuera para, a continuación, decir que nosotros no tenemos que cambiar, !que cambie el vecino! !Que se incremente la deuda!

Somos el país del mundo con mayor deuda privada per cápita. Algo querrá decir. Quizá las hipotecas, los coches, las vacaciones, la vida Premium que nos habíamos otorgado no estuvieran del todo a nuestro alcance. Sin autocrítica es imposible avanzar.

Y el problema viene cuando hemos asentado nuestra autoestima en lo que tenemos y no en lo que realmente somos. Por eso cuando no podemos presumir de lo que tenemos, la vergĂźenza nos paraliza. ÂżQué dirán los que antes me envidiaban?

Muchas situaciones serían subsanables, mucha gente podría salvarse, nuestro país tendría arreglo, si de una vez por todas admitiésemos lo que somos, y aceptásemos que trabajar duro, no gastar más de lo que se ingresa, ahorrar un poco en previsión de dificultades o reveses de la fortuna, es una forma muy digna de vida. La sensatez cotiza a la baja en este mundo de nuevos ricos.

Hay mucha más gente de la que nos imaginamos que no está dispuesta a remangarse y volver a las virtudes que hicieron que su negocio floreciera hace 20 años. Desaparecerán, no lo dudéis. Y lo que es peor, quedarán en una tierra de nadie, como los políticos engrandecidos artificialmente que salieron de las listas por los votos o por disputas internas partidistas. Parecen caricaturas de ellos mismos. Y eso hará que sigamos durante un tiempo envueltos en este marasmo de confusión. Además cuando se derrumba ese castillo de naipes lo hace de la noche a la mañana. Un mes eres el más rico del barrio, el mes siguiente no tienes donde vivir.

Bien es cierto, que otra mucha gente ya se ha desnudado de tanta tontería, se ha despojado de las expectativas que le decían que la vida iba a ser de una forma X, para aceptar la realidad, y comienza a comprender que la vida empieza de nuevo, y desde ahí se da cuenta de que la felicidad nace de dentro del ser humano. Esa es la esperanza que nos queda.

Para toda esa gente es este post. Porque admiro la valentía del que se mira al espejo con ojos nuevos, y le echa pelotas para recomenzar, para aceptar sus pocos o muchos errores, y levantarse cada mañana a reconstruir su futuro con nuevos ladrillos cocidos en la austeridad, la dignidad y la autorresponsabilidad.

Hay pocas cosas que dignifiquen más a una persona que levantarse después de caer, y en ese proceso aprender de la piedra que le hizo tropezar, para no repetir los errores.

Necesitamos un país de nuevos sabios, no de nuevos ricos.

Cuidaos

Fernando Sánchez Salinero www.idpyme.com

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