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Andrés Miguel

¡Que patenten otros!

Investigadores de la Universidad de Valladolid han conseguido recuperar los compuestos aromáticos que normalmente se eliminan al producir cerveza sin alcohol, para añadírselos posteriormente y mejorar el sabor de la cerveza “sin”. Ojo al parche… ¡Investigadores de la Universidad de Valladolid! No de la Universidad de Wisconsin ni de alguna de esas perdidas por Irlanda, Gales o Alemania, donde usan la cerveza hasta pa´lavarse los dientes. Nada de eso, investigadores de la UVA… con dos coj

Eso es una investigación, sí señor, y no la de los protocolos del ébola.

 

Ya sabía yo que en España, pa´lo de investigar, éramos la repanocha; lo que pasa es que somos poco conocidos y un poquito lentos a la hora de registrar los inventos. Se conoce que descubrimos lo de la cerveza, pillamos una cogorza de espanto haciendo pruebas, nos ponemos chulitos, se nos va la lengua y se nos adelanta un pirata con la patente.

 

 

Tengo ejemplos:

 

Ramón Varea, gallego currante (lo digo por gentilicio, ya que nació, el colega, en la localidad pontevedresa de Currantes), fue el inventor de… a que no sabes qué… ¡de la calculadora! Bueno, Ramonciño inventó un artefacto que pesaba 26 kilos y que solo hacía las 4 operaciones aritméticas más esenciales (pa´los de letras: sumar, restar, multiplicar y dividir), pero fue un suizo, Otto Steiger, el que, basándose en el invento del gallego, patentó la primera calculadora al objeto de lucrarse con fines comerciales. El gallego falleció, como suele ocurrirle a muchos genios, en plena indigencia, allá en la Buenos Aires de 1.899 y sólo los Servicios Sociales se hicieron cargo de sus restos. Si tienen que cargar los tíos también con la calculadora, lo entierran allí mismo en una cuneta con el chisme y todo.

 

Otro gallego, Alejandro Finisterre, inventó el objeto al que más tiempo le han dedicado millones de estudiantes desde que se comienza el Bachillerato… ¡¡¡El futbolín!!!

 

Je, je… ¡Qué grandes mañanas en el bar Venecia, al lado del  Insti, haciendo pellas y poniendo nuestro honor en juego en interminables campeonatos mundiales de futbolín! ¡Mundiales, sí! ¡Allí jugábamos, España contra Italia, dos españoles, Ramón y yo, contra 2 extranjeros, el Ita y Mariano Lanza! Bueno, el Ita era de Pedrajas, pero su padre era de Italia, exactamente de Lecce… entera, supongo… y Mariano Lanza era más del pueblo que yo mismo, pero no me dirás tú a mí que no tiene nombre, el tío, de cantante italiano de tarantelas. ¿Te atreverás a insinuar, siquiera, que eso no era un partido internacional? Es más, a veces se apuntaba Chema Charín, que era del Barça y presumía de hablar a menudo con Josep Lluis Núñez, pero hay que reconocer que, por aquel entonces, los chicos del Barça no se consideraban aún de otro país.

 

Nota: Conste que este párrafo es una pequeña alteración de la realidad, una metáfora, una imagen literaria… sepa mi madre que no falté ni a una sola clase, como bien acreditaron todos los cincos que saqué en la mayoría de las asignaturas importantes. ;-)

 

En fin, que me distraigo… Al pobre Finisterre, camino del exilio hacia Francia, en los inicios de la Guerra Civil española, los papeles con el diseño se le perdieron y, cuando quiso darse cuenta, ya había patentes del mismo juego en otros países. Pese a ello fue capaz de ganar algo de dinerillo con el invento que, sin embargo, no ha sido nunca reconocido como obra primigenia suya.

 

Son dos ejemplos pero podría poner muchos más…

 

Qué nos falta. Tenemos los investigadores, las ideas chorra, las ideas buenas, poca pasta pero bien utilizada (cuando no se la queda algún desvergonzado), tenemos el ingenio, la chispilla que le falta a los alemanes, que sólo inventan cacharros de 3 toneladas…. el puntito que no tienen los ingleses, siempre tan petulantes, tan hinchados de ego, (¿quién iba a inventar, sino un inglés, la máquina de vapor?... Tenemos la magia.

 

Nos faltan las ganas de comernos el mundo. Nos sobra el ratito de la siesta que, en nuestro espíritu, en nuestra forma de ser, se corresponde con un “bueno, no todo va a ser trabajar, vámonos a tomar unas cañas, que también tiene que haber sitio para disfrutar”. Nos falta verdadero apoyo institucional y privado, verdadero sacrificio personal, constancia. Nos sobra politiqueo, merchandising y chuminadas…

 

Una de las mejores ideas que he visto realizadas en los últimos años es la creación de Bancos del Tiempo. No tienen demasiado éxito, si bien han incrementado su utilidad con esta crisis de la que seguimos sin salir. Te invito a buscarlos en internet, a informarte y, por descontado, a tomar parte activa en ellos.

 

Otra gran idea es la puesta en marcha de algunas asociaciones, sin ánimo de lucro, en las que con carácter voluntario, profesionales cualificados jubilados, prejubilados o en activo, con espíritu altruista, ofrecen su amplia experiencia y su vasto conocimiento en gestión empresarial a quienes están pensando en montar un negocio propio o necesitan darle un vuelco al día a día marchito de sus empresas.

 

No se trata de grandes inventos, pero tengo la seguridad de que son excelentes herramientas que, en su justa medida, mejorarían la vida de muchos ciudadanos, generarían muy diversos tipos de riqueza, no solo monetaria, que también , y nos conformarían como una sociedad más justa, solidaria y preparada.

 

Lo malo es, me temo, que como en los inventos de Varea y Finisterre, las patentes y el beneficio se lo van a llevar otros.

 

 

 

 

 

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