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SpeaKers Corner

Andrés Miguel

Ande güiner is...

Me pregunto mucho qué haría si resultase ganador de una Primitiva por una porrada de millones, qué pasos daría, qué sería de mi vida y de la de mi familia si me cayeran de golpe, por ejemplo, 50 milloncejos de euros (que ya no son 50, porque se la ha ocurrido al ministro tocarme las pelotas hasta en los imposibles y le ha metido un impuestazo a los premios de las loterías, ¡habrase visto!).

Y digo yo que, dado que los “líderes naturales” tenemos el intangible ése de prever el futuro y de anticiparnos a los acontecimientos, más me valdría ponerme en serio a pensar en ello, no vaya a ser que, cuando me toquen, del “sorpasso” no sea capaz de decidir qué hacer con tanta pasta. Y si no me pasa a mí, que está por ver, pues igual le pasa a Vd., querido lector, y ya tiene justificado el rato improductivo que ha dedicado a leer este artículo (si es que lo hace desde el curro, así como de extranjis).

 

Así que al tajo... que no es el río…

 

Primero de todo, téngalo por seguro, acudiré, disimulando las prisas, al primer gran banco que me encuentre cerquita de casa. Tiene que ser necesariamente grande, con muchas oficinas, con presencia en cientos de países, que si me da por viajar alrededor del mundo y en un momento dado me quedo sin calderilla, pues necesitaré de una oficinita donde hacer un reintegro, ¿no? Imagine que estoy esparrancado, con mi churri, en una playa paradisíaca de cualquier lugar por ahí perdido de la mano de Dios y tengo que darle la propinilla al asistente... ¿qué hago? Pues hay que tener “cash”, como decía Ruiz Mateos, que el cash lo es todo (si no lo tienes, pues emites pagarés al 5% y te pagas unos caprichitos... ya lo devolverás… quizás). Un tipo como yo, el tío de los 50 millones de euros menos el impuesto, no puede estar pendiente de encontrar un cajero... ¡Digo yo! ¿no?

 

Desaparecer es también cosa necesaria en estos casos. Sé bien que, aunque te cueste, debes olvidarte de tu pueblín, de los viejos amigos de la escuela, de la peña taurina y del grupo de pádel. Lo sé. Hay que largarse donde nadie te conozca, o donde, aunque te conozcan, tus vecinos tengan tanta pasta que no necesiten pedírtela a ti. En cuanto se enteren en el pueblo que eres el panoli de los 50 millones menos impuestos, hay cola a tu puerta, fila de asociaciones de lo más diverso cogiendo la vez, desde las defensoras de los bailes regionales hasta los amantes de las ranas saltarinas, hurgándote en el bolsillo con lagrimita incluida si hace falta.

 

Y no hay que olvidarse del aspecto político. Estoy sobre aviso. Imagino, sin necesidad de que me lo anticipen, el plan que va a explicarme personalmente el propio alcalde de mi localidad, mi buen amigo Alfonso, al que no pude votar porque me fui de excursión ese día… como el 55% de los españoles… en el que se incluye el proyecto de ponerle mi nombre a una calle, eso sí, en cuanto afloje la tela suficiente (que, por suerte, deduce en Renta) para hacer una playa de arenas cristalinas en la orilla del Eresma, el museo del piñote, un parque infantil con montaña rusa, un apeadero para autocares siguiendo un diseño de Calatrava y asfaltar cuatro calles (vamos, las cuatro calles del pueblo).

 

Sé que es difícil, que desaparecer es difícil, que largarse dejando allí a la madre de sus hijos es duro... pero piénselo, ni siquiera es sangre de su sangre...

 

En cuanto a los hijos expresamente... lo que yo haría es llevármelos conmigo... ¡ni de coña dejarlos con su madre! ... será complicado convencerles, porque le tienen algo de aprecio a esa bruja, pero ¡Vamos! ¡Es cuestión de pasta, seguro! ¡Se cierra un acuerdo con ellos, venga, vale, te compro el coche... y marchando! ¡O revuar!

 

Con todas estas prisas se me ha olvidado lo del trabajo.

 

Hay que despedirse elegantemente del trabajo, dejar un buen recuerdo con tu marcha, despedirte de tus queridos compañeros de faena. Cómo hacerlo sin herir susceptibilidades no es cosa sencilla. Propongo un modo:

 

  • Te presentas en el despacho de tu jefe de Recursos Humanos a las 08:00 h. (es pronto, sí, pero disfrútalo, es el último día que madrugas).

 

  • Le entregas por escrito una cartita en la que ponga, en letras de imprenta, bien escrito, en arial black 68: “ME LARGO”.

 

  • Te das la vuelta y que le den por saco.

 

  • No hace falta que pidas ni el finiquito.

 

Igual no es la forma que más se ajusta al convenio laboral, pero no va a dar lugar a equívocos, seguro. Y si el de recursos tiene alguna duda en la interpretación, pues que consulte a su secretaria.

 

Acaso te preguntes qué va a ser de la hipoteca... no la canceles... desgrava. Y siempre es un recurso para evitar pedigüeños... “Puff, no sabes lo que debo aún; estaba pensando en pedir una carencia”...

 

Dónde situar tu nueva casa suele dar quebraderos de cabeza cuando te pones a pensarlo. El sitio debe reunir las siguientes características: que tu mujer no pueda descubrir nunca que estás allí, que no llame mucho la atención, que los impuestos sean bajos, que haya en qué divertirse cerca y, a no más de 50 Km., que exista un aeropuerto (para que tu choferesa no pueda retrasarse mucho entre idas y venidas, que un tipo con pasta no espera, le esperan a él).

 

En mi caso, además, que tenga playa... lo necesito... es así... igual que hay gente que no puede vivir sin el Canal + o sin la procesión de Semana Santa, yo no puedo vivir (recuerde que soy el de los 50 millones menos impuestos) sin la playa a los pies de mi casita... ¡hay que ver, lo pijo que se vuelve uno cuando le toca la Primitiva!

 

He estado mirando en gugelmap y he visto un par de lugares maravillosos a los que puedo largarme. No sé si hablarán castellano, pienso que sí, porque uno era de México.

 

Una vez allí, en mi casita, con mis hijos, mi alarma verisure (pagada, no sólo puesto el cartel que te ha dejado un primo), mi precioso personal de seguridad, mi cocinera, mi jardinera, la asistenta, las profesoras particulares de los niños, la mecánica del Jaguar y la capitana del yatecito, pues ya veré que voy haciendo...

 

Pufff... joer ... llevo 20 minutos siendo multimillonario y ya echo de menos la tortilla de patata de mi señora... estoy de jalapeños hasta los huevos... va a ser mejor que no me toque...

 

Nota al final… no por eso menos importante:

 

Casi todo esto, menos lo del impuesto, es broma, pura diversión… lo digo por si lo lee mi señora…

 

¡¡Chuuuurrriiiiii…. Que era broma!!

 

¡¡Aaarrrgggg… ¡!! ¿es que no había una sartén más pequeña?

 

¡¡Llama a una ambulancia!!!

 

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