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SpeaKers Corner

Andrés Miguel

A better place

http://www.playingforchange.com/episodes/a-better-place/

La música me traslada a un lugar mejor, sin agresiones constantes, sin prisas, sin déficits energéticos, sin euribors, sin Grexit… La música es una de las mejores medicinas jamás inventada, si no la mejor. Si lo necesitas, tiene efectos calmantes; si, por el contrario, estás “como ploooff”, la hay con rápidos efectos vigorizantes.

Te digo una cosa, si hubiese música de fondo en el Congreso, a este país le iría mucho mejor, y no porque amanse las fieras, que también, sino porque facilita el desarrollo cognitivo y favorece lo relacional, cosas de las que muchas veces parece carecer nuestra jarca mora gobernante y los de la oposición, sean quienes sean unos y otros.

 

La música acompaña nuestras vidas desde que nacemos. ¿Alguien lo duda?

 

Pongamos un ejemplo:

 

No sé si mi padre cantó de alegría el día en que nació su primer hijo, pero estoy seguro de que mi madre lo hizo... ¡del gusto de echar pa´fuera los 5 kilos y 600 gramos de hombretón que yo era entonces! No te digo más que todos los clientes que tenía mi abuelo en el bar Meysa, además de la mitad de los habitantes de Olmedo, subieron a la habitación para ver al muchacho. ¡Qué espectáculo! Tuvimos tantas visitas que el Circo Price quiso contratarme para hacer pareja con la mujer barbuda... hubiera sido un exitazo, sin duda.

 

Me recuerdo en la escuela cantando la tabla de multiplicar; no se me daba mal... porque llegué hasta la del 9... alguno de los que conozco en mi pueblo, salieron de la escuela sabiéndose sólo hasta la del 5, que es un número que, como todo el mundo sabe, tiene una rima muy mala. Yo no pasearía tan ufano por Pedrajas si hubiera acabado la EGB sólo sabiéndome hasta la del 5, te lo aseguro.

 

Conocí a mi señora cantando zarzuela… bueno, vale, reconozco que era en playback, pero a mí se me oía por encima del disco y por eso llenamos el Cine Avenida 3 veces y nos contrataron para hacer unos bolos en el Madison Esquargarden de Pozaldez.

 

Mal que me pese, he dado el cante en numerosas ocasiones. Aquí no voy a extenderme porque no hace falta.

 

Me pongo los cascos todas las mañanas pa´escuchar lo que me place entre las 1.825 canciones que me he descargado al Iphone... legalmente, claro, como todos los españoles.

 

En el trabajo tenemos hilo musical. No es que sea una fiesta, pero acompaña. Incluso he pillao el canal de villancicos en inglés y así practico, en Navidades, la lengua de Sespir (sé escribirlo bien, cretino, pero no me da la gana porque es muy largo).

 

Y estoy pensando que, cuando palme, me dejen los cascos puestos pa´estar un poco entretenido y que no me molesten el montón de pelmazos que debe haber allá arriba sin hacer nada en to´l santo día.

 

Ahora en serio.

 

He descubierto esta semana un proyecto musical que se llama Playing for Change (Tocando por el Cambio... ¡que se noten los cursos en Vaughan!). Lo que fue originariamente una manera de conectar a gentes de todo el mundo a través de la música, hoy es una fundación que ha creado escuelas de música en países del tercer mundo y que ayuda a todas esas gentes a disfrutar de una vida mejor.

 

Han puesto en marcha varios formatos de colaboración y han editado varios discos, increíbles, recogiendo la participación de músicos callejeros, grupos desconocidos y otros artistas, todos ellos gentes con talentos impresionantes.

 

Confían en que, a través de la música, seremos capaces de hacer un mundo mejor, más igualitario, donde reinen la libertad y la justicia. ¡Me da que nos va a costar un tiempo… 30 ó 40 siglos!

 

No obstante, en el camino, van a despertar cientos de emociones, estoy seguro, y cada día habrá nuevos convencidos de que, a través de la música, un lugar mejor para todos es posible.

 

Puede que no. Lo admito, no tengo demasiadas esperanzas, pero sólo desearlo me ha alegrado el día, la semana entera.

 

Curiosamente, ahora escucho más atentamente a los muchos músicos que se apostan en las calles de nuestra ciudad. Antes pasaba mirando hacia otro lado.

 

Los hay con enormes cualidades, en serio, bueno, todos menos uno, Dios me perdone. Hay uno que suele ponerse en la  calle Santiago y en el Paseo Zorrilla a tocar la guitarra, que me produce dolor de cabeza. Cuando yo trabajaba en el centro le llamábamos "BB King". Cuanto más toca, peor. No sé si lleva muchos años ahí porque gana mucho o porque gana poco… Pa´que veáis que no soy egoísta, a Dios le pido que le toque una primitiva y se vuelva a Yugoslavia. ¡Pronto!

 

Todos ellos, menos éste, hacen de nuestra ciudad un mejor sitio, te lo aseguro. Acuérdate de ello cuando pases a su lado.

 

Me voy de vacaciones; nos vemos a la vuelta.

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