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Salamanca en blanco y negro

Paula Martín
Blog de Paula Martín

Unos van... otros vienen

El éxito a veces tiene una doble cara. Me explico: cuando tú llegas a un objetivo que te habías marcado con un equipo, otros te están observando para que después de ello te incorpores a su equipo para conseguir ese mismo objetivo u otros más altos.

Por ello, tras una gran temporada de éxito, se producen muchos ‘adiós’ y no quiere decir esto que el equipo al que uno se va sea mejor que el que deja, simplemente es el ansia de comprobar si en otro lugar, con otros compañeros, también sería capaz de conseguir esos objetivos. Eso ha pasado en el Atlético de Madrid y en un ejemplo mucho más cercano a nosotros: el Club Deportivo Guijuelo.

 

A veces no entiendes que algunos jugadores decidan marcharse, que emprendan rumbo hacia un lugar que desconocen y sin saber con lo que se van a encontrar. Quizá a nuestros ojos sea una locura, pero en los suyos está la ambición de conseguir más retos que anotar en el ‘curriculum vitae’.

 

En sus casos no hay demasiado tiempo para pensar, las oportunidades son únicas y el tiempo es limitado porque la vida profesional de un futbolista es demasiado corta. Por todo esto me sorprende cuando algunos hinchas queman camisetas de aquel que ha sido su ídolo durante muchos años.

 

Puedo entenderlo cuando se marcha al máximo rival (porque eso sí se puede considerar traición) y quizá ni por ello… Porque aunque para nosotros nuestro equipo sea el más maravilloso del mundo, para la mayoría –siempre hablando generalmente- solo es un lugar de trabajo más. Ellos no aplican sentimientos en su trabajo…

 

Sí es cierto que pueden cogerle cariño a una afición, pero es muy difícil que sean totalmente del equipo en el que juegan… Y es que hay que entender que, a fin de cuentas, es su trabajo y si lo aplicas a la vida cotidiana, a ti a veces te ha tocado trabajar con un jefe que detestas, pero tienes que hacerlo porque es mejor para ti, para tu trabajo, para tu bienestar económico, etc…

 

Ahora bien, me molesta que obliguen a algunos jugadores a marcharse a un equipo que no quieren simplemente por intereses económicos que, a veces, no corresponden ni al propio equipo en el que jugaban. Me viene a la cabeza Falcao, por ejemplo.

 

En resumen, que es muy cierto aquello de “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Unos van y otros vienen. Unos son mejores y otros peores. Unos enamoran y otros decepcionan. Y esto es el fútbol: una montaña rusa de emociones y un desfile de jugadores.

 

“Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia”. Paulo Coelho.

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