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Salamanca en blanco y negro

Paula Martín
Blog de Paula Martín

Si es cuestión de confesar, Preciado era un fenómeno

Podría hablar de los últimos partidos demasiado irregulares y lejos del buen juego de la UDS, de la mala suerte que tiene el Guijuelo cada fin de semana, de las bajas que se han dado en la Unión (mucha suerte para todos) o de que nos queda una segunda vuelta llena de sorpresas, seguro. Pero no lo voy a hacer. He decidido hacer un nuevo y humilde homenaje para el que es, bajo mi punto de vista, una de las mejores personas y entrenadores que el mundo del fútbol español ha tenido el gusto de conocer: Manolo Preciado.                                                                                                   

No es el primer ‘homenaje’ y tampoco el segundo, pero es que este fenómeno –que diría otro grande de este mundillo-, merece todos los homenajes que se le puedan hacer.

 

Esta semana he empezado a releer el libro que escribieron Javier Barrio Iglesias y Carlos Andrés Llamas sobre Preciado y tengo pendiente comprar el de Rubén Díaz Méndez. Y la verdad, me reafirmo en que Manolo  Preciado es uno de las personas más ilustres que ha tenido y TIENE el fútbol español.

 

*Todas las frases son recogidas del libro “Mañana saldrá el sol” (escribieron Javier Barrio Iglesias, Carlos Andrés Llamas):

 

“Si alguien va a apostar por ellos (los canteranos), es el que está aquí sentado”.

 

Preciado es grande por muchos motivos, pero sin duda este es uno de ellos. Cuando se fijaba en algún jugador era porque poseía algo especial, seguramente algo que no podría ver cualquiera. Manolo tenía un ‘radar’ especial para esto.

 

Cuántos deberían aprender en este aspecto –y en todos los demás- de Manolo.

 

 “Voy a estar dando saltos hasta las cuatro de la mañana, porque las sensaciones que uno lleva dentro son para exteriorizarlas”.

 

La característica más clara de Manolo era su expresividad. Y eso le hacía un entrenador todavía más grande. Vivía el fútbol como nadie lo hacía, respondía a todo de forma clara y coherente, pero sin buscar protagonismos. Manolo era una estrella que brillaba a plena luz del día y en la oscuridad, aunque él no quisiera serlo. Un tipo humilde, pero especial.

 

“Le dedico este ascenso a tres personas: a mi hijo y a su madre, que ya no están con nosotros, pero seguro que han apretado desde ahí arriba como dos sportinguistas más y a Quini, que es una persona maravillosa”.

 

Lo escuchas, lo ves o lees lo que dice y entiendes por qué tantas personas querían a Preciado. Creo sinceramente que hay muchos tipos de personas, pero que él era una ‘especie en extinción tan real como la vida’ –que dice El Sueño de Morfeo-, muy querida por ser precisamente así. No había ni habrá más personas como él. Los grandes no se repiten, se recuerdan eternamente.

 

“Esto es como el colegio, porque por la mañana todos estaban cambiando cromos de jugadores y tuve que llegar a las diez y media para decirles que ya se había terminado el recreo”.

 

Contaba con canteranos, devolvió la ilusión al sportinguismo y además hizo que renaciera en sus futbolistas esa parte infantil que nunca perdemos para disfrutar aun más con el fútbol y conseguir los objetivos marcados. Esto también le hacía diferente al resto. La motivación es esencial en el fútbol y para eso Manolo siempre fue un maestro.

 

“Debemos cerrar los ojos y sentir lo que tenemos al lado y, mientras nos quede un último  aliento de frescura y fuerza, tenemos que darlo todo por la gente que nos sigue. Es cierto que nos jugamos nuestra profesión, nuestro futuro y nuestro dinero, pero aunque no existiese nada de eso deberíamos hacer un sobreesfuerzo por lo que vemos a nuestro alrededor y lo vamos a hacer”.

 

Llevaba el optimismo por bandera y eso no era fácil teniendo en cuenta cómo fue su vida. Por todo esto también es un ejemplo.

 

Dejó un legado importante en el fútbol, un increíble recuerdo para todos los que le conocimos y aun más para todos los que compartieron grandes momentos con él, hizo que el sportinguismo se ilusionara de nuevo, llevó al Sporting de Gijón muy alto y nos dejó una frase que creo que nos hace crecer a todos como personas: “mañana saldrá el sol”.

 

La vida terminó siendo injusta con él. Otra vez. Pero, ¿saben?, nadie muere mientras permanezca su recuerdo. Y es precisamente eso lo que hace ETERNO a Manolo Preciado.

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